1 La dipsomanía es...
domingo, 28 de diciembre de 2025

La dipsomanía es un término antiguo para describir un impulso incontrolable y periódico de consumir grandes cantidades de alcohol en forma de crisis o episodios, intercalados con periodos de abstinencia, a diferencia del alcoholismo crónico donde el consumo es más continuo; se caracteriza por una

La principal diferencia es que el alcoholismo (o Trastorno por Consumo de Alcohol) es un patrón de dependencia continuo y progresivo, mientras que la dipsomanía (o alcohólico Epsilon) es un patrón episódico, con atracones masivos seguidos de abstinencia prolongada; aunque la dipsomanía describe un tipo de alcoholismo, el término médico actual es Trastorno por Consumo de Alcohol, que engloba ambas formas.

#alcoholismo

2 William Faulkner
1 comentario sábado, 07 de octubre de 2023

Una de las compañías más fieles de William Faulkner fue el alcohol, con el que mantuvo una curiosa relación que él mismo consideraba literaria. Hasta el punto de intentar convencer a quienes le rodeaban que sin su botella de Old Crow no hubieran existido El ruido y la furia, Luz de agosto o Santuario, ni siquiera otras ensoñaciones más turbias y como ¡Absalón, Absalón o Mientras agonizo. «La civilización comienza con la destilación», dijo una vez. Su afición por la bebida rivalizaba con las de sus otros dos compañeros de tríada literaria, Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Incluso con la de James Joyce. A diferencia de ellos, sin embargo, a Faulkner le gustaba beber mientras escribía. En 1937, su traductor francés, Maurice Edgar Coindreau, estaba tratando de descifrar una de esas frases barrocas que otra autora sureña, Flannery O’Connor, decía evitar para que su pequeño bote no se empantanase. Se la mostró al escritor, que inmediatamente rompió a reír: «No tengo absolutamente idea de lo que quería expresar», respondió Faulkner. «Verá, escribo por la noche y el whisky mantiene en mi cabeza tantas ideas que luego soy incapaz de recordarlas a la mañana siguiente».

Entre los biógrafos existe diferente grado de compresión sobre el alcoholismo de Faulkner. Joseph Blotner pasa de puntillas por el asunto, no intenta entender la adicción, se limita a dejar constancia de los estragos que produjo en él. Para Frederick R. Karl, la bebida es esencial tanto para mantener a salvo su rebeldía como en su obra. «Si quitáramos el alcohol, es muy probable que no existiera el escritor y probablemente tampoco habría una persona definida». Jay Parini sostiene que había un propósito terapéutico en el alcoholismo. Bebía, según él, para limpiar las telarañas y poner el reloj a cero.

El vino y el brandy no eran los espirituosos favoritos de Faulkner. Le gustaba el whisky. Su bebida preferida era el julepe de menta. Este combinado consistía, según su versión, en una mezcla d...

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#escritor - #americano - #sigloXX

3 Muere Fernando Marías
lunes, 07 de febrero de 2022

Ha muerto Fernando Marías, un hombre profundamente culto, generoso, capaz de reinventarse una y otra vez en todos los planos humanos y culturales y, probablemente, el bilbaíno más alegre, universal, desprendido y creativo que hayamos podido conocer. El escritor nacido hace 63 años fue autor de (al menos) dos novelas memorables, imprescindibles para quien quiera aprender de la lectura y no solo entretenerse. Una fue La luz prodigiosa (1992), sorprendente ficción en torno a un Lorca que habría sobrevivido a los captores y que lucha por abrirse paso en territorio hostil. Hoy se han hecho comunes esas ráfagas de reinterpretación de la vida de autores como el grandioso Hamnet, de la mano de Maggie O’Farrell (Libros del Asteroide) o el recién publicado Melvill, de Rodrigo Fresán (Literatura Random House). Pero aquella novelita de Marías fue todo un anticipo, y bellísimo, de esa libertad de reinvención que supo captar en el drama nacional que encarnó el poeta granadino y que sigue agitando nuestro problema con la memoria.

Y esa capacidad para la reinvención es la que marcó su vida desde los abismos del alcohol hasta su curación total y que reflejó en su segunda (al menos) novela memorable, El mundo se acaba todos los días (2005), un desnudo integral, una inmersión honesta, escandalosa, en las pulsiones suicidas de la adicción capaces de arrastrar a quien más quieres y en los frágiles asideros en que puede sustentarse la salvación.

Hubo salvación para Marías, pues dejó atrás el alcohol, aunque nunca la conciencia de lo quebradiza que es la voluntad, pues fue un militante constante del agua y hasta la cerveza 0,0 era anatema para él. Además, ganó premios como el Primavera con Todo el amor y casi toda la muerte, el Nadal con El niño de los coroneles o el Biblioteca Breve con La isla del padre.

Le conocí en la última Semana Negra de Gijón que fletó un tren propio, una antigualla que fue serpenteando desde Madrid hasta el norte con lentitud, sin un triste bo...

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#literatura - #muerte

© Zalberto | marzo - 2026