Alto a los discursos interiores!!!
lunes, 14 de julio de 2025

No más voces insensatas. Confieso que me agrada hablar conmigo mismo más que con nadie en este mundo; puede ser que en otro tiempo sí hubiera con quien explayarme, pero no ahora; Raquel no es de hablar, lo lleva todo por dentro; Raquel es seguidora de la filosofía que se puede resumir en un axioma: «Lo que no se habla, no existe». Yo procedo de un modo radicalmente opuesto, doy rienda suelta a mi voz interior y no le pongo límites, aun cuando muchas veces la intensidad y la profundidad copan y abruman el pensamiento; soporto eso, pero quiero superarlo, es decir, dominarlo. De momento mi opción habitual se limita a acallar la voz dando un bufido y sacudiendo la cabeza simbólica; pero no funciona. Para cerrar el tema, decir que no estoy preocupado ya que es un escollo sencillamente personal, en el que el envite se desarrolla en la inmensidad de la mente y en el océano de los sueños, y en todos los casos soy vencedor y perdedor al unísono. Así que... estoy en ello. Y punto a este asunto.

Hemos hecho brazos con Maite. Poco a poco voy subiendo la intensidad de los ejercicios, aumentando la carga y las repeticiones; pero cuidando mucho mis puntos débiles... codo, hombre, abdomen. Sé que me sienta bien y que lo necesito, por lo que me entrego sin excusas falsas.
Después del ratito físico y de una ducha me he largado a la calle. Hoy el cielo está cubierto y las nubes amenazan con sirimiri clásico. He bajado por Iturribide hasta la orilla de la ría. He cruzado el puente del Ayuntamiento y me he entretenido un rato en la planta -1 del Decathlon, sin compras. Regreso cruzando el puente del Arenal y subiendo al barrio en metro. Salgo en el BM, compro pechuga de pollo y queso Comnté y a casa.
Una mañana de relax, leyendo a Philip Dick y ocupándome de la cocina y del gato. He cocinado las vainas de JuanLuis, con puerros, zanahorias y patata, y Raquel ha planchado las pechugas; además he añadido al centro un tomate pelado y acompañado de trocitos de queso fresco, y espolvoreado con orégano. Una comida de diez. Seguido me he apalancado a seguir con la lectura, mientras Raquel se acuesta a ver series españolas o adyacentes -en esto no avanzamos nada, en fin-.
La cena. Tortilla de calabacín.
Indalecio. Cariñoso y dulce, pasa largos ratos tumbado en su caja nueva, medio dormido medio despierto; Raquel dice que se está haciendo mayor, lo cual es una obviedad, y eso explica su tranquilidad y parsimonia, yo lo achaco a la paz que reina en casa; cada cual lo ve desde una perspectiva, sin más.

#llovizna - #decathlon - #philipKdick

© Zalberto | enero - 2026