 Mientras Raquel va al pueblo dando un paseo por entre los cortijos con la idea de hacer las compras, yo me ocupo de la piscina: está invadida por hormigas voladoras -parece que llega su momento-. También cuelgo colada con las camisetas que viajaron a Cartagena. Y espero q que Raquel me llame desde el Consum para ir a buscarla. Mientras espero me pongo serio y saco el coche para buscar el problema del agua de los limpiaparabrisas -que surgió el jueves cuando arrancamos viaje hacia Cartagena y quise despejar la mosquitada de la luna delantera, y no salía agua...-. Lo resuelvo un un pispas: sólo había que usar convenientemente el mando del asunto y no pulsar como en fin, sin palabras, pero solucionado. Me llama y voy al Consum para traer las compras. Dos lubinas, dos tacos de atún rojo, sidra, vino de jerez, agua con gas, cebollas y pimientos, pistachos... Hacemos el vago hasta la hora de cocinar, que la nena ha dicho que ella se ocupa. Raquel se atreve con dos lubinas de ración al horno, sobre lecho de patatas panadera con cebolla. Las patatas quedan duras y se tiran. Las lubinas quedan bien y nos las triscamos. Después montamos la sala de cine pero hay problemas con el sonido y pasamos al modo televisión normal y vemos una película de policías y ladrones, ambientada en una nevada en las carreteras cercanas a Madrid, con Resines y Adriana Torrenoséqué; divertida -pendiente buscar título-. A media tarde adecento la piscina y me hago 60 largos, a tope. Y ahora escribiendo estoy. Cenamos tortilla de calabacín de la que se encarga Raquel; cuando la preparación está en la sartén suena el timbre del corrijo: es José Antonio que viene con una cestita de Caperucita rebosante de tomates, pepinos y albaricoques. Se detiene el guiso y se sacan cervezas para charlar un rato tan a gustito. El José Antonio ha venido también a regar los aguacates, nos comenta que este sábado les ha tocado limpieza de acequia y que estaba derrengado. Cuando ha marchado hemos retomado el cocineo. La tortilla ha quedado perfecta. Cenar y a la cama, cansados y contentos, y ni la tele hemos puesto. |