 Rebeca cumple 41 años hoy, es ya una mujer de mediana edad, aunque duela. Mañana está prevista la jamada festiva para celebrar, está previsto montar el sarao en nuestra casa, para mayor comodidad de los participantes. De todo ello ya informaré en su entrada correspondiente; ahora sencillamente hablaré de las horas de un viernes entre festejos y devaneos. A primera hora nos entregamos al crujir de los músculos abdominales, al sufrimiento con sentido, eso parece. Es media hora y menos mal, jajaja. Me ducho, organizo mi macuto hidrocompacto, pienso el plan, lo esbozo, y salgo con los auriculares instalados en mi cerebro para hacer un intento intenso de adormecimiento pensante. El día acompaña: se puede afirmar que moverse en bermudas y manga corta es el mínimo aceptable para poder asegurar que no se está pasando frío. Pero muy bien. Ascensores de Solokoetxe, puente del Arenal, Gran Vía hasta Moyua, media vuelta y 3ª planta del Primark: nada despierta mi interés, así que me las piro a la calle y emprendo regreso a casa por un itinerario semejante: puente del Ayuntamiento, ascensores de Solokoetxe; en este punto me detengo en la frutería, son necesarios algunos elementos, que adquiero, sonrío y me las piro también de ahí. Esto da comienzo al tronco diario de las actividades de supervivencia; adelante pues. Subo las verduras a casa, doy unos besos a Indi, un poco de pechuga de pavo también, y a la calle de nuevo, esta vez con carrito... Pase rápido por el BM a comprar muslitos de pollo, 4 botellas de sidra, un paquete de 8 cervezas Estrella Galicia, leche, queso fresco y "eso" que no recuerdo. Sin pausa dejo todo en casa para que al menos los muslitos estén disponibles para su inminente marinado, y regreso con carrito a las calles... Pase por el LIDL: latas de bonito y sardinillas, dos paquetes de cerveza Málaga de 12 latas cada uno, spray antigrasas KH7, bolsas de basura, champiñones de los gordos y "eso" que tampoco recuerdo. De regreso a casa me detengo donde Karim para reponer energías con un pincho rico de tortilla de patatas y un zurito tostado; se está dabuti apalancado en esa silla que pone sus patas traseras sobre el petrel de la pared para inclinar el cuerpo con estilo y comodidad sobre la mesa de aluminio en la que reposan el plato, el vaso, el móvil y el cenicero; el momento mágico del amarretako. Tabaco en el estanco y damos por finalizadas las cosas del avituallamiento. En casa repica la campana que anuncia los tiempos del comer y el beber. La Air Fryer está revolucionando los escenarios de nuestros mediodías, los guiones; pero las reglas del juego no cambian y nos triscamos una botella de Godello como si tal cosa, y un antes de ello también caen con estrépito tres o cuatro latas de cerveza, jeje, jaja. Comemos los muslitos acompañándolos con una ensalada de lechuga, rúcula y cebolleta. Muy correcto todo; quizás la próxima vez que guisemos muslitos sería interesante darles un poco más de tiempo de cocción para mejorar las partes internas, ya se sabe. Raquel se larga a media tarde a dar un voltio al Corte Inglés, yo me tiro en la cama. El resto es lo clásico: me levanto para atender mis obligaciones hogareñas, para que coma algo el gato, para recoger la cocina, vaciar el lavavajillas, adelantar la preparación de la cena, y tal. Regresa Raquel pasadas las ocho, y viene decidida a cocinar la cena: tortilla de calabacín, pimientos y cebolla, reblandecidos en el minihorno. El resultado es un poco ful, la próxima vez mejor que haga más las verduras, sin más. Limpieza bucal y al sobre a ver a Pickman liándolas pardas, jajaja; esta noche visitan por primera vez "Pollos Hermanos"... |