 El título de la entrada hace mención a mi clásico «Retorno al cuerpo», que para este día hubiera resultado en exceso optimista; la realidad es la que es y del cuerpo durante este domingo no ha habido noticias. La nena y yo nos hemos comportado como auténticos zombis alojando nuestras miserias en el tálamo y en el butaqueo (como suele ser corriente la segunda butaca también ha ocupado su lugar en el salón). Por suerte para mí Raquel ha reaccionado a media mañana y ha cocinado un arroz con verduras y huevo cocido, que es el ejemplo de comida que un cuerpo destrozado acepta de mejor grado; cuerpos como los nuestros. Mi pómulo ha ido evolucionando al paso de las horas desde una zona enrojecida y costrosa hacia un moratón en toda regla que, como se puede ver en a foto, da bastante el cante y fijo fijo que estos próximos días tendré que contar lo acontecido más de una vez -tengo que ir pensando en una buena historia...-. |