Tras demasiados días fuera de mi paraíso, hoy retomo las deliciosas rutinas del hogar. He madrugado para tomar un café de la cafetera roja sentado ante mi PC; la delicia de esos largos y pausados minutos hojeando mi bitácora, los días tal que hoy, las noticias del AS y El Confidencial, todo eso en calma nocturna hasta la luz del amanecer, un auténtico placer. Y cuando ya la hora superaba la de apertura de las tiendas he movido mis ganas hacia las compras y los garbeos con auriculares y música de jazz de Paul McCartney. Indalecio necesita con urgencia renovar sus sobres y sus cosas, así que la primera parada es en la tienda de mascotas de la calle Carmelo; unos sobres Sheba, una latita de buey y un par de paquetitos de golosinas; más tarde, en el BM, un bolsón de pienso verde. En el BM he llenado el carrito con básicos y la comida del día; pechuga de pollo, carne picada (la comida del día: filetes rusos), coliflor (la comida del día), leche, yogures, embutidos saludables (es un decir) y queso de burgos. Antes de subir a casa me paso por la frutería a pillar básicos vegetales; por cierto que Eguskiñe está en Ámsterdam desde el sábado, Jose dice que fumando canutos, jajaja. Cebollas, patatas, zanahorias, pepinos, tomate, limones, plátanos, aguacates y melón. A casa que ya apetece darle un poco más al ratón y al teclado. La comida. Coliflor y filetes rusos (casi medio kilo de carne). La sobremesa. En la butaca, con gato en el regazo, me invade un sopor gustoso y maravilloso... hasta las cinco, que me incorporo y me desperezo para ponerme dedos a la obra. Raquel marcha a sus cosas de clases; hoy le toca baile jazz, pero su profa les ha mensajeado que no hay clase por problemas técnicos en el local; a Raquel casi que le viene bien, pues así cambia planes y se pasa la tarde de tiendas, que es su actividad favorita, jeje; la quiero. La cena. Para compartir: pepino, tomate, ambos aliñados con aceite y sal. En cada plato: una tortilla francesa de dos huevos, uno... leer más |