 Un día sencillo por demás. He madrugado mucho, sobre las seis y poco, para tener tiempo por delante para dedicar a mis aficiones telemáticas. Un café con leche y a esperar a las 8 para hacer brazos con Maite. Seguido de la clase he limpiado a fondo la piscina y me he dado un chapuzón. Una ducha. Un vestirme cómodo y... listo para ir al pueblo con Raquel a comprar cosas. Antes de aparcar en el Consum hago una previa en el callejón que hace esquina con el estanco de abajo, para ir al chino a comprar tres cosas necesarias: una paella, una caja de cartón y una alfombrilla antideslizante para la ducha -que cualquier día me doy la hostia padre y madre-. Y sin pausa al Consum; la nena quiere comprar ingredientes para preparar una paella -de cuando en cuando se pone retos complicados, que las más de las veces no se corresponden con sus cualidades personales, y a mí no me queda otra que ayudar y esperar a ver qué pasa-. Contramuslos, costillas de cerdo, huevos, verduras como calabacines, pimientos rojos y verdes, huevos, galletitas para hacer cortes de helado, pistachos, etc. Anécdota en caja de pago: la mujer mayor que unos días antes compartió conmigo la experiencia en el aparcamiento con el Chispas y sus aguacates robados estaba hoy en la caja justo delante nuestro y se organizó una buena cola porque el muchacho de la caja le pasó un pack de 8 Sprite como 8 packs de 8 Sprite y, claro, la mujer no tragó con el importe global, excesivo para la compra que había hecho -bueno, una tontería de anécdota, pero curiosa cuando pasados los años la relea y el recuerdo regrese con toda su luz y sus sensaciones...-. Regresamos al cortijo, Raquel se pone con la receta -caldo de pollo, sofrito, etc-, y yo me instalo en el porche con el PC y me relajo viendo trozos de la final de Roland Garros, que ganó Alcaraz a Sinner, tras 5 emocionantes sets, 6-4 7-6 4-6 6-7 6-7. En ello estaba cuando han aparecido Paqui y José Antonio de visita de cortesía (Paqui no se dejaba ver, todo el día con sus nietos en Motril). Un buen rato de charla y una cervecita fresca y unos culines de sidra. Una vez solos hemos reanudado nuestras actividades: Raquel paella, Alberto tenis. ¿La paella? Pues bastante bien la verdad. A mí me ha gustado, no se me ocurren pegas, mejoras quizás, mejoras como menos tropiezos y poco más. Un éxito la paella, se puede repetir sin duda. Siesta y piscina, 60 largos. |