1 José Patiño y Rosales
sábado, 18 de mayo de 2024

José Patiño y Rosales: el destierro de la memoria de un español incomparable.

Probablemente, si la palabra ministro estuviera sujeta a un nombre propio de prestigio; este, sería el de don José Patiño y Rosales. Su rastro y huella en la historia de nuestro país ha sido descomunal por sus efectos prodigiosos como estadista y visionario. El sello de sus obras y realizaciones dentro del momento histórico que le tocó vivir y de su trazado profesional, quizás no haya sido igualado hasta el día de hoy por ningún otro prócer.

Es sabido que a la muerte de Carlos II el Hechizado se desató un conflicto descomunal en Europa, pues el anterior monarca no había tenido descendencia. Total que, en un extraño giro del destino, el enfermo rey español cambio el testamento en favor de la propuesta francesa. Como consecuencia, austracistas y Borbones la liaron parda. Finalmente, Luis XIV, abuelo de Felipe V, Borbón francés de 17 años, colocó a su avispado churumbel en el poder, generando un terremoto político en las cortes europeas, no proclives a estos chanchullos, salvo, que se desarrollaran en el ámbito doméstico claro.

En la Guerra de Sucesión y detrás del trampantojo de los argumentos al uso, en el profundo fondo de armario, se dirimía, como no, la hegemonía por el control de los recursos mundiales que importaban en aquel momento. Vamos, lo de siempre. La alianza de conveniencia entre Inglaterra y Holanda, por un lado, y el Imperio Habsburgo, les venía como anillo al dedo a los tres compinches de oportunidad.

Felipe V era un devoto de Patiño. Sabiendo de su probada eficacia y sus capacidades para revertir cualquier situación negativa, le llamó a capítulo. La Casa de la Contratación de Sevilla, en aquella época, era en realidad la casa de los líos. Ya en 1508 se elevaron al Rey Católico denuncias de corruptelas sin cuento y de manejos de evasión de capitales; pero quizás por un extraño empecinamiento, el rey aragonés (Fernando el Católico) se negó a ceder...

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2 1749, el año de la Gran Redada de gitanos
miércoles, 17 de enero de 2024

Raúl Quinto novela en ‘Martinete de Rey Sombra’ uno de los episodios más olvidados y vergonzosos de nuestra historia.

Locura, soledad y muerte son los parámetros por los que se mueve esta historia. Un relato que nos habla del brillo negro del poder y la gloria (y de sus consecuencias). El escritor Raul Quinto, quien ya nos había sorprendido con La canción de NOF4 (Jelyll & Jill, 2021), vuelve ahora con una novela donde recupera las huellas semiborradas de un episodio lleno de sombras y olvido, y uno de los momentos más vergonzosos de nuestra historia: la mayor redada contra la población gitana de toda la negra historia de los gitanos de Europa, sucedida el 30 de julio de 1749 y que supuso el encarcelamiento de unos 9.000 gitanos (2.000 en la primera noche y 7.000 durante el mes que le sigue). Un proyecto ideado por el Marqués de la Ensenada y que contaba con la aquiescencia de Fernando VI, «el rey por fin español» y destinado a renovar la grandeza perdida de España, convencido de que «la paz sigue siendo el camino más seguro para poder ganar la guerra» y con la venia vaticana de Benedicto XIV, «el amigo de la sabiduría, las universidades y la razón ilustrada».

En capítulos vertiginosos y zigzagueantes, con una voz profética, mayestática y oracular hilvana Raul Quinto una prosa hipnótica que nos conduce, como la música del infierno, al desastre. Así, Martinete del Rey Sombra, que acaba de recibir el premio Cálamo, no solo nos habla de ese hecho negro en nuestra historia, la Gran Redada, sino que traza una historia del pueblo gitano y, al tiempo, sigue las andanzas vitales de Fernando VI, su reinado y su vida en la corte. Con ello, Quinto establece nexos con el pasado y la historia remota no solo de España, sino del pueblo gitano, y los ecos de todo ello los puede reconocer el lector actual en el presente: nepotismo, racismo, incompetencia, chapucería, locura y ambición, y las terribles consecuencias de la ceguera que conlleva la búsqueda insensata del di...

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3 Berwick: Un inglés en la historia de España del siglo XVIII
miércoles, 23 de agosto de 2023

James Fitz-James Stuart, duque de Berwick, de Fitz-James y de Liria y Jérica (Moulins, Francia; 21 de agosto de 1670-Philippsburg, Wurtemberg; 12 de junio de 1734) fue un militar anglo-francés, hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra e Irlanda y VII de Escocia y de Arabella Churchill, hermana del duque de Marlborough. En Inglaterra fue I duque de Berwick, barón de Bosworth y conde de Tinmouth, en Francia I duque de Fitz-James, y en España I duque de Liria y Jérica y caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Orígenes y familia
James Fitz-James nació en Moulins, Francia. Era hijo ilegítimo del futuro rey Jacobo II de Inglaterra e Irlanda y VII de Escocia, entonces duque de York, y de Arabella Churchill, hermana del duque de Marlborough. Su padre era católico y puso especial hincapié en que su hijo recibiera una educación católica en Francia. En 1684 regresó a Inglaterra durante un breve periodo y posteriormente volvió a Francia para cursar estudios en el colegio jesuita de La Flèche.1​

En 1685 su padre accede al trono británico. Fitz-James, que se encontraba en París, se decidió por la carrera militar. Entró al servicio de Carlos V, duque de Lorena, y en 1686 participó en el asedio y asalto a Buda (Hungría), que estaba ocupada por los otomanos.1​

En el invierno de 1686 Fitz-James regresó a Inglaterra. Recibió el título de duque de Berwick de manos de su padre en 1687, así como los de par de Inglaterra, barón de Bosworth y conde de Tinmouth.2​ Después volvió a Hungría y combatió en la batalla de Mohács.

Retornó posteriormente a Inglaterra y fue nombrado gobernador de Portsmouth. El rey Jacobo nombró a Fitz-James caballero de la Liga, pero debido a la invasión de Guillermo de Orange en 1688, la imposición efectiva del título nunca tuvo lugar. En 1688 Jacobo fue derrocado, convirtiéndose en el último monarca católico de Gran Bretaña, y Fitz-James se exilió con él a Francia.1​

En 1689 Fitz-James tomó parte...

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© Zalberto | febrero - 2026