 Un día que empieza templado y termina quemándose. Una mañana ocupada en tareas básicas del mundo cotidiano. Llevo a devolver el toldo de Decathlon a una tienda de chuches junto a Correos en Particular de Allende 4. Hago compras en BM; pollo en piezas, etc. Preparo tomate de los míos para la comida del día: bonito con tomate. Tras la comida descansamos al modo habitual. Raquel sale como casi todos los días a media tarde, a su clase de yoga. Hemos quedado en que me llame cuando termine la clase y tomamos unos zuritos dando un voltio. Me corto el pelo, me ducho y me afeito. Salgo con el tiempo justo y en el metro me bajo en la estación de Berastegui, para ir al encuentro de la nena. Y potes por aquí y por allá. Siempre potes y siempre más de la cuenta, pero nos divertimos y eso también cuenta. En Ledesma entramos al bar Ledesma. Y al Casco. Raquel ha estado estos últimos días buscando un restaurante donde comer la semana que viene con uno de sus compañeros del curro de Valencia, el Víctor y su familia, mujer y hija e hijo. He elegido el Mandoya y ha hecho reserva para 10; Virgi, Txerra, Marco, Luis, ella, yo y la familia valenciana. Sin dudar nos acercamos a la calle del Perro a ver por fuera el Mandoya y quedamos conformes, por lo que ya nos entregamos con gran dedicación al artístico arte del poteo... En la Plaza Nueva entramos en el Víctor Montes, por lo cosa del nombre y porque tiene solera; probamos un pincho y echamos un tinto. Hacemos lo propio en otro y en otro. Por los ascensores al barrio. En casa, cerveza en la terraza; Indi se apunta al festejo y juega mucho y muy bien con Raquel, jeje, se pega unas carreritas graciosísimas, jeje. En fin, un día muy a nuestro estilo, de ese tipo del que siempre nos arrepentimos. La dura resaca está garantizada. |