 No todos los días van a gozar de una entrada extensa y plagada de emocionantes sucesos; hoy no es un día luminoso, pero tampoco oscuro, es un día normalito. Todo está presidido por la sombra inefable de una hermosa «resaca» y un sentimiento leve de preocupación por el hecho de tener que acudir el miércoles al ambulatorio de Sani a extraer sangre para analítica completa; a saber qué sale de ahí, madre mía. Pero es lo que hay, sin más. Hemos comido espárragos blancos frescos, muy ricos, y pechuga de pollo a la plancha. Raquel he pasado el día al completo pegada a su ordenador, atareada al máximo con la resaca del apagón y las múltiples averías que han quedado por ahí. Incluso ha sufrido un amago de ciática que le ha acojonado bastante y se ha puesto a trabajar de pie, en la mesa de la cocina con un invento que se ha montado. Sufre pero con gusto, se siente haciendo algo importante y yo ya sé bien qué es eso, y lo que significa para la autoestima. Que siga disfrutando del momento. Y no cuento más. |