Analítica y Raquel en Madrid
martes, 06 de mayo de 2025

Hoy el día tenía todas las sombras premonitorias que uno quiera imaginar en función de sus propias neurosis. Estoy dando vueltas alrededor de la circunstancia sanitaria, de hablar de la cita con mi médico a las 12:20 en el ambulatorio de Sani, para que me interprete los resultados de las analíticas de sangre y orina que me hice hace una semana allí mismo. ¿Que porqué doy vueltas y me como un poco la cabeza? Pues fácil de entender: llevo más de cinco años sin hacerme análisis y las vísceras de un adulto de 65 años que no se ha pribado de fumar ni plimplar ni de ná, todo ello sin control, tienen grandes posibilidades de encontrarse en una situación de deterioro que aprovechen la situación para pedir ayuda desde los índices y los márgenes -lo de la próstata por ejemplo, para qué ir más allá-.

También hoy estaba programado un acontecimiento de cierto relieve: Raquel va a Madrid a pasar una noche -la del martes al miércoles- a una convivencia organizada por su gerente nuevo -el JuanLu- a la que han sido convocados todos los subordinados que "cuelgan" de él -más de veinte me ha dicho que han participado en las actividades del día-. Tiene que volar pronto, por lo que se ha levantado a eso de las cuatro y media; yo tenía pensado acompañarla en ese rato, pero he pasado -obviamente-. Sobre las seis y cuarto ha llamado a un taxi y se ha dado el bote. Esas horas estaban adornadas por nubes grises, frío y lluvia persistente: un panorama encantador para salir de viaje de negocios; joder.

Pues nada, a Indi y a mí nos esperan dos días completitos a nuestro pedo, que no es que vayamos a hacer nada que cruce la línea de lo legal, pero que nos ahorrará -pluralizo por vicio- múltiples trabajitos cotidianos que tiene como objetivo cubrir las necesidades y caprichos de la nena, que no son pocos, jajaja.

Volviendo a lo de la consulta médica.

Sobre las doce menos cuarto -11:45- he salido de casa en dirección al metro. Ya en Sani he apurado el paso para llegar a la hora, cosa que he logrado con un pequeño margen de cuatro minutos -bien-. La sala de espera estaba casi vacía -bien-. Al poco de sentarme las muchachas sanitarias me han llamado -bien a medias, acojonado las otras medias-. Saludo, me siento y me preparo para lo peor.
-Dispara, sin miedo -le suelto así, a bote pronto , a la June, que yo pensaba que era el nombre de la enfermera del otro día, pero que parece que me lié yo solo, como muchas veces. La June se ríe suavemente y meneando la cabeza me disipa de un plumazo el miedo: parece que todo va bien.

Me alecciona con el tema del colesterol y la presión sanguínea y la conveniencia de tomar cartas en el asunto, lo que en su jerga significa "empezar a medicarse por secula seculorum amén". Puff, qué descanso. La June se relaja y me suelta: - ¿Qué esperabas, cáncer de algo?. - Claro, lo estaba temiendo, mi ritmo de vida no es el más apropiado y mi historial familiar es muy de cánceres y muy poco de temas cardiovasculares, infartos y eso-, le contesto con total convicción en mi discurso; mi planteamiento es irreprochable, coherente, el correcto, creo.

En fin, por no discutir accedo a que me empastille a su placer, y me receta Atorvastatina Viatris 20 mg, que no sé lo que es, pero que desde instante yo ya lo odio. Un comprimido recubierto con película EFG por la noche después de cenar, durante... ¿una caja? La caja tiene 28 comprimidos, o sea, cuatro semanas.
[interrupción: me llama Raquel desde La Casa de Campo, son las 21:45]
Le cuento mis avatares analíticos y quedamos en seguir dándole unas vueltas al asunto cuando regrese mañana. En resumen, creo que he salido bien parado de la investigación y que en este momento de mi vida todo lo relativo a mi salud depende únicamente de mí, de controlar mis excesos y de depurar mis malos hábitos; yo tengo ganas, voluntad y capacidad de sacrificio, es una faceta que reconozco en mi experiencia y que me hace sentir confianza.

Oye, como que cuesta volver a lo meramente narrativo y cotidiano después de haber tocado todo el asunto anterior. Voy.

En Sani no me entretengo: he dejado solito al minino. Cojo el metro y me bajo en Santutxu por la boca Karmelo. Paso por el BM. Pechuga fileteada, langostinos cocidos, setas y champiñones, lomo ibérico adobado, noséqué más. A casa. Indi me recibe bastante bien, no me chilla más de lo habitual. Me cocino las setas y los champiñones con huevos revueltos y me apalanco a dormitar en la butaca hasta media tarde -Indi en su camita en el sofá-. Antes de la cena, que aún no había planeado, y navegando al azar -una de mis aficiones más trabajadas- he dado con una receta de un nutricionista italiano que me ha suscitado curiosidad, fundamentalmente por lo simple, una sopa de arroz que se hace con agua y arroz, y una pizca de sal, que me he currado con esmero, que me he comido y que, bueno, pues bien, arroz cocido con perejil. De postre o de remate un bote de requesón, para clamar el ansia. Y luego ya... aquí ahora. Besos.

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© Zalberto | enero - 2026