 El argumento central y casi único del día es el calor excesivo, propio del verano pero no propio de alcanzar estas magnitudes. Raquel propone que comamos ligero, al modo de una ensalada campera, con su patata cocida, su huevo cocido, su aguacate, su cebolleta, y puede que algún elemento más. Tenemos de casi todo excepto patatas, por lo que decidimos hacer una salida para comprarlas y de paso tomar el aire y, si cuadra, unos vinitos con sus pinchitos. Dejamos a Indi a cargo de la casa, con todos los ventiladores dando caña, el aire acondicionado a tope y las persianas perfectamente en sus justas medidas, y nos ponemos guapos para bajar al Casco Viejo y al Arenal, donde la nena quiere mirar los puestos de plantas para ver de sustituir a las que no han sobrevivido al sistema de riego por ósmosis que se dejó colocado durante las cinco semanas de ausencia alpujarreña -al regresar nos encontramos todas las plantas ahogadas y las pequeñas listas para la basura; de la grande nos queda la duda, pero no muy intensa-. Por las escaleras de Solokoetxe accedemos a la Plaza Nueva. En el bar de las Antxoas nos echamos un vino blanco, un Matarile que nos recomienda el encargado y que resulta ser muy rico. Al ir a salir nos volvemos para dejar encargada una botella -y pagada- para recogerla cuando retornáramos al barrio; ya ves. En el Arenal compramos dos plantas: un helecho para sustituir a la que teníamos en la entrada y una hierba gatera, jeje. Recogemos el Matarile y subimos al barrio. Antes de subir a casa nos tomamos un vinito en el Karlo´s. El día empieza a tomar un cierto cariz alcohólico, nada extraordinario sin duda. Por cierto: hace un calor insoportable. Pasamos el resto del día en casa, viendo tele, mirando el móvil y descansando. Nuestra casa es una maravilla.
Nota.- Estamos venga a dar vueltas a la idea de colocar un toldo en la terraza para amortiguar la luz solar y que sea lo más inmune posible al efecto de las rachas de viento. Ya digo, estamos en ello. |