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llevamos una vida scroll. Una cotidianidad donde la dopamina del cambio acelerado y el machaque de información superflua, automatizada; atrincherada en la adicción al siguiente estímulo, nos tiene tan pillados por el pescuezo, que somos capaces de adorar una creación artística, ociosa y mainstream, si nos brinda el mismo desbarajuste.
El impulso scroll es el dominio de lo inmediato. Imposibilita la duda o el desgarramiento porque no hay tiempo de buscarle una razón a nada. Consumir y defecar a la vez. Podría ser una canción de La Polla Records
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el ex-ingeniero de Google, Tristan Harris, quien en el documental habla abiertamente de adicción programada y de: «toda una generación de individuos que, cuando se sienten incómodos, solos o asustados, recurren a ‘chupetes digitales’ para calmarse».
La barra libre de dopamina creada por estos métodos de navegación es objetivamente tóxica. Se basa en la ansiedad de la pérdida y la explotación de una curiosidad orgánicamente insatisfecha. Es la forma perfecta de, como dijo Unamuno: “dar los pensamientos hechos”. Principalmente, porque no hay hueco para demasiados. Y ese estado vegetativo funcional – contrariamente a lo que dictaría el sentido común-, le chifla a nuestro cerebro, que es perezoso y bon vivant por naturaleza. La mente se repantiga en los entornos seguros y cómodos como reacción a su objetivo de supervivencia. De ahí, entre otras cosas, que los asuntos graves (o lo que se vende como tal), se vuelvan demasiado graves, pues esa gravedad que no predispone a la alegría se dirige flechada hacia las tripas, y no requiere de cordura, ni imaginación. Tampoco, claro, de mucho esfuerzo. ¿Por qué, si no, iban a estimular los bulos y la desinformación barata 10 veces más que los hechos contrastados?
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Este nuevo hábito del scroll como forma de vida, nos mimetiza con la premura de lo insustancial mientras nos hace alérgicos al reposo, no vaya a ser que la parsimonia traiga una sola gota de aburrimiento. Y así, progresivamente, seremos cada vez más incapaces de digerir la longitud, imprescindible para el arraigo, y la vida carecerá de sentido lejos del eterno consumo infinito. De la borrega, satisfactoria y vegetal, existencia scroll. |