Son las diez en punto, se abren las puertas del Leroy Merlin de MegaPark, y el chache entra con decisión y las ideas claras. El objetivo es comprar cuatro baldas de 30x60x1,6, dos de color roble, dos de color blanco; además de cuatro ruedas rojas y una sierra de mano para metal y madera. El objetivo más allá de los materiales? montar otra caja para guardar las pesas; una caja la mitad que la existente. Aprovecho el viaje para pillar más cosas interesantes y necesarias; necesarias para ejecutar pequeñas ñapas pendientes. Ñapas tales como aplicar silicona adhesiva en la tira metálica que cubre la junta de la tarima y los azulejos de la cocina. Ñapas como colocar un enchufe en la columna de tras la tele. [...] La caja para pesas ya reposa en su lugar, saturadita de pesas negras (suman 32 kgs: 16 pesas de 1 kg y 8 pesas de 2 kgs). Me ha costado lo habitual; siempre voy improvisando maneras y cada vez me apoyo más en elementos facilitadores de la tarea, como sargentos de esquinas, sargentos de presión, atornillador eléctrico, etc. [...] El resto del día en modo casero, como siempre. Raquel se ha encargado de la comida, ha preparado las acelgas que compramos en Cascante, con una patata, y de segundo un mix de lo que quedaba de pechuga con tomate, unas rodajas de calabacín plancha y unos cherries también plancha; una comida de lujo. Al terminar de comer Raquel se ha pirado a sus cosas de tiendas y tal y cual; tenía, en principio, clase de flamenqueo, pero la Candela les ha salido con que es víspera de Reyes y que se suspendía la clase... jeje, en fin, Candela. Un día productivo en el que estoy esforzándome por mejorar los hábitos para sanar cuerpo y mente, que son la misma cosa, o sea cuerpo humano (es una disgregación que viene de las ideas mágicas y que ya no tienen sentido). Ya se verá hasta dónde alcanzan mis fuerzas y hasta dónde me dejan opción las circunstancias de mi yo, el de Ortega quiero decir, jjj.
La comida de hoy ha sido como una continuación a la cena de anoche: los mismos manjares, similares caldos y el mismo cansancio general, apatía familiar, jajaja. Hoy Tachón ha cubierto la baja de Txetxu, que debutaba estas navidades en su escenario familiar; jeje, El día ha comenzado con la habitual caminata de la nena por Archanda-Artxanda; más maja ella. Sobre las dos y media nos presentamos en Prim; poco después Tachón y, por último, Rebeca, ya pasadas las tres. Del menú no se puede destacar ningún plato novedoso; se han servido clásicos de Esther... caracoles, albondiguillas, sopa, pimientos rellenos (bastante fules, con ese tomate frito de bote que sabe a Orlando...), anchoas, jamón de la paletilla, ensaladilla, gambas y langostinos, y alguna cosa más. En el tema bebidas hemos dado buena cuenta de un set para preparar Apiretol o como se llame esa bebida típica de los Alpes, que Raquel trajo como uno de los recuerdos más curiosos de su viaje relámpago a las tierras del Vesubio; las botellas las compró en el LIDL, venían en un kit, con su caja de cartón y tal. Y a las cuatro y media en casa; apalanque y cena ligera. Un año comienza en el calendario romano gregoriano.
Este año la Nochevieja se cocina y se consume en Prim 37 10-IZQDER, y la Tata y Jorge se ocupan de todo. Hay paletilla de jamón, hay gambas, croquetas, ensaladilla, hay vino, cava, chupitos, y hay 12 uvas para celebrar el fin de año. La movida ha sido tranquila. Los asistentes han sido los previstos; Tachón ha preferido quedarse en casa a sus cosas, y el resto... los cinco de siempre, Esther, Jorge, Rebeca, Raquel y yo. La celebración duró lo justo, las uvas un ratito de charla y a casa antes de la una; y tan ricamente.
Salidita por el barrio tras una sesión de orden y limpieza. Vamos a secar las sábanas a la lavandería. Después compramos una paletilla de cebo ibérico en la tienda de Ibéricos; tiene unas de 3 Kg a 45€, y nos llevamos una para la Nochevieja etc. Después poteo en condiciones (hacemos nuestra primera visita, de inspección, al Karamba en Santutxu 32, y le damos el OK; bueno para repetir. Y a casa a comer un bacalao desalado del LIDL que resultó ser una mierda. Total que me apresuré a preparar tomate casero y luego allí quedó, contaminado por el sabor potroso del pescado. No es buena idea comprar ese tipo de productos en el LIDL, no es buena idea. Y ya en casa... liada padre; incluidos los petas del perejil que se sacó de la manga la nena: una bolsita de hierba que le regaló la misteriosa Nekane (mmm). Y hasta las tantas y en esas condiciones, en ésas. Descanso y adelante.
Toca lentejas; con morcilla en mi caso, con chorizo en el de Raquel. Y poca hostia más. La nena ha ido al centro a comprar los maridajes; sus cosas. Las hostilidades en el núcleo femenino del famulio parece que han cesado de momento; hay tregua. Tengo la esperanza de que se firme un armisticio que tenga una fecha de caducidad lo más alejada posible en el tiempo futuro; pero, en fin.
Pues sí, érase una vez un txoko en Portugalete, jeje. La peña había quedado a eso de la una en Portu, para ir tomando algo; pero yo me retrasé por el asunto «piano en Durango»; jajaja. Me presento en el txoko a eso de las tres menos poco, y alá están todos: Txerra y Amaia, Arantza y Mijavi, Adalberto, Mikel, Luigi, Luis, Marco, Iñaki, y Raquel y yo. Doce soles de personas. Lo pasamos guay. Croquetas, jamón, pimientos con anchoa, revuelto de hongos, pollos asados, de todo, y vino, y chupitos. Yo lo gocé, y controlé el alcohol (Raquel un poco menos o un poco más, según se mire; lo cierto es que no se quería ir a casa y estaba empeñada en seguir con la fiesta... qué muchacha jajaja). Así sí.
Son poco más de las 10 cuando nos despedimos de la familia: besos y abrazos por doquier. De nuevo el día amanece azul y frío, precioso. Hace un par de días que hemos reservado mesa para tres en el Mesón Ibarra, para las dos y media. A mitad de ruta (conduce el peque) paramos en un área a echar gasofa y una meada. Son la una y poco cuando aparcamos en Cascante, en la zona de aparcar de siempre; por cierto que compramos acelgas para nosotros y achicoria para Tachón. Así que un par de potes para hacer tiempo y nos sentamos a la mesa en el restaurante; la chica siempre nos recuerda y se muestra cariñosa, es un cielo. Comemos el menú del día; Tachón, guisantes y pimientos rellenos; Raquel, ensaladilla y pochas; yo, ensaladilla y guisantes. Muy rico todo. Son las cinco cuando dejamos a Tachón en Sani, paramos en la esquina de Prim para que Raquel fuera a casa de su Tata a recoger a Indalecio, subimos al chaval y las maletas y dejo el coche en su sitio de reposo. El resto de la tarde... a descansar del viaje y de tantas emociones. Un viaje perfecto y una experiencia catalana muy por encima de lo imaginado; como para repetir el año que viene (que ya hemos dado el sí a esa repetición).
En fin, que ya estamos en Can Ferrán, con toda la familia. Hemos descansado de cine, la habitación que nos han reservado es perfecta y el cielo luce azul y luminoso tras los cristales. Me he levantado temprano, fiel a mis costumbres. Tachón está en el comedor leyendo, escribiendo, dibujando, y tomando su cafelito mañanero. El resto de la gente va bajando poco a poco. Rubén ha venido a nuestro cuarto a jugar a lo bruto, como le gusta. Y así transcurre la mañana. Raquel y yo hemos dado un voltio por el pueblo, por los caminos que recorren los viñedos del Penedés. Y a eso de las 12 o la una, Tachón y el Fran se han dado el chapuzón prometido y comprometido; son unos valientes, jeje. Y... barbacoa con los elementos clásicos, incluso verduras. Y al mediodía macarrones con besamel y tomate; bien pasados y bastantes infantiloides, en fin. Una siesta y a jugar con los peques al pingpong y a esperar la llegada de la cena de Nochebuena, con sus villancicos y sus alegrías (y sus nervios: es noche de regalos ¡¡¡!!!)
Un día dedicado a poner la casa en orden de revista, esperando la llegada a casa de Raquel, tras su finde largo en Nápoles. He hecho de todo: he ordenado los muebles altos del comedor, he organizado los papeles, he limpiado mantitas, relleno nórdico, sábanas, he ido a la lavandería a darle un secado completo al relleno, he comprado básicos en el BM. Y me he dedicado un tiempo de calidad a la puesta en servicio de mi vello corporal: cuerpo, brazos, cabeza y afeitado. Me siento mejor así...
A media mañana despegan un avión con destino Nápoles en el que las chicas vuelan para celebrar de una manera diferente el cumpleaños de Esther; el 16 cumplió 66 añitos. Por mi parte, la cosa es sencilla, diáfana: acabar con el costo sin prisa pero sin pausa; para que el resto del finde napolitano se ocupe de liquidar el perejil y que al regreso de Raquel ya no quede ni rastro de la mala vida pulmonar. A ello me pongo con gran afán.