Entrevista Kenneth Pomeranz
martes, 20 de mayo de 2025

El historiador que cambió la manera de mirar a Occidente trae pronósticos sobre el futuro


Hace un cuarto de siglo, Pomeranz sostuvo por primera vez que Europa había logrado una ventaja apabullante sobre China solo gracias a una serie de casualidades. Ahora dice que esa ventaja se ha desvanecido


En La gran divergencia, Kenneth Pomeranz se hizo una única pregunta: ¿por qué la Revolución Industrial ocurrió en Inglaterra y no en China? O lo que es lo mismo: ¿por qué Occidente no permaneció anclado en el pasado como Asia? Su conclusión, que generó un enorme debate al ser publicada hace un cuarto de siglo, es que no hay ninguna gran diferencia cultural que explique la ventaja de la que ha disfrutado Occidente hasta hoy. Pomeranz, profesor de Historia de Asia Oriental en la Universidad de Chicago, nos atiende por videoconferencia con motivo de la traducción al español de su legendario ensayo.

P. El punto de partida de su libro es que China y Europa eran dos áreas de desarrollo muy similares hasta el siglo XVIII. ¿Similares en qué sentido?

R. Eran similares en su grado de prosperidad. Comparada con nuestros estándares actuales, ninguna de las dos regiones era particularmente próspera. Pero eran comparables en cuanto a estilo de vida, extensión de los mercados, y otras variables económicas básicas como la esperanza de vida. Aunque con variaciones enormes entre unas zonas y otras, claro.

P. Se refiere a que las condiciones de una aldea perdida en el interior de China podían parecerse más a las de una aldea polaca que a las del norte de Italia, ¿no?

R. Correcto. Mi argumento es que, si comparas áreas desarrolladas con otras áreas desarrolladas, digamos, Suzhou con Ámsterdam, o áreas más pobres, como Gansu con Polonia, encontrarás estándares de vida bastante comparables. Y si haces un promedio a lo largo de grandes áreas de Europa y de China, también encontrarás una comparabilidad aproximada. Los chinos, hasta donde podemos saber, vivían tantos años como los europeos; sus estándares nutricionales eran, en promedio, ligeramente superiores. Sus posesiones básicas, como la ropa, también eran comparables. Y sus mercados funcionaban de una manera parecida, su capacidad para hacer cumplir contratos era similar, así como la capacidad para proteger tu propiedad frente al Estado o frente a un vecino depredador, etcétera.

P. Si no me equivoco, su libro es uno de los primeros en argumentar que el desarrollo de Europa fue en gran parte resultado de una serie de casualidades históricas.

R. Sí, aunque hasta cierto punto. Europa y China tenían una agricultura de alto rendimiento, mucha comercialización, mucha producción artesanal, pero no mucha industria en el sentido que hoy entendemos. Pocas cosas estaban mecanizadas o requerían grandes cantidades de energía. Es mundo que aún depende principalmente de fuentes de energía no fósiles y donde las cuatro grandes necesidades básicas (alimentos, combustible, fibras textiles y energía) provienen de la tierra. Con pocas excepciones, todo proviene de plantas y animales, incluyendo la energía para arar o transportar mercancías. Por eso, a medida que las poblaciones crecen y los niveles de consumo promedio por persona aumentan, estas áreas sofisticadas enfrentan presiones. Cada acre que se utiliza para cultivar alimentos no está proporcionando combustible, ni alimentando animales. Eso significa que las limitaciones son las mismas a un lado y otro del mundo.

P. ¿Y el comercio?

R. Las áreas más ricas, que también son las más densamente pobladas, comercian con áreas más periféricas, generalmente menos pobladas, con menores niveles de consumo per cápita y con capacidad de proporcionar productos intensivos en tierra —madera, grano, etc.— a cambio de los productos otras cosas artesanales, sobre todo textiles. Eso es lo que ves desarrollarse en todas estas regiones, ya sea el delta del Yangtsé intercambiando telas por arroz o Inglaterra y Holanda comerciando con el Báltico para obtener grano y madera a cambio de productos textiles. Este es el patrón general para todos. Y funciona hasta cierto punto. "El desarrollo no nos conducía a la gran explosión que fue la industrialización"

P. ¿Por qué hasta cierto punto?

R. Porque si tienes mercados lo suficientemente flexibles, con el tiempo las regiones periféricas experimentan también un crecimiento de población. A medida que sus mercados se vuelven más densos, comienzan a producir algunos de sus propios productos artesanales, como telas, lo que reduce el excedente de grano que envían. Y los productos que ellos mismos fabrican empiezan a competir con los que provienen de las áreas más ricas, lo que empeora los términos de intercambio para estas últimas. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en la región del bajo Yangtsé, donde, en 1850, un trozo de tela de algodón sirve para comprar la mitad de arroz que en 1750. Las posibilidades de crecimiento se ven siempre fuertemente restringidas.

P. ¿Hay una suerte de tope para el desarrollo?

R. Algo así. El desarrollo natural, por decirlo de alguna manera, no conduce de manera inevitable a la gran explosión de la industrialización. No es algo que tenía que pasar, no era una evolución lineal de lo existente. Más bien tendía simplemente a estabilizarse, como ocurrió en el delta del Yangtsé o en lugares como el norte de Italia o Bélgica. Todos eran tremendamente sofisticados en términos de producción artesanal y comercialización, pero eventualmente alcanzaron un techo. "Los romanos ya construyeron una especie de máquina de vapor rudimentaria para los templos"

P. Hasta que ocurre un milagro en Gran Bretaña.

R. Correcto. Lo que yo argumento es que la "gran divergencia" que inicia entonces no era inevitable. Hay muchos elementos que sacaron a Europa, y particularmente a Inglaterra, fuera de ese callejón sin salida del progreso. Los dos factores clave son, en primer lugar, el acceso al carbón, y en segundo lugar, el acceso las Américas. El carbón fue crucial porque ofrecía una nueva fuente de energía que no estaba limitada por la tierra. Un acre de mina de carbón produce mucha más energía que un acre de bosque. Esto impulsó a Europa de manera determinante. A su vez, la expansión en las Américas proporcionó tierras adicionales para la producción de materias primas, como el algodón, que de otro modo habría requerido enormes extensiones en Europa. Si no hubieran tenido acceso a esas tierras en América, Europa hubiera necesitado tres "Inglaterras" adicionales solo para poder producir el equivalente en lana o algodón. Así que, en lugar de agotar sus propios recursos de tierra, Europa pudo obtener lo que necesitaba de América y continuar su crecimiento.

P. Hablemos primero del carbón. China tiene grandes reservas. ¿Por qué ellos no las aprovecharon? ¿No supuso una ventaja la tradición científica europea?

R. Sin duda, esas tradiciones científicas ayudaron, pero no debemos exagerar su papel. Lo que los europeos sabían sobre la presión atmosférica, lo que les permitió crear la máquina de vapor, ya lo sabían los chinos. Y también los romanos. De hecho, los romanos ya habían construido una especie de máquina de vapor rudimentaria, pero la usaban más para trucos mágicos, como abrir las puertas de un templo de manera que pareciera que los dioses lo hacían. Lo que realmente hizo que la máquina de vapor fuera viable en Europa es que se podía usar directamente en las minas de carbón. La máquina de vapor de Newcomen, la primera en uso generalizado, era extremadamente ineficiente.

P. ¿Por qué?

R. Utilizaba alrededor de mil calorías de energía para producir solo siete calorías de trabajo útil, lo cual es un ratio increíblemente bajo. Sin embargo, en una mina de carbón, donde la energía era barata y el carbón se extraía en el mismo lugar, tenía sentido usarla. En otras partes del mundo, como en China, donde las principales reservas de carbón estaban en áreas remotas y alejadas de los principales centros de desarrollo, esa misma tecnología no tenía el mismo sentido. Transportar carbón por tierra en China era muy costoso, lo que hacía inviable el uso de una tecnología tan ineficiente como la máquina de vapor en otras industrias.

P. Los europeos, sin embargo, se dedican a hacer máquinas cada vez más sofisticadas para usarlas para otras cosas.

R. Claro, porque una vez que tiene sentido usar una tecnología, también tiene sentido mejorarla. Cuando algo es útil, hay un incentivo para hacerlo más eficiente. La máquina de vapor se fue perfeccionando y se fue haciendo más eficiente y segura. Pero creo que no es difícil imaginar un mundo ligeramente diferente en el que, por ejemplo, el carbón de Inglaterra estuviera tan alejado de las rutas comerciales como en China. Si hubiese estado, no sé, en los Cárpatos, quizá seguíamos viviendo de manera muy parecida a cómo vivíamos en el siglo XVIII.

P. ¿En serio?

R. Es muy fácil imaginar un mundo en el que continuáramos viviendo en una situación parecida al siglo XVIII durante mucho tiempo. Hasta que, eventualmente, alguien hubiera descubierto la batería eléctrica o la energía solar, o algo similar. Pero es fácil ver cómo podríamos haber permanecido en un mundo más o menos preindustrial por mucho tiempo. Y, cuanto más hubiera pasado el tiempo, más difícil habría sido salir de ese ciclo.

P. ¿Por qué?

R. Bueno, la población probablemente hubiera seguido creciendo, aunque más lentamente, y el excedente que habrían tenido para invertir en experimentar, en probar cosas nuevas y ver qué sucede cuando juntas ciertos elementos en un laboratorio, hubiera sido cada vez menor. Así que, sí, creo que con cada generación, salir de ese ciclo habría sido más complicado.

P. Vamos con la segunda ventaja, lo que tú llamas los “acres fantasma”, el acceso a América y la red comercial colonial.

R. Los acres fantasma son una metáfora para describir cómo Europa, y particularmente Inglaterra, pudo acceder a recursos mucho más allá de su propio territorio a través del comercio colonial. Si miras la cantidad de algodón que fluía desde el sur de los Estados Unidos hacia Inglaterra en 1830, y calculas cuánta tierra adicional se habrían necesitado para producir la misma cantidad de algodón en Inglaterra, resulta que habrían necesitado el doble de la superficie cultivable de Inglaterra. De manera similar, si calculas cuánta madera habría sido necesaria para reemplazar el carbón que Inglaterra estaba utilizando en esa época, habría requerido un área de bosque casi del tamaño de toda Inglaterra. Pero como el Imperio británico tenía “acres fantasma”, eso permitió a Europa acceder a recursos de tierra sin agotar sus propias tierras. Fue una ventaja enorme que les permitió mantener el crecimiento sin los límites que enfrentaban otras partes del mundo, como China, que no tenían acceso a ese tipo de tierras adicionales.

P. Alguien podría argumentar que la decisión de ir a las Américas la tomaron los europeos. La podrían haber tomado los chinos, pero no lo hicieron. ¿No produjo una ventaja esa manera de entender el mundo, esa cultura?

R. Claro que había diferencias culturales entre China y Europa. Pero recuerda que los chinos eran activos en el mar. Por ejemplo, Zheng He llegó hasta África Oriental, y había comerciantes chinos privados que operaban en el sudeste asiático y hasta la India. Lo que no hicieron fue colonizar, en parte porque no contaban con el apoyo del estado chino, que no veía la necesidad de quedarse en áreas lejanas. Ya controlaban una enorme variedad de zonas ecológicas dentro de su propio territorio. No necesitaban recurrir al Sudeste Asiático para obtener productos que ya les llegaban a través del comercio. "Las corrientes hacen mucho más fácil colonizar América desde Europa que desde China"

P. ¿Eso lo explica todo?

R. Bueno, había menos competencia entre los estados chinos y sus vecinos en comparación con la competencia constante entre los estados europeos. Esto hizo que Europa recurriera a la expansión colonial como una forma de proyectar esas rivalidades hacia el extranjero. Además, hay un elemento de suerte geográfica. Por ejemplo, las corrientes oceánicas desde América de regreso a Europa facilitan el retorno, mientras que cruzar el Pacífico hubiera sido mucho más complicado para un navegante chino que intentara regresar a casa.

P. Y luego están los factores epidemiológicos, ¿no?

R. Correcto. Los chinos sí fueron en grandes números a lugares como Filipinas, Vietnam, Tailandia, etc., que en comparación con China estaban mucho menos poblados. Pero todas estas áreas tenían el mismo tipo de enfermedades. La viruela y el sarampión ya eran endémicas en todos esos países. En cambio, los europeos se beneficiaron de una ventaja accidental enorme, porque las poblaciones indígenas en las Américas no tenían ninguna resistencia a las enfermedades europeas. Esto provocó tasas de mortalidad catastróficas, en muchos casos del 90%. Y aunque no toda esta mortalidad fue causada por las enfermedades, una gran parte sí lo fue, especialmente las enfermedades infecciosas que afectaban gravemente a los jóvenes, debilitando los ejércitos indígenas potenciales. Como resultado, la resistencia a los europeos fue mucho más difícil. Si los chinos hubieran querido invadir las Filipinas, probablemente podrían haberlo hecho, pero no hubiera sido fácil. ¿Por qué iban a molestarse si lo poco que necesitaban de allí podían conseguirlo comerciando?

P. Su libro fue publicado por primera vez en 2000. ¿Cómo fue recibido entonces y cómo ha envejecido el libro?

R. Bueno, como era de esperar, la recepción fue diferente en distintos lugares. En China fue recibido con bastante entusiasmo, a veces por los motivos incorrectos. Hubo muchos nacionalistas chinos que lo vieron como una reafirmación de la grandeza de China, algo que realmente no era mi intención. En Europa y en Estados Unidos, la recepción fue generalmente positiva, pero no tan unánime. Hoy hay bastante consenso en que la descripción de mi libro es bastante correcta en cuanto a cómo eran las cosas y cómo evolucionaron. Hay algo más de debate a la hora de discutir por qué ocurrieron.

P. Por resumir. Usted no niega que los factores culturales e ideológicos tuviesen importancia, pero los coloca en un lugar secundario.

R. Correcto. Yo rebato especialmente el argumento que hacen algunos neoliberales comprometidos, que dicen que si tienes las instituciones de mercado correctas, estas crearán los incentivos para resolver los problemas, y tarde o temprano alguien encontrará una solución. Creo que ese argumento ignora en parte hasta qué punto lugares como China también tenían instituciones bastante libres en el siglo XVIII. Pero la simple demanda por algo no genera necesariamente una solución creativa. Si fuera así, ya todos estaríamos viviendo con energía limpia y solar, porque sabemos desde hace tiempo que necesitamos algo así.

P. Pasemos al presente. Asia está convergiendo rápidamente con Occidente, y en muchas áreas, de hecho, ya lo han superado: Japón, Corea del Sur, Taiwán, incluso áreas de China. ¿Cree que esa ventaja que Occidente ganó durante lo que usted llama la "gran divergencia" ha desaparecido?

R. Bueno, no ha desaparecido del todo. Todavía hay muchas personas en Ámsterdam, Londres y otros lugares que obtienen parte de sus ingresos de capital acumulado a lo largo de siglos y que ahora está invertido, ya sea en el país o en el extranjero, y sigue generando ingresos. También hay una gran cantidad de acumulación en forma de universidades, bibliotecas, etcétera, que siguen produciendo conocimiento. Así que esas ventajas no han desaparecido por completo. También existe cierta ventaja en lo que no hicimos, como la deforestación masiva, que pudimos derivar a las colonias. Durante el siglo XIX, por ejemplo, a medida que Europa se industrializaba, su consumo per cápita aumentó drásticamente, pero el porcentaje de tierra cubierta por bosques en países como Francia se estabilizó. ¿Cómo fue posible? Porque Europa estaba importando recursos de lugares como América.

P. Así que seguimos teniendo una cierta ventaja acumulativa.

R. Eso creo. Aunque hay que reconocer que en un mundo donde el conocimiento se mueve con bastante libertad, y los productos están disponibles para quienes puedan pagarlos, el campo de juego se ha nivelado considerablemente, al menos con el este de Asia. Como dices, países como Japón, Corea del Sur y Taiwán han superado a muchas partes de Occidente en áreas clave. Incluso China, si tomas solo las zonas costeras más desarrolladas, está a punto de alcanzar a algunos países occidentales en términos de desarrollo humano. Si haces un círculo de 400 millas alrededor de Shanghái y calculas el índice de desarrollo humano de esa región como si fuera un país, verías que está solo un poco por detrás de Francia. Pero regiones, como Gansú, se encuentran al nivel de Camerún. China es un país enorme y muy variado.

P. ¿Cree que China cumplirá con su sueño de volver a ser la civilización más importante del mundo?

R. Es una pregunta complicada. Depende de cómo lo midas. No creo que China vaya a tener ingresos per cápita iguales a los de Alemania o Estados Unidos en un futuro cercano. Pero, dado que China tiene cuatro veces más habitantes que Estados Unidos, y unas 15 veces más que Alemania, obviamente no necesitan tener el mismo nivel de ingresos per cápita para tener un peso económico enorme en el mundo. Y eso ya está ocurriendo, y solo es cuestión de tiempo antes de que la balanza se incline aún más a su favor. Es fácil imaginar que sus cifras per cápita seguirán convergiendo con las de Occidente, lo que aumentará su peso económico global. Eso ya está ocurriendo en muchas áreas, como en la industria de productos electrónicos de consumo, donde los gustos chinos ya están moldeando el mercado mundial. "Definitivamente, China tendrá más influencia en el resto del mundo de la que tuvo en el pasado"

P. ¿Y cree que esta vez China se mantendrá dentro de su área de influencia como hace siglos o está decidida a tener más presencia en el mundo?

R. Definitivamente, China ejercerá más influencia. Es fácil predecir que habrá áreas, como la cultural o la ideológica, donde China seguirá manteniendo cierta distancia con el resto, y áreas donde tenderá a involucrarse más. El mundo en el que vivimos simplemente lo exige. Pero creo que también veremos que algunas cosas estarán fuera del control del Gobierno chino. Por ejemplo, el crecimiento del cristianismo en China ha sido sorprendente. Algunos estiman que hay cientos de millones de cristianos hoy en día, y eso es algo que el gobierno no ha podido frenar del todo, a pesar de todos sus esfuerzos. Es un recordatorio de que, incluso en un estado tan poderoso, hay fuerzas que escapan de su control.

P. ¿Alguna cosa que no le haya preguntado y le apetezca comentar?

R. Creo que una contribución importante mi trabajo ha sido la de cambiar de perspectiva. En lugar de preguntarnos por qué China no se industrializó como Europa, podemos preguntarnos por qué Europa no se quedó como el delta del Yangtsé. Comparar perspectivas es un método excepcional para entender por qué se producen las cosas. Otro asunto que es interesante recordar es que China y Europa no se pueden comparar en una escala de estados-nación. La comparación más adecuada es entre China como un todo y Europa como un todo. Puestos a hacer comparaciones con estado, es más útil hacerlo entre regiones chinas y estados europeos.

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© Zalberto | enero - 2026