Hoy es un día pelín especial por la visita, por fin, al médico para pedir "soporte" con mi tema inguinal, lo del bulto que llevo desde hace semanas empujando para dentro; lo del bulto era algo que no me encajaba lo más mínimo, y aquello del psoas que surgió de la mente poco empática de Maite cada vez me parecía más alejado de la realidad, ella siempre tiende a valorar lo ajeno en base a sus experiencias y no duda en opinar que lo tuyo ella yo lo ha tenido y que esto y que aquello, y desde los inicios esta situación nos ha llevado en varias ocasiones a chocar porque me exaspera que sea tan simple y tan ignorante (lo siento, pero lo es). Bueno, el caso es que hace unos días tomé la decisión de poner el asunto en manos de profesionales y pedí cita para visitar a Leticia y sus compinches, y hoy es el día. El día ha comenzado oficialmente a las ocho menos cuarto, cuando he preparado los trastos para la sesión de brazos con Maite. Lo cierto es que sienta bien poner en marcha los músculos y hacer que la sangre circule fluida por todos los rincones del cuerpo. Tras recoger los chismes gimnásticos he puesto mi atención en mejorar mis prestaciones visual sociales con una ducha, un afeitado y un corte de las uñas de los pies; precisamente de las uñas también quiero hablar con Leticia. Y, nada, como soy bastante intenso y nervioso en cuanto he finalizado los trabajos de adecentamiento, me he vestido con ropa cómoda y me he ido a coger el metro con destino Sani. Creo que no sorprenderé a nadie que me conozca si le digo que me he presentado en la sala de espera del Ambulatorio con más de media hora de antelación, tres cuartos para ser más exactos. Es lo que hay. Piso 2º. Consultas de la zona Sur. El que me sobre tiempo me agrada. He comenzado a leer hace pocas páginas el libro que regalé por su cumple a Tachón, «Teffi. Memorias. De moscú al mar Negro», y lo llevo en mi macutito chino naranja negro, además de las gafas de leer, el paquete de Omé, el paraguas plegable y la...
Raquel madruga para dejar preparado un caldo de pollo, a expensas de colarlo y dejarlo dispuesto para posterior trajín. Sin pausa se prepara y marcha a yoga. Mientras ella está a su cosa física, yo cojo el relevo en la casa: cuelo el caldo y lo dejo listo para cocinar; aspiradora y cambio de piedras en arenero del chaval; recoger la colada y ordenar la casa. A eso de las diez y media, terminado el yoga, Raquel me llama y me propone bajar a dar una vuelta por el centro; acepto encantado. Metro y boca de Diputación. Casa Viva en Gran Vía; compramos cuchillo de sierra y accesorios para desagües de cocina y bañera. Culinarium en Ercilla; nada compramos. De camino al Zara Home hacemos parada técnica en el Serantes para comer unas rabas y descansar de nada, jajaja... Zara Home; tampoco nada. Metro y al barrio. Antes de subir a casa pasamos por el BM (Cointreau, fresas y helado de nata montada) y por la frutería (más coles); Raquel quiere intentar las fresas deliciosas del Serantes. Raquel cocina un arroz muy decente, pero lejos de sus expectativas; le animo lo que puedo. Se va a resarcir preparando unas fresas Grand Menier, en este aso fresas Cointreau, para la merendola; no lo logra: se le quema el azúcar, cachis. Antes de la merendola, yo, tonto de mí, no tengo otra idea más brillante que salir a media tarde a caminar, como un poseso inestable, joder, qué tonto. Al rato de salir ya estoy deseando volver, arrepentido de mi novedosa parida; en fin. De regreso a la butaca doble comemos las fresas con helado y luego el helado a pelo; jajaja. Y vemos mucha tele. Y esto es todo de lo que quiero hablar hoy.
Tras tantos excesos se impone recuperar el cuerpo y el alma. Mientras Raquel acude a una de sus clases de yoga, yo me acerco carrito en mano al BM a reponer materiales alimentarios: un pollo desguazado en sus partes básicas, ya sabes, carcasa para caldo, pechugas para plancha, patas deshuesadas para alegrar un arroz; y verduras variadas y embutidos para felicidad de Indalecio. Ya en casa los tres nos esforzamos con gran determinación en las artes del descanso y la comida sana; Raquel le ha cogido el gusto a las coles de Bruselas y hoy nos ha preparado unas coles de guarnición de una pechuga a la plancha que han dado mucha satisfacción a la digestión comunitaria o algo. Y mucha tele. Estamos dando caña a una serie de las de asesinos en serie, se llama «Encerrado con el diablo», aunque el título original sea «Black bird»; no se entiende esto, jajaja. Va de un tipo rarito con patillas que se carga a unas muchachas jovencitas y luego las entierra y todo el tema; no daré pistas.
En vista de que Esther está cada día más en plan «sus manías y sus caprichos» este arranque de año, con su comida festejo correspondiente, se realiza en el Palomar y se encargan de la preparación de los manjares los habitantes de la casa. Yo me he puesto flamenco y he guisado unas vainas con patatas, para que Tachón esté más cómodo (sí, a comer el día de año nuevo sí ha venido el peque); también he hecho puré de patatas para acompañar al solomillo a la plancha que posteriormente quema la Tata, con gran maestría eso sí. Además de los platos fuertes también se extienden sobre la mesa los restos de la cena y Raquel fríe de nuevo unas exquisitas croquetas de boletus, que le salen fetén. A los comensales no les hemos dado mucha cuerda y a eso de las cuatro y media todos han salido por la puerta llevando grandes y pesadas bolsas con los restos que no se van a consumir en casa; muchos dulce, muchos bebercios, pan, bollos suizos (que la Tata trajo 6 para comer con el jamón, una extravagancia familiar que hace bien en mantener para que no se pierda, y eso). Ya solitos los tres (Indi se ha portado fenomenal) nos hemos puesto manos a la obra dando forma al delicado arte de la ociosidad.
Este año la cena de Nochevieja se prepara y se consume en nuestra casa. Entre los asistentes no está tampoco este año mi chiquitín, pues no le convencen las opciones de transporte al término de la cena. En el menú que hemos desplegado sobre la mesa no falta una serie de clásicos familiares, como jamón, tortilla de patatas (mi especialidad), pastel de bonito (otra de mis especialidades), queso, paté, aceitunas y tal y cual. Y tras retirar los pocos restos de los entrantes damos paso a los platos calientes: croquetas y gambas plancha. Y ya, y de sobra. Todo ello regado con vinos blancos de Navarra y cava. Una vez concluida la cena... damos comienzo al espectáculo, un espectáculo... cinematográfico: sorprendemos al personal desplegando la pantalla grande y proyectando sobre ella la luz del proyector, sobre la que cabalgaban las cadenas generalistas con sus previos a las doce campanadas. Me encargo de preparar las doce uvas a los que desean comerlas (todos excepto Jorge y Esther, los raritos) y finalmente asistimos al evento de fin de año e inicio del nuevo de la mano de un popurrí de presentadores. Todo muy bien. El resto de la noche, hasta eso de las tres, estuvimos viendo cachitos musicales y haciendo risas; y dándole al cava hasta acabar las existencias.
Compras y preparativos. En el BM material diverso para diversas cosas. Boletus para que Raquel haga croquetas. Mayonesa, pimientos y pan de molde para hacer mi pastel de bonito. Gambas para la plancha. Cervezas, Monopol, leche, picoteos. En la frutería las uvas y cosas para guisar. Dejo todo en casa y salgo a dar una vuelta hasta el Corte Inglés, con la vana ilusión de encontrar el Sheba de pollo que le gusta a Indi; pero aún no han repuesto. De camino al centro me como un pincho de tortilla en el Maite. Antes de ponerme cómodo para comer unas coles de bruselas y unos muslitos de pollo al Air Fryer, he salido a secar una colada de sábanas y mantitas a mi lavandería de referencia, pero me he encontrado que estaba con una avería en la persiana y he tenido que buscar otra en la zona, en la calle Mazustegui; prueba superada.
Enésimo retorno al cuerpo, más abrupto para Raquel, con el suyo cuerpo en modo deshabilitado, disabled; llevadero en mi caso. Así que me he implicado a tope en la casa, en la comida y en los mimos, a ambos dos, porque Indi siempre quiere su parte de todo lo bueno, comida y cariños. He preparado el mítico arroz con tomate (usando la Pulpa rica) y huevos fritos; hemos devorado el plato, para sanar las heridas. Y mucha cama la nena y mucho PC y algo de tele yo. He estado viendo un documental de historia que me ha encantado, en el que se dramatiza el encuentro de Metternich y Napoleón , cuando éste comenzada su declive tras el desastre ruso. Muy muy interesante.
El título no alcanza a rememorar aunque sea levemente el espléndido y turbulento (turbulento) sábado que nos vivimos Raquel, Indi y yo. "Un poco de todo" se suele decir, y es bastante correcto, pero no descriptivo, lo sé. Voy a dejar aquí un esquema de cosas para posteriormente, cuando me dé la gana, desarrollar en detalle. El viernes remojé garbanzos para comerlos el sábado. Compras en BM para festejar sábado y domingo. BM: un par de botellas de Barbadillo, queso de Burgos y membrillo, patatas de luxe, almendras, frutas y verduras variadas (brócoli, coles de Bruselas, tomates cherris, peras de tres tipos, patatas, cebollas, etc). Colada de la ropa que usamos en Can Ferrán. Cocinar un caldo de pollo para usar en el guiso de garbanzos. Echar una cervecita en la terraza, bajo el toldo y con Indi retozando en el banco junto a mí, mientras esperamos a Raquel; más bien... Raquel ha ido a primera hora a clase de yoga; su regreso se demora hasta eso de las tres: se enreda con su Tata y su tía Terín (que no responde a las llamadas y todo apunta a ataque de mimos). Cuando por fin vuelve a casa nos triscamos hasta el agua de los floreros y la cosa termina como el rosario de la aurora; en fin. A una hora incierta decido dar por finalizada mi participación en la juerga y me acuesto; la nena aún se queda un rato, con sus Silvio y tirando sopa por el suelo de ¿? (me lo ha confesado ella al despertar); por la mañana ha madrugado para limpiar el estropicio y dejar la casa, sobre todo la cocina, habitable y visible, con éxito he de reconocer. Un sábado de los nuestros.
Este audaz marino del siglo XVI fundó la primera ciudad de Estados Unidos, enfrentó a piratas y hugonotes, y marcó la historia naval española con valentía.
Uno de los grandes marinos españoles, que no han sido pocos, nació asturiano en el siglo XVI, concretamente en el año 1519. Pedro Menéndez de Avilés (1519-1574) se llamaba. Este soldado inmortal fue el fundador de la primera ciudad de los Estados Unidos, San Agustín, situada en la península de Florida. Y no solo eso: ya apuntaba maneras como célebre corsario, despertando el interés del imperial Carlos I de España por su audacia.
A lo largo de nuestra historia, España ha contado con grandes marinos capaces de llevar a cabo colosales empresas. De héroes estamos servidos. Nuestra historia naval está plagada de nombres ilustres que la han prestigiado, haciendo de España el espolón de proa de las conquistas efectuadas desde el llamado occidente e irradiando proyectos científicos en todas direcciones. Pedro Menéndez de Avilés fue no solo gobernador de Cuba, sino además comandante de las flotas de Indias, Adelantado de la Florida, látigo de los recalcitrantes hugonotes, repartidor de estopa consumado contra los malvados ingleses y un sinfín de cargos a los que accedió por su audacia incuestionable. Era un hombre del emperador.
De hecho, uno de los acontecimientos más célebres llevados a cabo por este enorme marino fue poner orden en el proceloso golfo de Vizcaya. Andaban a la sazón los corsarios franceses en un agosto permanente por aquellos pagos del Cantábrico, como Pedro por su casa. Entonces, aconteció que un engolado aristócrata francés necesitado de aventuras fuertes, un tal Jean Alphonse de Saintonge, se llamaba el estirado galo. Era el año 1544 cuando una escuadra francesa atacó en el área de Finisterre a una docena y media de barcos de pesca vizcaínos. Los vascos no pudieron hacer otra cosa que rendirse sin más, pues con los cuchillos de destripe no podían enfrentarse a aquella desc...
Del regreso a casa no hay mucho que contar. Salimos a eso de las once, Alberto padre al volante. Hacemos un par de paradas técnicas y sobre las cuatro y algo dejamos a Tachón en Sani y la nena y yo enfilamos para casa, cansados pero contentos: en nuestra casa se está de cine.