 No me voy a extender, creo que cuatro pinceladas son suficientes para enmarcar correctamente los episodios vividos este miércoles de despilfarros y carcajadas. El eje principal de este miércoles: la comida con el compañero Víctor, de Valencia, que está por aquí pasando unos días de vacaciones, con su familia, mujer y dos hijos, chica y chico, 25 y 18, y una selecta representación de la Telefónica e toda la vida; Virgilio, Txerra, Marco, Luis Rios, Raquel y yo. Se ha quedado en El Globo de la Plaza Nueva a las dos del mediodía; allí nos veremos... Así que he ocupado la mañana en dar una vuelta hasta Bolueta, para pasar por el Mercadona y por el MegaChino, y en ponerme guapo. Chino: pulpos de medidas 60, 80 y 100, rematados en mosquetones, perfectos para la sujeción del nuevo toldo. Y dos chismes de menaje. Y dos brocas del 6 para azulejos. Mercadona: grisinis, café, frutos secos, y enganchada con una tipa absurda que retenía la fila de la caja con un estilo lamentable (le he sugerido que usara el carro para depositar la compra, que era grande, y que una vez pagado todo se podía dedicar con esmero a acomodar los artículos en las bolsas que llevaba al efecto; todo ello en vez de llenar las bolsas en la caja, con gran e indisimulada parsimonia, quizás no esperaba mi intervención, jeje, bueno, en fin). En casa: afeitar la cabeza, duchar y afeitar la cara. Hasta la hora de salir al encuentro de los valencianos me dedico a hacer cosas intelectuales, como leer La expulsión de lo distinto de Byung-Chul Han. Salimos a la una y media, ascensores de Solokoetxe, soportales de la Plaza Nueva.Y a partir de ese momento... un pote en Antxoas y al Mandoya a comer... En fin, el Mandoya... Vino malo, servicio inexperto, cantidades escasas, pero muchas, muchas risas. Una croqueta de aperitivo. Alubias al plato y bandejas con los sacramentos y bandejas con col y piparras. Sorbete y tratas de queso -¡¡¡que levanten la mano los que quieran sorbete!!!-. Pero bien, divertido. 30€ por cabeza. Y a la calle a beber birras. Terraza en la Plaza de la Catedral, la Plaza de Santiago. Al mover el culo con destino el Guggenheim, Luis nos deja, sabe lo que sigue y no le interesa, es un chico formal. Recorremos las orillas de la ría para acompañar a los valencianos hasta el parking de la Plaza Euskadi, con fotos en los exteriores del Guggen. Ya sin obstáculos nos lleva Virgilio a un bar rollo irlandés en la calle Barraincua, casi en el cruce con Heros, el Residence. Y ahí hasta que nos echaron, horas tardías cuando el metro ya ha suspendido las operaciones. Virgilio se lleva a Txerra para que pille taxi a Santurce y nosotros regresamos a casa caminando tan rícamente. Qué gran tarde, qué risas. En fin. |