 Y el viernes se lió la cosa; pero a última hora y por circunstancias imprevistas. Durante la mañana todo transcurrió dentro de unos cauces conocidos y sin sobrepasar límites éticos, jaja.
Secuencia. Sesión con Maite para poner en funcionamiento las piernas, bastante a tope. Sesión en PC de bitácora y fotos arregladas con esmero. Un lijado de uñas de los pies, un corte de pelo, una ducha reconfortante y una aplicación de crema de lucha contra los hongos de las uñas. Todo en orden, bien vestido, dispuesto a salir al mundo. Pase por el BM para hacer acopio de víveres; compro muslitos de pollo y pimientos del país para estrenar la Air Fryer; y compro vino y compro cerveza y compro un montón de cosas más. Antes de pasar por la frutería me desvío de la ruta para holgazanear un rato donde Karim con mi ración de tortilla y mi vasito de cerveza tostada; también le cojo un sandwich para Raquel. Tabaco en el estanco. Donde Eguskiñe compro patatas, cebollas y tomates. Subo a casa y bajo de nuevo y repito la jugada un par de veces; vuelvo al BM: he olvidado comprar avena para la nena; voy a Telenécora a comprar un par de botellas de Godello; el último viaje es para depositar basura en el contenedor.
Tachón hace una aparición fugaz para llevarse la bombilla que le compré para mejorar la iluminación de la nueva tulipa. A ver.
Air Fryer. Raquel se pone manos a la obra con el estreno de la máquina de hornear por aire. Ha elegido unos muslitos de pollo para probar y le quedan muy bien. También hornea pimientos y patatas; los pimientos quedan perfectos, las patatas no tanto, pero no mal.
Y venga vinitos blancos y todo muy divertido. Butaca, cama, descanso. A media tarde nos mensajean Txetxu y la Rebe: vienen en metro al barrio, a enseñarnos los tiradores que han comprado para el armarito que les montamos hace unos días; tenían una cita esta tarde en IKEA, en la sección de armarios, para diseñar el mueble que quieren montar en el cuarto pequeño. Quedamos en la plaza del Hamilton, en la Taberna Karmelo. Nos triscamos cuatro Alhambras, así, sin darnos importancia. Ya ha anochecido cuando la parejita se va a su barrio; nosotros aún tenemos correa y ganas de fiesta, así que nos derivamos hacia «la zona». El resto es historia; incluso echamos unas partidas a una máquina de petacos, jajaja, muy guay. De regreso a casa continuamos de fiesta hasta más allá de las dos o las tres. El despertar es otra historia...
|