Francesco Guicciardini: Ricordi. Consejos y advertencias para la vida civil y política
1 comentario miércoles, 26 de noviembre de 2025

Solo hay dos tipos de pensadores políticos. Unos nos cuentan cómo debería ser el mundo: imaginan utopías, lanzan revoluciones o ayudan a los políticos a ganar elecciones. Otros se limitan a describir crudamente cómo es la realidad y sirven para que seamos conscientes de las debilidades humanas.

Para mí, los segundos —entre los que se hallan Maquiavelo, Michel de Montaigne o Isaiah Berlin— son mucho más interesantes que los primeros, aunque a veces inviten al pesimismo o la resignación. Otro de sus principales representantes, Francesco Guicciardini, ha sido poco conocido en España hasta ahora. Yo no lo había leído. Pero el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Jorge del Palacio acaba de traducir y editar maravillosamente su libro de pensamientos Ricordi. Consejos y advertencias para la vida civil y política, que publica Alianza Editorial. Se trata de un volumen pequeño pero impresionante: las ideas de Guicciardini, con frecuencia sombrías o crudas, nos dicen mucho sobre el presente político y sus miserias.

Guicciardini nació en Florencia en 1483, cuando la ciudad-Estado gobernada por Lorenzo de Médici vivía el momento culminante del Renacimiento y estaba orgullosa del “vivere libero e civile”. Pertenecía a una de las grandes familias florentinas que habían contribuido al poder de los Médici e hizo carrera política y diplomática. Pero esa época de esplendor, una incipiente democracia y un arte memorable estaba llegando a su fin. Se iniciaba una dura y violenta transición hacia el absolutismo. Guicciardini consiguió sortear los múltiples cambios de régimen y las guerras de la época, trabajó para la Florencia ilustrada pero también para la Iglesia de Roma, y fue anotando a lo largo de su vida sus percepciones sobre el poder, el éxito, la guerra, los cambios de régimen, la crueldad, el lujo y el miedo. Es decir, sobre la política. Las anotaciones de Del Palacio sirven para contextualizar e interpretar cada comentario, y también, aunque no de manera explícita, para ver hasta qué punto las ideas de Guicciardini nos ayudan a comprender nuestro mundo, que quizá se encuentre también en una transición hacia nuevas formas de autoritarismo.

Realismo crudo


Guicciardini es un realista. Quiere aconsejar a sus lectores cómo comportarse para triunfar en un mundo en el que la mayoría de los hombres no son “buenos y prudentes”, sino “imprudentes o malvados”. Guicciardini cree que la mayoría de los planes que hacen quienes se dedican a la política son estériles, dado que casi todo sucede por obra del azar, y no por voluntad humana: “Si bien la astucia y las diligencias de los hombres puede suavizar muchas cosas —dice—, no bastan solas pese a todo, sino que aún necesitan la buena fortuna”. Cree que todos los hombres desean “honor y bienes”, pero que ni siquiera cuando consiguen ambos se sienten felices y ponen fin a su “codicia”. Quienes reciben favores de los poderosos rara vez se muestran agradecidos, dice, y siempre creen que merecen más. Y como todos somos rencorosos, nadie está seguro: “La verdadera y auténtica seguridad frente a quien desconfías depende de que las cosas estén de tal modo que no te pueda perjudicar, aunque quiera”. Como dice Del Palacio, “esta advertencia de Guicciardini resume a la perfección la fuerza de [su] pesimismo antropológico, que invita a una desconfianza radical frente a las intenciones de terceros”. Para blindarse, pues, nada mejor que el poder. “Tener poder sobre los demás es una cosa grande. Y quien lo sabe usar con propiedad atemoriza a los hombres más allá de lo que podrían hacerlo sus propias fuerzas.”

Quiere aconsejar a sus lectores cómo comportarse para triunfar en un mundo donde la mayoría de hombres no son "buenos y prudentes"

Pero Guicciardini va más allá. Dice que los sabios en realidad no pueden enseñarnos demasiado de la vida política; solo la experiencia nos puede ayudar a sobreponernos a cambios y revoluciones. Cree que los “astrólogos” tienen mejor reputación que los sabios porque si los primeros dicen “una verdad entre cien mentiras”, consiguen ser creídos, mientras que las personas instruidas “diciendo una mentira entre muchas verdades pierden la credibilidad al punto de no recuperarla más”. Pero, en un aforismo que parece condensar toda nuestra época, también aconseja a los poderosos que mientan: “Niega siempre aquello que no quieres que se sepa, o afirma aquello que quieres que se crea, porque, a pesar de que haya muchas pruebas en contra, incluso certezas, afirmar o negar algo con firmeza siembra la duda de quien te escucha”. Y cuidado al triunfar: “La buena fortuna de los hombres es a menudo su mayor enemigo, pues con frecuencia los vuelve malvados, superficiales e insolentes. Por ello, para los hombres es una prueba mayor resistirse a ella, que hacer frente a las adversidades”.

"Tener poder sobre los demás es una cosa grande. Y quien lo sabe usar con propiedad atemoriza a los hombres"

Giucciardini fue contemporáneo de Maquiavelo y, de hecho, fueron amigos y tienen mucho en común. Pero el primero es, si cabe, más descarnado. Hacía tiempo que no descubría a un autor con una sabiduría tan devastadora y clara como la suya.
Solo hay dos tipos de pensadores políticos. Unos nos cuentan cómo debería ser el mundo: imaginan utopías, lanzan revoluciones o ayudan a los políticos a ganar elecciones. Otros se limitan a describir crudamente cómo es la realidad y sirven para que seamos conscientes de las debilidades humanas.

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comentarios
1alberto 
26/11/2025 8:54:48
LTX
2025-11-25 05:45:14

Me vale como descripción de los triunfadores de la política actual, pero creo que el Estado democrático moderno tiene que neutralizar la confrontación civil para evitar una lucha de todos contra todos como la de la Florencia renacentista. Hobbes lo dijo claro. Para defender la libertad el estado tiene que garantizar la convivencia y proteger a los ciudadanos. Si dejamos que la bajeza y la codicia se impongan, la mayoría de corderos ciudadanos seremos devorados por la minoría de lobos poderosos. Solo nos quedará alinearnos con un bando. Aceptaremos la mentira del poderoso, aplaudiremos al temerario. Me temo que eso ya está pasando. No me resigno. Basta ya de aceptar lo inaceptable.

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