D03- Domingo por Bayacas
domingo, 25 de mayo de 2025

Hoy es domingo, mañana será lunes. El lunes Raquel tiene que teletrabajar toda la mañana -mínimo- por lo que es buena idea aprovechar la mañana del domingo para hacer algún plan de algo. La nena sugiere hacer la clásica de Bayacas de estos últimos veranos y a mí me parece muy bien -totalmente sincero-.
Dejamos el coche en el aparcamiento del centro, a la sombra que nunca viene mal. Busco una de las rutas de años anteriores para seguirla y no liarnos; pero no es necesario, nos conocemos el circuito a la perfección. El día es luminoso y al sol le zumba la cosa; Raquel al poco de tomar el camino ancho y polvoriento que discurre a la vera del rio Chico se detiene y plantea regresar porque cree que el calor va a poder con ella, pero me mantengo firme y le animo con todo el cariño del que soy capaz; se resigna y continua caminando. Para distraer sus pensamientos negativos pongo el foco en la flora que brota en los márgenes del camino; Raquel ya le ha cogido el gustillo a esto de la taxonomía y no hay que empujarla para saque foto, busque con el Lens y se esfuerce en catalogar el espécimen, tal y como haría, y hago, yo.
Identificamos al Marrubio, a la Retama y a la Genista, también algún cardo amarillo y hermoso y otras especies aquí y allá. En un pispás ya estamos ascendiendo hacia el mirador de sobre el Cementerio y Raquel ya no renquea; cierto es que quiere terminar lo más rápido posible con el suplicio, pero pone ya mejor cara -saborea la cerveza que sabe que va a triscarse donde ella elija-.
Una buena ruta; yo la disfruto. Raquel siempre hace muchos planes que implican caminar por el monte, senderismo lo llaman, y siempre olvida lo poco que disfruta cuando achucha el sol y el calor; veremos cuántas rutas de las que ha propuesto se harán realidad.
Vamos a la cerveza. La chavala baraja varias opciones, pero no le salen bien, unas cerradas, otras sin chispa; por fin se decide y propone coger el coche y parar en el Empalme a saludar a Manolo y compañía en el Puerta Nazarí. Es la mejor idea, en mi opinión, así que le apoyo sin dudar.
El Empalme está tal cual lo dejamos el año pasado. Nos encontramos a Manolo nada más asomar el morro; el tío aparece vestido de punta en blanco, pero de negro, jajaja; va engominado y con corbata roja sobre camisa negra; hay que reconocer que está guapo y elegante, a su estilo pero elegante. Nos comenta que se casó en Octubre con su ultima novia, la Martina le entendí yo.
Una cerveza y una tapa de ensaladilla. Y al cortijo, que hoy toca hacer barbacoa para quemar unas piezas de presa ibérica.
Lo prioritario es darse un buen chapuzón. Yo estreno el nuevo gorro de baño, uno orejero que impide que el agua inunde el pabellón auditivo, cosa muy desagradable e incluso levemente peligrosa, jeje. El gorro es un éxito; bien.
Terminado el baño me pongo manos a la obra con el encendido del fuego y la puesta en servicio del equipamiento -que cualquier día se viene abajo, pues el José Antonio parece no tener ganas de meterle mano y arreglarlo, en fin-. Con el carbón vegetal que quedaba en una bolsa semivacía que andaba por allá y unas cuantas ramas de naranjo de las que José Antonio acumula en los bajos de la piscina enciendo un fuego con maestría; aquello fluye con energía y sin dar muestra alguna de ir a extinguirse en sí mismo y en silencio alpujarreño.
Raquel prepara en la cocina unas verduras para hornear: tomatitos y calabacinos blancos; también limpia una de las lechugas que nos trajo ayer José Antonio, para ponerla en ensalada con una cebolleta también del susodicho -creo que voy a comenzar a referirme a José Antonio con algún acrónimo o con un alias, ya pensaré-.
Comemos en la mesita nueva, bajo el olivo, junto a la barbacoa; escanciamos dos botellas de sidra y disfrutamos de la paz y el sosiego. Y siestón; Raquel en la hamaca -que le he colocado presuroso, la conozco como si fuera mi mujer-, yo en la cama hasta que la hora de la vergüenza me impulsa a salir al aire: "Qué, ¿habrá que bañarse?.
Un baño maravilloso y después una cena ligerita: huevos cocidos con aguacate y cebolleta; cojonuda cena. Y a la cama a aguantar un rato la serie "El Vigilante", yo un poco más que la nena, que cae de la misma... le adoro.

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© Zalberto | enero - 2026