 Brazos con Maite. Su hijo aterriza en su casa esta misma noche, para pasar unos pocos días; esto ya no le hace tanta gracia como antes, cuando iba muy de cuando en cuando, el clásico pensamiento en positivo cuando no es real y en negativo cuando se materializa -muy típico y comúnmente muy difícil de procesar y menos aún de aceptar; para Maite un imposible en su mente, ella se mueve en un universo de mantras y éste es uno de ellos: adoro a mi hijo y por él haría cualquier cosa-. Y que conste que yo empatizo y me pongo en su lugar, de hecho me pasa lo mismo con Tachón. Tras la clase hago una salida meteórica al LIDL a comprar básicos. He dicho "meteórica" porque hoy tenemos que estar super pendientes del timbre: van a venir los de Celeris a llevarse el portátil del trabajo de Raquel; además de los de Amazon que me tiene que traer un teclado Bluetooth que compré ayer. Nota a psoteriori. Los de Celeris no dieron señales de vida. Los de Amazon sí, y ya tengo un mini teclado muy molón. El resto del día me lo paso en casa, ocupado en las cosas de casa. Señalar que durante la mañana no paré de hacer cosas: cocinar para la comida; limpiar a fondo las tres aspiradoras, desmontándolas hasta las profundidades y saneándolas en la terraza usando el secador mágico de Raquel; cambiar la arena al arenero de Indi; pasar la aspiradora a toda la casa. Raquel salió bien pronto para ir a su clase de yoga mañanero; alegre y pizpireta ha ido ella. Al salir aún le ha dado tiempo de ir de tiendas en plan relax, para darme tiempo de tener todo en orden en casa. Sobre las una y media regresa y comemos la ensalada campera viendo la tele. Después la nena se acuesta y yo me relajo en la butaca con mis movidas artísticas. Aún no terminan las actividades, ya que Raquel va a cantar a Garamendi; ha preparado un par de temas, uno de Rosana y otro de música italiana. Cenamos tortilla de cebolla y calabacín. Indi a punto ha estado de caerse al saltar de la butaca al sofá, ha debido ca... leer más |