 Bueno, lo reconozco, nos hemos reído, el desenlace ha tenido su aquel; sí. Todo parecía jugar en nuestra contra, de nuevo los dioses protectores de los ingenieros de cosas sencillas se confabulaban para ponernos las cosas difíciles. Sí, de nuevo la instalación nos resultaba abrumadoramente compleja; algo tan sencillo como colocar unos enchufes empotrados... La caja está instalada de manera impecable -lo sé, este adjetivo no concuerda con el significado, pero me la sopla, aquí yo soy mi personal divinidad y no se hable más-. El sistema SIMON no parecía presentar complicaciones; pero... todo se hace más cuesta arriba si las decisiones de autoinstalación se orientan todas, TODAS, en el sentido inverso a lo correcto. Es el caso. En el primer paso he conectado los cables azul y gris en las piezas de los schukos y las he introducido con sumo cariño en el interior de las cajas empotradas. En el segundo paso he ubicado el esqueleto metálico en su lugar ajustándolo con los tornillitos de las cajas y las pestañas del troquelado orientadas hacia el exterior. En el tercer paso he peleado para insertar el remate de los schukos, con sus agujeros y sus carriles para las tomas de tierra. El último paso, el que ha resultado infructuoso, ha sido la colocación del adorno exterior, la carcasa negra que ha de ajustarse con un click en sus lugares predeterminados. Un fracaso en toda regla, y una desesperación. A ver, una desesperación relativa. Una desesperación que hemos sofocado sentándonos a comer las vainas con patata, zanahoria, cebolla y tomate, y tres tajadas de lomo ibérico adobado; esto siempre templa el ánimo. Lo de añadir cebolla y tomate ha sido una innovación de última hora, de resultado positivo y a repetir. Volviendo al asunto que nos ocupa, ha sido estar comiendo, más sereno el espíritu, cuando de improviso he visto con claridad dónde estaba el error primigenio, el garrafal, el que ha distorsionado todo el proceso: El orden de los factores altera el resultado y no conduce a la solución buscada. Los pasos estaban desordenados. Pasos correctos. Primer paso: colocar la estructura metálica fijándola con los tornillitos de las cajas. Segundo: conectar los cables en sus schukos correspondientes. Tercero: Insertar los schukos en el esqueleto metálico buscando el click mágico, y encontrándolo. Cuarto: Colocar las piezas de plástico que cubren las conexiones de los schukos hasta sus clicks. Quinto y último paso: Poner la carcasa exterior presionando por todo su perímetro haciendo click en los diferentes lugares diseñados al efecto, que son unos cuantos. Pues eso, que ha quedado perfecto; y además es bonito y muy elegante. Y antes de despedirme quiero pedir perdón al gremio de diseñadores de elementos eléctricos para el hogar, porque a pesar de ser unos cabrones, como todo el mundo sabe, en esta ocasión el diseño raya en la perfección ingenieril, y hay que reconocerlo como se merece. Aquí queda mi admiración y mi respeto -hasta la próxima, que seguiré estando alerta y con la pistola cargada, como se espera de mí-. |