Vieron todo tipo de objetos dorados, la sala entera estaba recubierta de oro y plata en paredes y techos. En el centro una Mesa de esmeraldas ribeteada de margaritas de oro. Sobre ella unos extraños prismas de cristal emitían destellos de colores en oleadas a medida que les llegaba la luz del candil. Zafiros, rubíes y cristales de cuarzo se iluminaban refulgiendo en el techo, representando las constelaciones de las estrellas con el color de cada una. Todo aquello era la muestra mas exquisita y refinada de la cultura de sus ancestros que habían construido aquella pirámide en la ciudad de KAISEDA. Kaikoko recogió un curioso pectoral de oro con una cabeza de león en relieve, varias estrellas afiladas de plata y un precioso casco de oricalco (cobre, zinc y oro), con incrustaciones de plata y un excelente, además de extraño, diseño. Salieron cerrando la losa, borrando sus huellas y atrancando algún pasadizo, hacia el exterior. -!No necesitarás prestamos con semejante tesoro!- dijo Kaio Ancón, -!Parecerás un rey además de serlo!- añadió su padre. En las fraguas de Kaiseda habían fabricado otros tres carros rápidos de metal copiando el diseño de Kaikoko, y por la mañana salió un ejercito de unos 900 hombres a caballo hacia Sekontos- Sigüenza, su primera parada. Por el camino se encontraron con emisarios de otras ciudades anunciando que se les unirían mas guerreros a caballo provenientes de Segovia, Clunia, Cauca Uxama y Tiermes, en las proximidades de Almazán. Cuando llegaron a Sigüenza, su amigo SEKONTOS, le contó como se habían enterado de que los Pelendones apoyaban al sucesor de Arbiskar y le iban a mandar refuerzos a Numantos. Mientras contemplaban el atardecer Kaikoko tuvo una visión "una espada rasgaba a el Sol cambiando todo". A las 5 de la mañana salieron hacia Almazán, donde les esperaba otro ejercito de unos 1.200 hombres a caballo, junto a los bravos y distinguidos comandantes en activo de aquellas zonas, ataviados con vistosos cascos de penachos o cuernos a modo de insignia. Montaban espléndidos caballos con las crines adornadas, portaban largas lanzas con punta de metal, hachas bipennis y hoces de Inxur o Falx. Sonaron las tubas y se reunieron todos al atardecer para planificar el acercamiento hacia Numantos. ILTIRKESKEN era el hijo de Arbiskar, un bravo y fuerte guerrero criado para gobernar, que no entendía porque los arévacos habían elegido a Kaikoko, un herrero, como rey. ILTIRTASALIR dirigía a los Pelendones que ahora se encontraban vigilando los caminos de acceso hacia Numantos. ARKAIKO, el comandante de los jinetes de Arevancón había mandado un escueto mensaje a ARKETURKI el rey de los VACEOS: "Si vais a Numantos allí nos vemos", ahora otro jinete traía la respuesta: "Hacia Numantos 900 y tantos". En cuanto Iltirtasalir vio aproximarse a las tropas de Arketurki hasta Las Cuevas de Soria, galopó a informar a Iltirkesken. Al llegar a Numantos los vigías habían detectado la llegada de otro numeroso ejercito subiendo por la orilla del río Duero. Iltirkesken ordeno que se replegaran todos hacia la ciudad para resistir amurallados. Pero al divisar la magnitud de los dos ejércitos y viendo claramente que los Vaceos también estaban del lado de Kaikoko, los Pelendones empezaron a poner pegas ante el hijo de Arbiskar, amenazando con retirarse. En ese momento, y sabiendo que se las jugaba todas, Iltirkesken envió a un mensajero para retar a Kaikoko a una lucha de guerreros a caballo. Aceptado el compromiso quedaron en la parte de la muralla que da al río, al atardecer. Cada uno portaba una lanza ligera (falárica) con punta de hierro, asta de madera y contera de metal, un puñal rayado y una espada de doble filo. A una distancia de 200 m. salieron al galope tras la señal de inicio. El hijo de Arbiskar realizó un lanzamiento sobrehumano hacia Kaikoko que este detuvo con su escudo, pero la fuerza de la lanza clavada le desequilibró y le tiró del caballo cayendo al suelo. Iltirkesken aprovecho para arremeter de nuevo al galope, pero el herrero sacó sus estrellas afiladas de plata y lanzó dos contra el caballo, que fueron a impactar en la cabeza del animal derribándolo con gran estruendo. Iltirkesken rodó por el suelo ante el asombro y las carcajadas de los guerreros, pero aún así sacó su espada y asestó un duro golpe contra el pecho del Herrero. Afortunadamente el pectoral de oro amortiguó el golpe, pero Kaikoko cayo al suelo de nuevo, en ese momento la espada de Iltirkesken cruzó el Sol y fue a impactar en el casco quedando enganchada en el extraño diseño, instante que aprovechó el futuro rey para desarmarlo, tirarlo al suelo y ponerle la espada en la garganta. -!Rinde la plaza, paga los gastos de los ejércitos en dracmas, hemidracmas (26g de plata) o especias y celebremos que estamos vivos!- El hijo de Arbiskar contestó: !Numantos no se rinde, me rindo yo!, queriendo decir que él pagaría los gastos, para que no repercutiera sobre los numantinos. Continuará |