 En la última reunión del grupo (o «club») Valdai, celebrada hace pocos días, en este mes de noviembre de 2024, Putin desarrolló algunas reflexiones que, para quienes nos dedicamos a estos temas, son usuales (enseguida lo demuestro), pero ratifican eso que es tan usual, al más alto nivel, y de un modo explícito.
Por una parte, apunta Putin, el mundo está siendo reconfigurado. No solamente por la conocida resiliencia rusa o por el auge chino, o por la gradual pero imparable evanescencia socioeconómica del bloque occidental, liderado, como siempre ha sucedido en el último siglo, por EEUU. Todo eso está ahí. Pero su mera cita es pura descripción, y no contiene análisis alguno. Por consiguiente, en términos académicos no podemos quedarnos ahí: sería demasiado básico.
El análisis —o la interpretación de lo que sucede, si se prefiere— viene siempre después (cuando lo haya). Que es ahora, en esta reflexión. Lo primero que señala Putin es que los cambios a los que estamos asistiendo, debido a la interconexión de los factores descritos en el párrafo anterior, es de un calado equivalente al de Westfalia o Yalta. Personalmente, creo que los cambios a los que estamos asistiendo son incluso mayores. Pero, de momento, dejemos hablar un poco más a Putin. Él plantea que el orden de Yalta ya iba más allá del establecido en Westfalia. No aporta razones, pero es fácil entender eso. Porque el orden de Yalta se basaba en una peculiar superposición de ejes de conflicto: más allá de la mera «razón de Estado» (sin que ésta desaparezca por completo) surgió un eje ideológico (es decir, la cobertura moral o cultural de una base económica) que abarcaba la competencia entre dos modelos contrapuestos (capitalismo y comunismo —me vale «socialismo real», por supuesto, e incluso elevo la apuesta: eso fue lo que dio de sí el «socialismo realmente posible»).
Eso ha terminado, seguro. De nuevo, se puede discutir dónde estamos. Pero ya no «dónde no estamos». Entonces, cojo el testig... leer más |