 Una mañana con más luces que sombras, ¿sombras?, no recuerdo sombras, quizás claroscuros variados. Después de hacer abdominales con Maite me dispongo a comenzar el día más social y civilizado. Me ducho, me afeito y me pongo mono para salir. Primera estación. En la tienda de mascotas compro unos cuantos paquetes Sheba para Indalecio y algún capricho. En la tienda de Ibéricos compro media docena de tajadas de lomo fresco para la comida del día. Segunda estación. En Eroski compro 3 cajas de arena para el arenero de Indi. Tercera estación. En el BM pillo los clásicos del BM. Antes de subir a casa a descargar el carrito recuerdo que tengo pendiente una visitilla a Karim: 5€ en esta ocasión, «es que casi no hay, ya siento». Bueno, esos cinco euros envueltos en papel aluminio me saben a gloria... Ya lo estoy viendo: un fin de semana de lo más psicotrópico, muy albertino él. Así está la cosa, el perejil altera el futuro más inmediato y no hay nada que hacer; Raquel poco a poco lo va asumiendo, pero yo no tanto. La comida. Hoy plato combinado de tres elementos: vainas, puré de patatas y 3 tajadas de lomo. Una bacanal en toda regla. Al poco de terminar de comer Raquel se ha ido a sus yogas y sus tiendas, y a mí me viene bien, como anillo al dedo para pasar una mediatarde de lo más onírica y tal y cual. Esto es lo que pasó, por supuesto.
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