El apoyo que dio Francia tras la descolonización, sosteniendo regímenes por prebendas, es ahora ofrecido por los rusos.
Con anterioridad a la llegada y consolidación de la telefonía móvil, en los contingentes militares españoles en misiones en el exterior se conectaba con casa desde dispensarios de comunicaciones habilitados al efecto en las bases. Una especie de decálogo recogía las claves para el enlace. Un gran cartel presidía el espacio de los recintos prefabricados. El primer punto señalaba: «Nunca llames desde el enojo o la tristeza. Solo conseguirás contagiarles tu melancolía».
Tal premisa debería ser aplicada del mismo modo con África. Quienes divulgamos sobre este continente, deberíamos estar imbuidos del color esperanza que tinta el corazón de la mayoría de sus gentes. Colores alegres y vistosos, como los de los pañuelos con que se cubren sus mujeres. Por el contrario, es el escepticismo lo que ronda mi pensamiento. Cualquier medida o iniciativa para con África, se trueca en fracaso las más de las veces. El empeño de mucha gente comprometida en distintos ámbitos y sectores, hermoso en no pocas ocasiones, y la generosa financiación que solía acompañar los proyectos, reconocida incluso por los receptores, se quedan las más de las veces en iniciativas inconclusas. En fracasos que rasgan la ilusión de quienes los acometieron, y sobre todo, de quienes esperaron y soñaron el bálsamo reconfortante, que luego no fue tal.
Franco contraste el de la dura realidad africana, y el modo amable y resignado con el que la aceptan sus gentes, todas humildes. Es muy difícil no dejarse arrastrar de la desesperanza que invade gran parte de las reflexiones de los occidentales. Es imposible eludir la sensación de considerable fracaso, de la casi única vertiente de acción militar con la que Occidente pretende hacer frente a la amenaza terrorista en la región. Es difícil no apreciar la progresiva y persistente desestabilización saheliana, pese al enorme esfuer... leer más |