Día 4 - Pon una gaviota en tu vida
domingo, 30 de marzo de 2025

Domingo, no procede nada que no sea encomendarse al creador, al afán de nuestros desvelos, nada que no luzca con el resplandor del sol de primavera. Sí, hoy amanecemos en el punto final, en el origen de la leyenda hispánica, en el lugar donde se expusieron sobre las arenas del mar los dones que la tierra entrega a quienes tienen la fuerza y el valor para extraer la esencia mineral y la transformación en todo eso que nos empuja en pos de sueños aparentemente imposibles, reales a nada que seamos...
Las luces dominicales tienen la fuerza suficiente para empujar al más sufrido, para levantar ánimos alicaídos. Salimos a caminar por cualquier calle, por cualquier plaza sombreada por magnolios hiperdimensionados: vamos camino de la arena del mar atlántico, buscando lo que sólo existe en nuestros deseos. Hemos regresado a las calles del Barrio La Viña, donde las gentes esperan con ansiedad que los garitos expongan sus delicias, buscando el Dorado de la felicidad... y encontrándolo, sin duda.
Raquel me lleva y yo le sigo con devoción amorosa, hago lo que puedo para mostrar mi alma sincera. El sin rumbo prescrito nos lleva de vuelta al Mercado central, pasadas las doce, a degustar Manzanillas y Chocos, y patatas fritas. Han sido unos cuantos tragos y unas cuantas risas, y un disfrute in crescendo. En el Pópulo también han sido testigos de nuestra sencilla manera de vivir, sumidos en el placer de lo esencial: reir, soñar, dejar que la vida haga su magia. Finalmente hemos subido al ático: ensalada campera que Raquel ha elevado a las más altas cumbres gastronómicas, astronómicas.
Después, largas horas entre sábanas blancas, esperando el anochecer. Ella ha salido a caminar, a recorrer el Cádiz con el que sueña, el que se hace real cuando el deseo es tan intenso que puede con lo imaginado. Mi amor...

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© Zalberto | enero - 2026