 Hay plan de salida por Bilbao; nada en concreto, sólo caminar y tomar aire. Mi postoperatorio evoluciona bien, lentamente pero bien. Hemos bajado al Casco por los ascensores de Solokoetxe, previa parada en el bar Maite para dar gusto al cuerpo con pincho de tortilla picante (alegrías riojanas incorporadas); he omitido la bebida, resisto como buenamente puedo. En el Arenal visitamos las movidas que los prebostes municipales instalan para dar cobertura económica a los habituales abertzales; hay chozna enorme con algo que tiene que ver con las cosas gastronómicas, pero es una cáscara vacía, como casi siempre ocurre; también hay una fila de casetillas e donde los artesanos intentan colocar sus piezas a los viandantes de las mañanas. Ante una de las casetillas nos encontramos con una compañera de Comercial y su hombre; blablablá y sin más. Cuando la caminata se presentaba amena y prolongada a Raquel no se le ha ocurrido otra brillante idea que hacer la llamadita de rigor diario a su tía Terín, para ver cómo de mal se encontraba esa mañana. ¿Resultado?, pues mal, fatal, a punto de muerte súbita. Así que ahí se detiene el plan. Media vuelta y camino de regreso al barrio. A la altura de la Plaza Nueva Raquel se da cuenta del absurdo que es suspender todo para salvar a quien no puede ni desea ser salvado, y propone un pote en el bar del jamón en la Plaza Nueva; un vino y media de jamón. Aún así hay que subir a ver a la tía; y subimos. Terín está como siempre, bien por fuera, mal por dentro. Su mente es un erial de pensamientos coherentes, vive en otra realidad y no tiene intención alguna de salir, mirarse desde fuera y reingresar en sí misma para poner un poco de orden; ninguna intención. Es muy cansina. El día anterior tuvo enganchada con Nerea: lo de siempre, que me muero, que voy a Urgencias, etcétera. Nerea y JuanLuis están al borde de mandarla a tomar por culo, pero no les queda otra que apechugar. No entro en detalles porque me da mucha pereza. Ah, por cierto, la gatita de la tía Terín es un encanto, muy tímida pero un encanto (me estoy volviendo adicto a los gatetes). En ese punto, al salir a la calle de nuevo, soy consciente de que Raquel está deseosa de plimplar un poco más, pero no me siento muy dispuesto a seguirle el juego: quiero mantenerme lo más firme posible en mi plan de no fumar y no beber, o un no beber en exceso. Por esto es por lo que subimos a casa pasando de visitar más tabernas. Comida. Pisto que prepara Raquel a primera hora y lomo ibérico con chucrut. Y unas copas de vino tinto, de una botella que la nena empezó hace un par de días; apenas bebo un par de dedos; no es fácil. El resto del día en modo casero y descanso. Me echo en la cama hasta media tarde y al levantar me siento en el PC a escribir código para mis nuevos proyectos, lo de las frases lapidarias y el último, lo de las notas rápidas. Sobre las ocho lo dejo todo y me concentro en cortar vainas para hacer la cena; con una patata y huevo cocido es una cena que hará que la mañana el cuerpo evacúe con facilidad (como así ha sido). |