 Creo que las imágenes hablan por sí solas, pero no cuentan todo ni mucho menos, en el día de ayer se estrenó una obra de teatro en tres actos, o cuatro o cinco, jajaja. El día arrancó con un programado de un modo bastante riguroso: a las 10:30 teníamos Jorge y yo cita en casa de Txetxu y Rebeca para montar un armarito de IKEA, un trabajo sencillo. Así que poco antes de las diez salí bien aseado y bien pertrechado de mi atornillador pequeño y mi martillo pequeño, el de toda la vida; y en el 40 me dirigí a La Peña. Lo mío con la puntualidad es muy «Zubi», siempre llego antes de la hora de la cita; este sábado fue el caso. En fin, no me voy a extender en este prólogo del día, esta toma de contacto, este precalentamiento vital. Antes de comenzar el montaje estuvimos bajando las tablas del anterior armario, que los chavales habían dejado en el pasillo bien apiladito. Y al lío. Se nos dio bien, a eso de las doce y pico ya lo teníamos montado y todo bien equilibrado y ajustado; un éxito, un clamor del público asistente. Nos merecíamos la comida reservada en la cervecera... Sobre las dos nos reunimos todo el famulio alrededor de tres mesas, cómodamente. Las hermanas llegaron con Lola debidamente instalada en su carrito de bebé; la leche, pero muy cómodo la verdad. Bebida; x jarras de cerveza. Comida; un codillo (1); un pollo y un medio pollo (1 ½); patatas (2); pimientos fritos (2); ensalada normal(1); bolas de chocolate caliente (2). El segundo acto se inicia recorriendo la margen izquierda desde La Peña hasta el Muelle Marzana, haciendo fotos y risas; un poco pedetes ya, claro. Allá llegamos y allá nos instalamos en un garito que bramaba música de AC/DC, una cosa loca, EL Vintage Trouble. Aún así allí cayeron Aperol Spritz, gintoni, mojito, pisco soul, cerveza; para empezar, y para seguir una ronda de cervezas. Pero nos hartamos del volumen excesivo y cambiamos de garito, unos metros más allá, más hacia el Puente del Arenal. Y en esa terraza ya sí hicimos la tarde ribereña; montón de cervezas y muchas risas; como nota a recordar, la pareja de argentinos que nos amenizaron con violín ella y guitarra curiosa él, con sus canciones pegajosas pero lindas. Cuando nos cansamos de planchar allí el culo nos cambiamos de margen, para pasar e visitar dos garitos del Casco Viejo, el Basaras en la calle Pelota y el de las croquetas en la calle Santa María. En el Basaras cayeron pinchos ricos, yo me trisqué una felipada; en el otro un mini cachopo medio bien (ese garito siempre me ha parecido un quiero y no puedo, pero en fin...). En ese punto Raquel y yo nos despedimos: yo insistí en que pasáramos a ver cómo iba la cosa del Festival de Blues, que es gratis y de fácil acceso en el Arenal. Y esto es otra historia... |