 Este día no he salido de casa, de tan ocupado y relajado que me he estado. Sí tenía pensado hacer una salida a comprar al BM y en ese plan (zumo de tomate por ejemplo), pero se me ha interpuesto Terín al llamar a Raquel para informarle de que «estoy en las últimas».
Obviamente mi Raquel se ha preparado de súbito y ha salido al rescate. Por cierto, a Terín no se le escapa la vida a consecuencia de alguna enfermedad del cuerpo sino del alma; ni más ni menos. Raquel ha regresado al cabo de casi dos horas con gesto de «no le pasa nada nuevo»; lo que yo decía, sin más.
A consecuencia de esto me he dedicado a las cosas de la casa, en concreto a continuar con las tareas e reordenamiento de los chismes, y hoy le ha tocado a los dos muebles metálicos rojos, la cajonera y el de la tele. Le he dado un repaso importante a ambos muebles. La cajonera la he quitado del sitio en el que ha pasado los últimos años y la he situado junto a la columna y el mueble rojo de la tele (como a juego y tal). He vaciado todos los cajones y los he dejado casi in albis, prestos para otros usos más prácticos en nuestro día a día. En el mueble de la tele el procedimiento ha sido idéntico. Aún quedan flecos y revisiones pendientes (release jajaja), pero voy bien, todo más cómodo. A propósito, también he organizado todos los chismes de costura en una de las cajas verdes grandes, pasando de las cajas tan incómodas que teníamos desde siempre, y tal.
Un día de interiores, práctico y reposado. Durante la tarde, mientras Raquel sale a su clase de Yoga, he atacado pequeñas cosas pendientes; cosas como colocar la cerámica «Despacho» en lo alto del marco de la puerta, en el pasillo; cosas como colocar un cargador de móvil para el móvil de las clases con Maite. |