 Raquel se asoma al último día de la semana laboral con esas ganas de liarla un poco, que si la comida, que si la bebida. Me hace varias sugerencias -encargos-; me dice que ponga a enfriar una botella del blanco que tenemos en la caja del trastero -los ribeiros que compró online-; y me anuncia que va a atreverse con unos chipirones en su tinta... madre mía. Lo de los chipirones viene a cuento de que en una de sus visitas al Mercadona del Consulado vio que en la zona de envasados de pescadería tienen unas bandejas con unos cuantos chipis bien limpios y con sus tentáculos ya cortados etcétera. Lo chistoso del tema es que suele pasarle casi siempre que cuando planea cocinar en uno de sus días de teletrabajo no es capaz de sacar el tiempo necesario para ponerse a ello, y me toca preparar el cocineo sin la posibilidad de consultarle pormenores; quiero decir que me veo en la movida de hacer la comida que ella ha elegido cocinar y que no puedo preguntarle nada sin correr el riesgo de llevarme una mala contestación -esto, como lo veo venir, es una fuente permanente de conflicto-. En fin, que a primera hora me pongo en condiciones y con mi mochila azul al hombro me largo a la calle con destino Mercadona de Bolueta. Un paseo agradable sin duda. Compro dos bandejas de chipis, un paquetito de sobres de tinta negra, unas coles, un chisme de hierba gatera, café, jamón york, chocolatinas 72%. El regreso también caminando. Una parada en el Extremeño a pillar pincho tortilla para la nena; de paso le encargo a Karim un poco de perejil y me como un pincho con zurito tostado. En la farmacia compro la crema Dermofix; el anormal del dermatólogo me hizo la receta malamente: ni la metió en el sistema ni ná; que, vamos, que me tocó apoquinar todo, 7 euracos. Un idiota integral el médico de la piel. Ya en casa. Organizo un poco aquello de las compras y me echo un rato en la cama a vaguear -con mi gato, por supuesto-. En llegando el mediodía voy tomando plena consciencia de que los chipirones los voy a tener que cocinar yo, ya que la nena está tope pillada con el currelo y tope inestable. Así que... ¡¡¡ a por los chipirones !!! La receta tiene bastante trajín, pues hay que preparar varias preparaciones, valga la rebundancia. Hay que pochar cebolla y con los tentáculos y las aletas preparar el relleno de los chipis. Además hay que hacer la salsa a base de mucha cebolla y un pimiento verde, y triturarlo todo. Luego rellenar los chipis con cuidado -manga pastelera-. Luego marcar los chipis en sartén -con su palillo y todo-. Y por último incorporar los chipis a la salsa y a comer. Todo el proceso lo ejecuté bastante bien, a pesar de que a partir de cierto momento tuve a la nena pegada a la chepa haciendo sugerencias que lo único que aportaban era recortar tiempos, lo que nunca es buena idea. Cuando repita la receta lo haré con más detalle y me quedarán mejor, seguro. Lo cierto es que estaban ricos; mejor de lo esperado. Y el resto del día... vagueando hasta el anochecer. Toda la tarde en la cama, algo que a la nena le altera mucho, muchísimo, jajaja. Ni cenar hice -Raquel sí: tortilla francesa-. Terminamos de ver la serie de Arthur`s Law; muy divertida. |