.jpg) [miércoles 19 San José Día del Padre] Pues esta entrada la he ido dejando básicamente porque tengo confianza en que los recuerdos estelares es difícil que pasen a integrar el submundo de la memoria evanescente. Muchas cosas, la mayoría ya vividas, pero no todas. La quedada se hace en el bar de La Oka a eso de la una y media. Está el famulio incompleto pues Rebeca sigue de días de ocio madrileños; el resto estamos todos, incluido Txetxu/Chechu. Nosotros hacemos aparición pasadas las dos y nos llevamos una leve reprimenda. La Oka estaba petada; los ingenuos proponen los bares de la zona de Henao como opción, aunque sea bastante improbable encontrar algún garito desahogado. El caso es que tras ir desechando bares terminamos entrando a La Caleta cuando ya faltaban pocos minutos para la hora de la reserva: las dos y media. Unos blancos en la barra y a comer. El restaurante está bien, es mono. Nos instalamos cómodamente en una mesa amplia. La camarera, la única -luego descubrimos a un ayudante de hermosos ojos claros, joven y seductor, jeje- nos informa que la cosa va a ir despacio porque hemos entrado todas las mesas al unísono; la chica es muy gaditana y muy graciosa ella -hay fotos-. En fin. Menú. Cosas al centro todas ellas. Chicarrones; ricos. Langostinos de Sanlúcar; ricos. Fritura sin puntillitas; rica. Ensaladilla rusa; bien, sencilla. Embutido, morcilla y chorizo; correctos. Postres dulces; ya se sabe que no me interesan. Bebida. Cinco botellas de blanco Barbadillo de nivel superior al corriente; un toque de solera aceptable, el resultado: un vino de 11º que nos puso en órbita. La comida fue divertida, nada que objetar. De allí fuimos a un garito de copas, uno que está repleto de máquinas de petacos; todos jugaron menos nosotros dos, por lo que sea. De allá tiramos poco a poco hacia Iturribide, en metro por supuesto. En fin. En Iturribide se impuso la opción «bares de Metal», jajaja; aquello fue decisivo, fue la leche. La primera etapa en el Bar Las Ruedas, donde nos dio por jugar al tiro al blanco: dardos y risas. Muy divertido. La segunda etapa en el bar en el que estuvimos hace pocos días la nena y yo. El remate fueron partidas al futbolín y de todo. En este bar a punto estuve de quedarme sin móvil: se me cayó del bolsillo y faltó poco para no dar con él, pero hubo suerte y lo encontré; casi un giro dramático para un día diferente. Y en Iturribide nos despedimos de la fiesta callejera; y digo «callejera» porque la fiesta nosotros la continuamos en casa a base de cervezas y las músicas habituales: mucho Beatles y en ese plan. Esto último sobraba, pero... Así fue la cosa, todo bien, pero un poco al límite. La noche fue dura y el despertar más aún. Como siempre, el arrepentimiento a posteriori no cambió nada las cosas y el recuerdo está incluido en la sección del «nunca más», aunque sabemos perfectamente que no hay manera; somos así y así seguiremos siendo. Y no digo más. |