1 El tiempo está revuelto
viernes, 02 de mayo de 2025

He madrugado más de lo habitual, que ya suele ser bastante madrugar. Raquel ha pasado una noche inquieta y cuando me he levantado a mear, sobre las seis menos cuarto, me la encuentro tumbada en el sofá, cubierta con una manta y dormida como un tronco; y la televisión programando, por supuesto, una película truño. Le he despertado con toda la suavidad que he sido capaz de sacar de mí y usando ese cariño le ha llevado en volandas a la cama para que terminara su vigilia confortablemente embutida entre las sábanas; para completar el cuadro de su descanso me ha parecido oportuno irme de allí y dejarle a sus anchas.
He ahí las razones por las que ya antes de las seis se me ha podido ver y escuchar tecleando y ratoneando, con una taza de café con leche asqueroso a mi vera izquierda. Hay que ver qué manía le estoy cogiendo a esa bebida tan popular, ag, café con leche, hasta el aroma que uno se encuentra en las primeras horas de la mañana en casi todas las calles me da repelús, me produce arcadas, vamos que me da asquito.
Raquel se ha levantado al poco rato y se ha ido a su "punto de engorde", que diría Coupland en Microsiervos, a seguir con sus incidencias de Energía y de OLT y todo eso. Yo a lo mío y media hora antes de que abrieran los supers me he duchado y puesto guapo para poner al día el inventario imaginario de nuestro frigorífico particular.
Son las 9 y poco pico cuando desfilo con soltura por los pasillos del BM con el objetivo de comprar elementos básicos, tales como leche, lechuga, jamón Basatxerri y queso fresco de Santi, sal fina, fresas y punto. Antes de subir a casa a vaciar el carrito he parado un momento en donde Eguskiñe para comprar huevos, cebollas y aguacates. Y entonces sí, entonces he subido a vaciar el carrito, y con él despejado he vuelto a la calle, con la intención de acudir a las cosas endémicas del LIDL: los yogures, las cebolletas, los plátanos, las latas de bonito y sardinillas, el brandy de Jerez, las zanahorias y los puerros, los...

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#bexident - #LIDL - #airfryer - #tormenta - #leyendo - #ellargoadios

2 El regreso de Douglas Coupland a la ficción: crónica de una sociedad en ruinas
miércoles, 23 de octubre de 2024

Ha regresado. El tío Douglas ha dejado que la vomitona de sus reflexiones vuelva a quedar atrapada en palabras para compartir con el mundo. Trece años nos ha tenido mirando al techo. Organizando las jornadas entre McEmpleos (así bautizó Coupland a lo que hoy llamamos minijobs) y los esquizoides retazos de las grandes encarnaciones del vacío en la cultura occidental. Pero ha vuelto. Y lo ha hecho a su manera. Con esa atinada capacidad para darle a cada momento su lugar en contenido y forma. Porque si Douglas Coupland (Rheinmünster, 1961) se pasó su primer éxito literario desmigajando los sinsentidos de la sociedad posmoderna, sacándole brillo a los huecos morales y a la emocionalidad anímica de la forma de vida tras la Guerra Fría, ahora despliega nuestra inquietud impaciente, multicultural y desordenada en 60 relatos. 60 bocados que casi coinciden con su edad, de no más de cuatro páginas cada uno y que ha titulado: Atracón (2024, Alianza).
Me quitaría el sombrero si lo llevara. Que desde Generación X (1991), Coupland ha sabido encarnar la desilusión en sus personajes, arrojando luz sobre la desesperanza de las promesas generacionales incumplidas, es un hecho. Tampoco le ha temblado la mano a la hora de hablar de pejigueras tecnológicas, como en su novela Microsiervos (1995). O de la diarrea creativa de la cultura de masas: ahí están los cuentos de La vida después de Dios (1994). Y, por supuesto, sí ha tenido que tildar de «pequeños cretinos» a la juventud de un periodo dominado por la hiperactividad, el mileurismo e internet, como en Generación A (2009), pues también se ha despachado a gusto.
Pero es que, 13 años después de su última ficción, vuelve a sobrecargar los microchips con lo que parece revelarse como una autocrítica muy funcional. Una suerte de ironía radicada en su capacidad para reprochar la impaciencia, la superficialidad y la bulimia de nuestro tiempo, dando a luz a una obra que baila perfectamente al son de esas características. Salvo que, claro,...

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#coupland - #paraleer

3 id 1462 flissbis.com 20041225
sábado, 25 de diciembre de 2004

Diario de un naúfrago a la deriva

«Tienes que romper la barrera del Blues»

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6 de diciembre
La realidad es obsesiva, tiende a repetir tres o cuatro esquemas generales y se aferra a sus consecuencias con un tipo de respuesta imperativa que hace que el sujeto se confunda inevitablemente con el objeto.
Y no hay manera, no logra el Sol batir las murallas del otoño, ni despejar las sombras de tristeza que pululan por el escenario de mi abatimiento.
Me esfuerzo por dotarme de buenos argumentos para tirar hacia adelante, pero no resulta fácil. En todo caso, cuando peor pintan las sensaciones busco refugio en la idea universal de que tras la tempestad llega la calma, de que no hay nada mejor para elevarse que haber caído hasta tocar fondo; aunque en mi caso cuesta determinar el lugar exacto en el que reposan todas las penurias, el sitio en el que las monedas de los deseos tapizan el húmedo agujero negro de los sueños fracasados.
«Bien, de acuerdo, creo que estoy a punto de tocar fondo... menudo consuelo !!!». Música para endulzar la soledad... Explosions in the Sky [Magic Hours]
* * *

Me subo a mi maltrecho ford y conduzco como un autómata: me desplazo silenciosamente, sin rumbo, y el azar me lleva hasta los viejos lugares de siempre. El aire es frío, la humedad anega los sentidos, los pensamientos pertencen al subconjunto de las sensaciones imprecisas: una mezcolanza de melancolía y vacío, un cóctel de imágenes del pasado y de somnolencias imperfectas.
- «Ponme un crianza y un paquete de patatas». Afuera el frío ha desalojado a todos los que como yo necesitan observar el mundo a través de cristales traslúcidos.
- «Son dos con veinte». He decidido que hoy tragaré cuatro o cinco copas de vino, con la obtusa pretensión de predisponer mejor el tiempo pa...

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#flissbis.com - #literatura

4 los pulmones de un restaurante
martes, 20 de mayo de 2003

[Janet y Ernie en un restaurante pensando qué pedir para comer]

  • ¿Has visto la mesa de ensaladas? - preguntó Ernie-. Es increíble.
  • Sí que la visto, Ernie, pero tengo que advertirte que las mesas de ensaladas son los pulmones de un restaurante. Absorben todas las bacterias y las impurezas del ambiente, dejándonos con un aire mucho más limpio.
  • Pensándolo mejor, creo que pediré otra cosa.
    [...]
    Todas las familias son psicóticas. D.Coupland

  • #flissbis - #zalberto - #frase

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