 Maite brazos a tope. Desmontaje de lo de cubrir los tubos del aire acondicionado para comprobar estado y fugas. Hay un roto en el tubo, justo en el codo antes de penetrar en la pared. Ducha y afeitado. A Pereda a por un tubo nuevo de 3 metros, bolsa de 4 acoples y 2 abrazaderas. Cuando estoy en el umbral de Pereda suena el móvil: Resonancia Magnética de IMQ, para darme cita el próximo 21 a las ocho menos cuarto, en un local que tienen en General Eguía (pendiente de situarlo en mi mapa mente). Colocación de tubo y empalme. Sobre las 11:30 se deja a la vista con papel para observar goteo y se enciende el aire acondicionado. 12:00. No hay gotas. 12:20. Hay un par de gotas. Se impone buscar otra solución. Estoy valorando usar la pistola de aire ardiente para reblandecer el tubo grueso para poder introducir en él el tubo viejo que es más fino. En teoría es una opción posible y viable; ya se verá cuando la ponga en marcha. 12:35. Estamos esperando a la camarilla. Hoy a plan de comida en el hindú de Uribitarte, el Indian Town; madre mía, qué dios nos coja confesados. Y después de comer... paseo en barquito por la ría... ¡¡¡a tope!!! jajaja.
[sigo esto a media tarde del día siguiente] La movida arranca suavemente sobre las 14, cuando bajamos a la calle al encuentro de Ima y Pe. Por Iturribide nos encaminamos hasta la orilla de la ría y hasta el... Indian Town. Inicio. En un primer momento se nos acomoda en una mesa en una zona sin aire acondicionado, en la que no se podía casi respirar. Y pudo ser que alguien del servicio se diera cuenta de lo mal que lo estábamos pasando, el caso es que una muchacha camarera nos sugirió otra zona más fresca; nos levantamos como impelidos por un resorte y para la zona fresca que nos fuimos; sabia decisión, la cosa comenzaba a mejorar. Indian Town. Llega la hora de pedir comida. La ima se pone en modo Ima y eso no suele traer buenas consecuencias; así que yo opto por ponerme en plan serio y no le permito que se apropie de la situación y que imponga su manera maleducada de conducir esos momentos; a Ima le importa bien poco comer bien o mal, a Ima le importa lo fundamental para ella: convertirse en el centro del espectáculo y erigirse en paladín de sus mierdas y tal. En fin que no le dejo tomar las riendas y elijo yo el menú, a pesar de Ima que se empeñaba en decir «que pida Raquel que es la que sabe» y esas mierdas, repito. Indian Town. Unas verduras rebozadas con salsas variadas a petición de Raquel. Un mix grill que fue el único empeño de la Ima que dejé pasar. Unas gambas con salsa roja como la sangre selección de Pe y un pollo en otra salsa más roja aún (¿tikka masala?) que fue cosa mía. Un arroz basmati decente también cosa mía. Dos o tres rondas de tercios La Salve. Pagué yo: 80€; con la común obviamente... plan de la camarilla se costea a cuartas, faltaría más. Fin del Indian Town.
Comienza la función marinera. Hay un previo en una terraza en Uribitarte para añadir una dosis de alcohol y hacer un poco de tiempo hasta la hora del embarque, las 16:45. Raquel y yo nos pedimos y unos cafés con hielo y copita de Baileys; Ima y Pe, gintonis. A trancas y barrancas conseguimos embarcar a Ima, que ya estaba en modo payaso borracha dando el cante y comportándose fatal. Vaso de plástico en mano sube la Ima al barquito y los cuatro nos acomodamos en el interior, pues la cubierta superior ya estaba llena: las ventajas de ser de los últimos en subir al barco (así es la camarilla, un desastre del humor). Pero a mí la perspectiva de estar allí sentado escuchando cómo la Ima iba subiendo el nivel y el volumen de sus bobadas, a mí me pareció que no merecía la pena el esfuerzo y me levanté para salir a la proa sentir la caricia de la brisa fluvial. Como es de esperar me siguen los tres; pero bien. La travesía transcurre sin incidentes reseñables, si no ponemos el foco en la verborrea sin gracia de la muchacha de Arrankudiaga, en sus voces molestosas, en sus gracietas sin gracia, en todo en fin. El barco termina su trayecto, un ir desde Uribitarte hasta la punta norte de la Isla de Zorrozaurre, y un volver al punto de partida; son algo así como las seis y madia. Toca tomar unas cañas y regresar al barrio, cada mochuelo a su olivo.
Fin de fiesta. Cañas en The Beetle, con risas a cuenta de un morito con TV Cecotec bajo el brazo haciendo negocios, con risas variadas. En esos momentos en los que el alcohol impone su ley, ya todos comenzamos a hacernos notar y eso trae como consecuencia que el protagonismo de Ima decae mucho mucho, y la función toma por fin un derrotero divertido y relajado, aún cuando la muchacha cada poco haga intentos de retomar el relato y la música, pero fracasando. Otra caña en Solokoetxe, alrededor de una mesa en el Maite. Y una última caña en el Bar Txirri, ése en el que nunca habíamos estado plimplando. En la entrada del garaje de Ima y Pe nos despedimos; con ganas lo reconozco, pero por lo menos tengo que decir que la cosa se enderezó bastante a partir del desembarco, menos mal. Plan con Ima por el mundanal mundo es garantía de cantes por doquier; es lo que hay. |