 Es para mí un día cargado de hipersensibilidad, todo me duele, todo me agobia. Sin pausa se prepara y marcha a yoga. Mientras yo vagueo o algo que ahora no recuerdo. Al rato regresa la nena. Raquel es muy consciente de mi situación y me anima a salir a dar una vuelta y comer un pincho o algo, y le hago caso. Es un día húmedo y frío. Bajamos al Casco Viejo por Iturribide, como le gusta a la nena, y, tras un breve debate no ponemos de acuerdo: pasando de cruzar la ría, nos quedamos dando un garbeo por las 7 Calles. Raquel propone entrar al nuevo Bulevar, ahora un Aitaren (de los de Amaren y tal, muy originales los nombrecitos); el garito es una monada, no echamos un par de tintos y unas pulgas de jamón cómodamente instalados en una especie de hornacina rococó desde la que se divisa ampliamente el local. Por cierto que el camarero el típico crack maleducado y mal profesional, un auténtico veterano de los de antes, tipo los del Monterrey. Salir a la intemperie del Arenal nos empuja a imbricarnos en las calles húmedas y extrañamente tranquilas. Un pote en el Basaras, Raquel con croqueta y y con Felipada. Un pote en el Baste, con torrezno recalentado, especialidad de un negocio enfocado en los productos ibéricos ¿?; ahora ya no es Baste, es «Taberna Pezuñas» ¿?. Ya de regreso en el barrio hacemos una última paradita donde Karim a echar un Monopol y dar por finalizada la ruta festiva. ¿Comida? Arroz con sofrito y caldo de pollo. |