 El madrugón gatuno no me lo quita ya nadie. Serían las cinco y mucho de la noche cuando, cansado de aguantar los maullidos y los bufidos de Indi, me he puesto en marcha con la decidida intención de no regresar al tálamo y aprovechar ese tiempo de silencio para supervisar mi pasado telemático, más imaginario que real, pero mío. Tras un buen repaso a mis visitas habituales, monto el tinglado para conectar con Maite a eso de un par de minutos antes de las ocho para nuestra sesión semanal de «piernas». Sin novedad; superando poco a poco los límites del cuerpo y de la mente, que vienen a ser la misma cosa, aunque corrientemente hacemos como que no. Al terminar se supone que íbamos a practicar yoga, pero optamos por darnos un descanso y pasar a otro orden de cosas. En mi secreto mundo interior yo estaba deseando dedicar durante la mañana un buen rato a la lectura de «Tokio Blues», para resolver la ecuación sentimental y colocar todas las variables en un esquema ordenado y coherente. Para ello me visto de calle y finjo tener claras las actividades, todas ellas del rango de "tareas domésticas"; en ese plan. El fingimiento no tendría sentido si no llevara a cabo dos o tres misiones, a saber. Hacer una devolución de Amazon en la oficina de Halcón Viajes de la calle del Piérolas; un pantalón blanco como para hacer yoga que insinué necesitar y que Raquel rápidamente cogió la indirecta y seleccionó uno "al descarte", y que resultó ser bastante ful -devolución al canto-. La segunda misión era más cotidiana: compras de supermercado. Este miércoles le toca en suerte al LIDL de al lado de casa; el motivo es obvio: no gastar tiempo en desplazamientos, para acumularlo en tiempo de lectura. Leche, huevos, yogures, bonito en aceite, cebolletas, lechuga, manzanas, agua con gas y lámpara LED sensor de movimiento. Un surtido variopinto -la lámpara no ha cuajado del todo, aunque está colocada en los bajos del módulo de la caldera para iluminar el escurridor de los cacharros de cocina, ya que el tipo de luz es muy frío y no crea una atmósfera acogedora, de momento ahí se queda-. Subo a casa, vacío el carro, atiendo al Sr. Gato y me instalo en el sofá a leer, tan pichi... Leyendo Tokio Blues me surge la gana de beber mientras... vivo. Por ejemplo, un Vodka con tónica. A Google a por la receta...
Un vodka con tónica se llama simplemente Vodka Tonic. Es un cóctel clásico y sencillo, preparado con vodka, agua tónica y usualmente decorado con un gajo de limón o lima. Vodka Tonic: - Llena un vaso con hielo.
- Agrega el vodka.
- Completa el vaso con agua tónica.
- Decora con un gajo de limón o lima.
Al terminar el rato de lectura y antes de ponerme en modo «cocinero» he realizado un par de transacciones en Amazon: una, una botella de Vinagre de arroz chino; dos, un libro que recomienda Murakami, Pechos y huevos, de Mieko Kawakami. Ambas cosas deben de llegar mañana mismo; ya informaré. El menú del día tiene pocas complicaciones y acapara apenas unos minutos de la mañana: guisantes con salchichas ibéricas desmenuzadas en el wok. Ni tan mal, estaba suculenta la comida. Redondeé el menú con un pepino con Tashiki y un tomate al orégano y al requesón. Y el resto de la tarde... lo habitual. Relax y lectura. Un trasiego tranquilo por los diales del mundo onírico de las ondas hercianas: retazos de tenis y fútbol, trozos de pelis y programas extraños. Un navegar sin rumbo fijo por la inoperancia mental de nuestro tiempo. Y un dejar correr la tarde hasta sentir cerca la hora de ir preparando la cena para cuando regrese a casa Raquel, después de sus yogas y sus cosas de tiendas y demás. Tortilla de setas y de nuevo pepino y tomate. En la cama... la tele, una serie española basada en hechos reales, «Asalto al Banco Central»; bastante mala, pero no se lo digas a Raquel, que se enfada, siente pasión por cualquier cosa manufacturada por españoles -también por argentinos, italianos y gitanos-. No sé cómo suena un día así de mi vida de ahora, pero cuando hago un poco memoria y echo la vista atrás puedo estar seguro de que me merezco una temporada ocupada en mis cosas y mis movidas; lo merezco y lo necesito, el final ya se siente y no busco utopías ni metas, busco la tranquilidad y el reposo. En ello estoy y no me resulta fácil; siempre acelerado. nunca sosegado. |