Qart Hadasht
viernes, 06 de junio de 2025

{ textos copiados de información en el Museo del Molinete }

BASE DE LAS GALERAS DE ESPAÑA


En los siglos XVI y XVII, Cartagena fue un importante puerto comercial y la principal base de los Austrias en el Mediterráneo. A pesar de las sucesivas epidemias, experimentó una progresiva recuperación demográfica. Aunque el interés de la Corona pivotó hacia el Atlántico, Carlos I fundó en Cartagena la Casa del Rey y la Proveeduría de Armas y Fronteras al servicio de los navíos, convirtiéndola en escala estratégica en las rutas marítimas mediterráneas.

Con ocasión de la visita del emperador en 1541, se promovió una nueva muralla que ampliaba el cerco medieval, tenía cubos artilleros e incluía en su trazado el Molinete, que había estado extramuros de la ciudad durante el Medievo. El cerro se denominó "cabezo de los molinos de viento" por la presencia de estas instalaciones cuya producción de harina se asoció a hornos de cocción de pan y bizcocho que abastecían la población, la flota y los acuartelamientos.

Las murallas fueron después ampliadas por mandato de Felipe II y en 1668, con Carlos II, Cartagena se convirtió oficialmente en base de las Galeras de España.

CAPITAL DEL DEPARTAMENTO MARÍTIMO DEL MEDITERRÁNEO


Cartagena experimentó en el siglo XVIII una notable expansión urbana y demográfica y se configuró como una ciudad amurallada y fuertemente militarizada. El Plan Patiño impulsado por Felipe V en 1726 vertebró España en tres departamentos marítimos con capitales en Cádiz, Ferrol y Cartagena. La nueva capitalidad de Cartagena impulsó la construcción del Arsenal y sus astilleros, el Hospital Militar de Marina, el Jardín Botánico, numerosos castillos y las imponentes murallas de Carlos III. Las inversiones realizadas atrajeron gentes de toda la geografía española y europea, acentuando el auge cultural y el carácter ilustrado y cosmopolita de la ciudad.

En el cerro del Molinete se fraguó un nuevo barrio de topografía y trazado irregular. La población trabajadora habitó en casas austeras, que convivieron con prostíbulos y edificios como la ermita de San Cristóbal, un antiguo molino harinero remodelado y dedicado a su patrón por la cofradía de los ciegos.

LA PEQUEÑA MARSELLA


La Cartagena del siglo XIX fue, según el general López Pinto, una "población grande y animada, donde todo era vida, riqueza y civilización." Su puerto fue testigo de acontecimientos destacados de la historia de España. La ciudad se levantó contra el gobierno de la Primera República durante la Revolución Cantonal (1873-1874). Tras la Guerra de Cuba de 1898, la reconstrucción de la flota y el desarrollo de la minería conllevaron una fuerte actividad económica traducida en edificaciones modernistas.

"Cartagena tiene un barrio donde la marea sube, cuando la conciencia baja. En el barrio convivían familias humildes con marineros, prostitutas y gentes de dudoso oficio que ocupaban y regentaban los burdeles y bares del que llegó a llamarse en el argot popular como Barrio prohibido. Por esta barriada, Cartagena recibió el sobrenombre de La Pequeña Marsella." Así resumía el escritor y político Mariano José de Larra (1809-1837) la esencia del Molinete. Un barrio de calles estrechas y empinadas, con viviendas modestas que alternaban con bares como "El Gato negro", cafés cantante como el "El Trianón", y burdeles como los regentados por "La Galatea" y "Caridad la Negra".

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© Zalberto | enero - 2026