Esta entrada ha sufrido un clásico de mis escritos telemáticos: cuando llevaba escritos varios párrafos enormes e intensos, voy y no sé qué cojones hago pero me cargo todo y tengo que volver a empezar, su puta madre que lo parió, jajaja. Esto ha pasado, sí. Estaba contando que Raquel ha hecho un intento de cocinar unas lentejas como dios manda, no como las que yo hago. Para ello ha optado por el guiso en cazuela en abierto, lento pero seguro. Con su sofrito y sus cosas. Eso. Le han quedado ful: durillas y sin chispa. Las mías las he mejorado con una pareja de mini morcillas de Burgos que rondaban por la nevera; de hecho me he comido todo el plato, cosa que no puede decir la nena. Tiene que bajar un poco sus expectativas, y ser más humilde y apreciar lo que le cocino; es su problema, que yo también sufro indirectamente, pero del que no me siento responsable -la culpa es de su madre y de su hermana, ambas dos que van por la vida como si fueran chefs de categoría y lo cierto es que cocinan.. su madre Mal, su hermana Regular, ambas con un repertorio anticuado y muy limitado; en fin-. El desaguisado del mediodía lo he intentado equilibrar para la cena preparando vainas a mi estilo; ha ido bien la cosa a pesar de que Raquel ha incumplido largamente el horario previsto de regreso de sus cosas de baile etcétera, pero por un motivo bien justificado: el enésimo perrenque de la tía Terín, con toda su parafernalia: llamada a Urgencias, visita de Ambulancia, tensión arterial por las nubes, etcétera de nuevo. Bueno, pero se ha podido cenar las vainas, que tan adecuadas son para cagar como dios manda -la mañana siguiente varios pases profusos también-. |