Al pobre Rubén le pasa de todo. Se ha pegado una galleta al saltar una valla y se ha hecho mucha pupa en el codo izquierdo, tanta que le han enyesado. Las pruebas realizadas apuntan a que no hay lesión, no hay rotura y no hay fisura; pero le han puesto la férula porque se quejaba mucho. Pobrecito mío. Marta está sobrepasada; aunque puede que estas experiencias le sirvan para ir relativizando sus miedos... Veremos. De momento las piernas están intactas. Toquemos madera.
He vivido un día con alguna especificad. La novedad ha estado en la sutil angustia que me ha invadido a consecuencia de abrir el melón de la próxima jubilación. Sí. Ha sido iniciar contactos con CC.OO. para preparar el papeleo de la jubilación y comenzar a darle vueltas al meollo que tendré que afrontar por la drástica disminución de mis ingresos a partir de ese momento vital, esperado y levemente temido. Ya sé que los asuntos de dineros tienen la capacidad de dominar mi pensamiento, produciéndome sudores y malestares físicos variados. Veo venir una temporada en la que me autoasediaré con angustias y temores, una temporada plagada de pérdidas del control mental en la que me veré forzado a poner toda mi experiencia de la vida al servicio de mí mismo. En fin, la jubilación, la merma, la inquietud. Ya se sabe que los acontecimientos del futuro siempre siempre siempre nos sorprenden. Así que lo mejor es tranquilizarse y prepararse para esperar.
Otro tema de ayer. César. Mi quinta visita estuvo marcada por el parloteo incesante al que le sometí; no sé la razón, pero me pasa a veces: quito el filtro y hablo sin pausa... hasta que me digo «basta» a mí mismo; ayer me lo dije al abandonar la consulta. De esta «cualidad» mía me siento incluso un pelín orgulloso. Jejeje. Al regresar al barrio tras la visita cesariana me desvié al Piérolas a tomar algo con Raquel, que me estaba esperando. Ella volvía también de la consulta anual con su ginecólogo; sin novedad es lo mejor que se puede esperar, como así fue. Y a casa a preparar la comida. Tocaba menú sencillo: bacalao rebozado y arroz basmati. Muy saludable y digestivo. Y apalanque. Unas acelgas para cenar y a la cama a continuar viendo la serie de los últimos días: True Story. La serie del cómico negro famoso y multirrico que se ve envuelto en un cristo descomunal por culpa de su hermano mayor parásito (Wesley Snipe). Bien, emocionante, visible, y corta, pocos capítulos. Y Joshua...
Regreso mañanero al hogar. Madrugamos resacosos, pero madrugamos. Y manos a la obra. Desayunar, limpiar, preparar las maletas, recoger la casa. Raquel se afana en limpiar el coche; le queda perfecto. Yo aprovecho que ella está trabajando el exterior para probar la nueva aspiradora de mechero de mano; va bien, tiene poca potencia pero es aceptable. Por cierto, tras estas limpiezas me ha quedado claro que tengo que renovar las alfombrillas; queda pendiente. Y a eso de las diez terminamos con los preparativos. Pero antes de emprender el viaje de regreso nos pasamos por donde Radú a desayunar con pincho y cocacola; estimulante y medicinal. Y a casa. Llegamos sobre las once y media. Qué bien se está en casa. Deshago las maletas y mientras Raquel se hace un apalanque en la cama yo preparo tomate y un arroz basmati con dos huevos fritos. Comemos sobre las dos y a reposar. Cenamos las acelgas que hemos traído de Santelices y a la cama a ver serie nueva: En el Lago, una serie rusa apocalíptica, de virus mortal y eso; tiene buena pinta. El reto del día haciendo el vago.
Madruga el poeta y madruga toda la cuadrilla. Pero esta vez madrugamos con ganas, con unas irreprimibles ganas de preparar el escenario y meter al rapsoda en el coche para depositarlo en su casa bilbaina y de seguido regresarnos al pueblo a continuar las minivacaciones de Semana Santa. Esta historia siempre tiene giros inesperados, o levemente esperados. Pero el cambio de planes respecto al viejo se hizo inevitable, se trataba de vivir o morir. Y una vez regresados al pueblo sin la presencia de Jesús, entonces sí, el tiempo, las horas y los minutos adquirieron el componente vacacional, las sensaciones que el ocio colocan ante nuestras retinas y que nos hacen ver el mundo con un sutil matiz diferente, como más luminoso, o algo así. Y por fin el relax. Raquel preparó carne de cerdo guisada con patatas. Una preparación aderezada en la terraza con unas copas de vino y unas cervezas. Una comida que precede a una buena siesta. Una siesta que es preludio de un pasear hasta las tirolinas de Valterria. Unas horas felices sentados en la terraza de Valterria, viendo asomar la luna por sobre Dulla y disfrutando de unas hamburguesas ya anochecido el día. Un cambio de registro necesario: adiós al poeta, hola a la tranquilidad.
Madrugamos mucho, demasiado. 6 AM: aporreo en la puerta "El desayuno está listo" "A levantarse todo el mundo" De nuevo comenzamos el día peor de lo que terminamos el anterior. De bronca total con el viejo. Así que con esas sensaciones en el paladar nos vestimos con los atuendos montañeriles y nos vamos a caminar por Paño, por sendero bajo Dulla y regreso por sendero de Pedrosa. Antes de volver a casa a preparar la comida nos echamos unas cañas en donde Radú, tan rícamente. Después de comer arroz con verduras y pollo, nos echamos la siesta. El poeta andaba dando el peñazo al vecindario y a nosotros también. Raquel se levanta de la siesta antes que yo y sale a darse un voltio y de paso a buscar a su padre, y tal. Yo me quedo en la cama descansando hasta que escucho unas voces en la sala. Me levanto y me encuentro a Jesús acompañado por unos vecinos, que le traían cogido del brazo: se acaba de dar un piñazo al montar en la bici, al doblar esquina mismamente. Lleva un golpe en la frente y otro más grave en su autoestima, el orgullo herido. Y, claro, los dos ahí, en la sala, frente a frente, entablando un diálogo imposible. Vamos que le doy un repaso, pese a sus intentos de tirar balones fuera, pese a excusas, pese a lo que pese. Al rato regresa Raquel. Como ya nos ha cortado el rollo optamos por no salir y cenar y descansar. El poeta no, el poeta se las pira a dar una vuelta; son las ocho más o menos. Se hace de noche y el poeta no aparece. Quitamos la tele y nos preparamos para dormir; difícil, pero lo intentamos. El poeta aparece a las doce y media, en un estado aceptable, eufórico y satisfecho de sí mismo; Raquel le manda a dormir y le dice que a la mañana siguiente nos volvemos a Bilbao, que esto se ha acabado; él lo acepta de mala gana, intenta colarnos el gol diciendo que él se queda diez o doce días mas, que se las arregla muy bien solo, etc; Raquel le dice que a la cama y a callar, que mañana nos vamos. Un día intenso, tremendo, de los de ...
Esto da para mucho. Maite y el tren inferior. Colada, ducha y aseo general. En Decathlon 2 pantalones cortos azules muy veraniegos, un ligero cortaviento XL azul tenue. En la cocina se han preparado unos macarrones integrales aliñados levemente con su lata de bonito del norte en aceite. Y una siesta de butaca. A media tarde regresa también del Decathlon mi amada Raquel, con sus compras bajo el brazo: zapatillas ultraligeras, pantalones monte oscuros chulos, vestido corto veraniego y verde, calcetines y paf. Todo muy propio. Cenando vainas con sus huevos. Y en el momento de la preparación del acueste nocturno hete aquí que da señales de vida el poeta; en esta ocasión ha sido la nena la que ha generado la llamada inicial, la que ha despertado al monstruo...
Nota Jesús.- ¿Mis pantalones? ¡¡¡He perdido mis pantalones!!! Nooo, están en la bolsa que llevas en la mano. En fin, mucho de lo suyo. En esta noche tocaba el victimismo aderezado con dosis altas de sainete cutre. Cuesta creerle, cuesta. Raquel quiere pensar que está perdiendo la cabeza. Para mí es como un dejá vú de lo sucedido meses atrás, cuando se puso el mundo por montera y buscaba hembra libre a la que dar un buen repaso carnal y emocional. Puede ser que ahora estemos en las mismas; de hecho yo me pregunto «¿quién es Francis?»; porque ahí hay tema, lo hay, y el poeta bien que se encarga de escurrir el bulto para no dar detalles del asunto. Con él nunca se sabe, siempre da la impresión de estar tramando algo turbio e inmanejable. Veremos. El caso es que se pasó por casa, se sentó en una silla y nos dio un recital completo de ayes y porqués y qúemepasas; una locura total. Raquel tuvo que insistir para que se largara, ya que él quería quedarse un rato, probablemente esperaba el mejor momento para recitarnos unos versos sublimes de los suyos... Hay certeza en todo esto.
Y por fin llegó el día: la fiesta de despedida de los nuevos 11 prejubilados del CSD.
Estos son los afortunados:
Patxi
Luigi
Marco
Ernesto
Carlojas
Tino
Txetxu
Jon Ander
Yuju
Arroyo
Samperio
Antes de entrar en detalles sabrosos, unos datos técnicos del acontecimiento. Finalmente nos congregamos 51 personas es el Palacio Larrea, en Baraka. El menú costó 40€ por cabeza. Y constaba de: Jamón serrano. Paté con tostas. Rollito vegetal (rico). Bacalao el pilpil (rico). Solomillo de cerdo. Tarta de hojaldre con helado. Cafelito y copita. Y de digestivo un destornillador.
El comedor era cómodo, amplio, y para el bailoteo y la música cumplía perfectamente. Lo cierto es que estuvimos a gusto. Yo me senté entra Luis y Pedro, con toda la cuadrilla de chicas enfrente, Raquel, Arantza y Arantza y su Javi; a la izquierda de Luis Amaia y Txerra, a la derecha de Pedro se sentaron Carrasco, Oca Y Josean, y frente e éstos Angel y Carmelo; presidía esa esquina Virgilio, en su apogeo, jajaja.
La entrega de regalos la hicieron las chavalas, que se repartieron a los homenajeados. Cada bolsa de regalo constaba de un reloj analógico Viceroy y un cuadro con montaje made in Txerra de los 11 jubiletas.
Y se remató la estancia en el Larrea con la musiquita preparada hábilmente por Raquel en una lista del Spotify. Ese rato lo disfrutaron los de siempre, muy bien. Yo me dediqué al charloteo con unos y otros y con salidas esporádicas a la terraza a fumar y charlar con lo más golferas de la banda, jeje, léase Virgi, Morgan, etc. Al salir del Larrea fuimos al The New Vos, ése al que vamos siempre que hay que bajar escaleras, que pone ...
La teoría establecida sobre la ruta por la que los pueblos de la Edad del Hielo alcanzaron el continente americano ha sido refutada por los científicos. Un estudio genético sin precedentes concluye que su supuesta ruta de entrada por un corredor entre Siberia y Alaska era “biológicamente inviable" para los primeros pobladores.