El día promete altas temperaturas, promete clima veraniego. El día es perfecto para ponerme guapo y bajar al centro a hacer compras. Me quito la pereza de encima, me coloco los auriculares, selecciono una lista de YouTube Music de country rock, me doy el lujazo de vestir bermudas y zapatillas sin calcetines y accedo al Casco Viejo por las escaleras de Solokoetxe. Cruzo la ría y contacto con Raquel, que ha bajado al Corte Inglés un rato antes que yo. Está eligiendo unos muñecos para Irati. Le digo que espere, que estoy cerca. Raquel está en la planta 4 y ya ha echado el ojo a unas cajitas de muñecos; son carillas pero a la nena le molan, según me ha chivado Marta. Además también ha estado husmeando en una zona llena de fricadas de StarWars y similares; algo para Mikel. Después de mirar un poquillo nos quedamos con un vaso térmico hermético con diseño de la saga; lo mismo sirve para llevar café caliente que una bebida fría; no es gran cosa pero le gustará fijo. Raquel me endiña los regalos y separamos nuestros caminos, yo marcho de tiendas en búsqueda de ropa para moi y ella para sí; jajaja. Recorro un pelín la Gran Vía, Bershka, Pull&Bear y por fin triunfo en Springfield. Me pruebo unos pantalones vaqueros de una azul muy oscuro: me encuentro cómodo y me veo bien. Decido comprar dos pares, los primeros oscuros y otros más color habitual. De paso pillo dos camisetas de manga corta, una negra y otra de un gris raro. Las camisetas salen a 15€ las dos y los pantalones a 55€ los dos. Sin quererlo he pillado dos promociones de ésas de dos por menos de sumar dos. Gasto 70€. De la Gran Vía me paso al Decathlon a recoger unas zapatillas que compré online; pero aún no estaba completado el pedido; habrá que esperar; da igual. Y ya que estoy allí me doy un breve garbeo por las filas. Y sé lo que quiero: calzoncillos slips XL (me molan mogollón y ya tengo 6), una camiseta negro super básica y un par de calcetines de avasallador color rojo. Gasto una miseria q...
Un día desapacible en el que salir de casa no motiva. Durante la mañana me he entretenido pintando la pared del espejo grande del dormitorio (añadiré foto). Raquel también pinta: la lámpara del cuarto pequeño, y le está quedando dabuti, la verdad. ¿Qué más? He preparado un plato combinado para comer; vainas, arroz basmati y chuleta de cerdo; muy bien. Las obras de la fachada no es que vayan viento en popa, pero van; esta mañana ha estado por aquí Boris con un tipo trajeado, supongo que el arquitecto, echando un vistazo al estado de las obras, que de momento han llegado hasta dar por finalizada la parte de recubrimiento con aislante de todos los paños, incluido el paño de las ventanas de la escalera del portal. Manejamos la información de que en breve se recibirán las losetas que completarán la fachada ventilada; se verá. Después de comer, apalanque viendo capítulos de la miniserie del psicópata gay que mataba a diestro y siniestro... Dahmer, ufff.
A primera hora, tras la clase de Maite, me ducho y me voy a Medina a comprar cosas. En el Chino Power he comprado una escalera para el pueblo. En Mercadona he hecho acopio de bebidas y materiales diversos. Un paseo de buena mañana en el cocherito, escuchando mi musiquita, etc, es un puto placer. A repetir.
Un día muy productivo desde sus arranques y muy lúdico en su fin de fiesta. Hemos pintado la pared del salón de Santelices con el color Rojo carácter. Modelo RGB de #823c2f, rojo inglés.
ROJO INGLÉS
Hemos dado dos manos y ha quedado perfecto, incluso... perfecto. El mueble reciclado en blanco lo hemos colocado en su lugar definitivo, con su lámpara de tulipa clásica a su lado; ha quedado una esquina muy vestida y elegante. Así que se puede decir que vamos bien. Al mediodía hemos intentado comer en el pueblo, pero carecíamos de efectivo y el cajero del pueblo estaba averiado. No nos ha quedado otra que freir unas patatas, unas tajadas de lomo y abrir una botella de tinto navarro Mercadona. Una comida rápida y sabrosa. Y sin pausa hemos dado la segunda mano; la primera mano la he dado antes de comer. Y a partir de ese momento... vinos, birras, petas y muchas fantasías decorativas y mucho pedete. Muy divertido.
Primer día completo en Órgiva en estas atribuladas vacaciones del 2022, un año para olvidar, o... ¿para recordar? Al ser domingo y estar los comercios de alimentación cerrados no nos queda otra que salir a comer fuera del corijito. Antes de mover el culo del cortijo era obligatorio el bañito piscinero, y he aquí la grandísima sorpresa: ¡¡¡Soplillos nos observaba sereno, sentado con elegancia en las escaleras del porche!!!. Ahí le teníamos, despelujado como el año anterior, pero vivito y coleando. El chaval ha tenido suerte ya que en la caja el año pasado guardamos las latas de su comida sobrantes; así que pudimos prepararle su menú favorito sin tener que pasar por la tienda: bol de leche fresca y bol de taquitos los que le gustan. Y cómo se aplicaba el muchacho. Es viejito, pero es. Habrá que cebarle para que se recupere lo máximo posible. Lo cierto es que a lo largo del día se pasaba por se restaurante personal cada hora y poco. Qué alegría más grande.
El plan para este domingo es dar una vuelta por el pueblo, a ver el ambiente festivo que por allá se intuía al ser jornada electoral, elecciones autonómicas marcadas por el descalabro socialista y el posible auge de VOX. Así que nos ponemos en marcha a pata, para no depender del coche, el alcohol etc. Hace un calor de la hostia. Parada técnica en el Empalme, para coger aire y echar una birra con tapa de diseño... Y al pueblo. Al Molino Viejo, a ver cómo están por ahí. Mucho calor, mucho sudor, y un par de cañas con sus tapas tradicionales, bastante corrientes esta vez... esperemos que mejoren la próxima. Y a comer al Limonero. Menú. De aperitivo un par de empanadas rollo argentino. Bife de chorizo argentino, una especie de entrecot muy sabroso. Una pieza de cerdo hecha a baja temperatura y mucho tiempo, sedosa y sabrosa. Una botella de Calvente. En la terraza del Limonero, un gintoni sudando como perracos. De regreso al cortijo hacemos parada técnica en el Empalme para echar ...
Capítulo 1 {De cómo empezar una jornada saludable}
Me he levantado con un saco de buenos propósitos a la espalda. Deporte, alimentación y superación de malos hábitos. A las 5 y pico ya estaba arriba; el puto Indalecio sabe muy bien cómo sacarme de mis casillas; aunque tampoco hay que exagerar, pero hace lo suficiente como para que elija la opción de salir de la cama y comenzar el día antes de lo previsto. Un rato de ordenador, un café, un soltar lastre y a eso de las 7 me disfrazo de atleta y me subo a la elíptica. Mucho tiempo ha de la anterior sesión sobre la máquina; varios meses; cosas de mis dolores de hombros. Así que bien, media hora larga sudando como un poseso; y a continuación clase de piernas con Maite. Arrancar así tiene su parte guay; apetece salir a la calle y buscar actividades en las que desfogar aún más endorfinas de ésas. Lo primero es lo primero; hacer compras en el BM: muchas ORO, bacalao desalado y espinacas y cocacolas, y alguna cosa más. Una salida habitual para reponer víveres en la nevera. Una excusa perfecta para airearme por las calles del barrio. Pero aún me apetecía moverme un rato más y no fue necesario romperme mucho la cabeza. Tenía previsto acercarme al Corte Inglés a cambiar de talla una camiseta que me había comprado el jueves Raquel, una L por una M, y lo hice. Un paseo por las escaleras de Solokoetxe, Casco Viejo, Puente del Arenal y Corte Inglés 3ª planta. Al salir del Corte hice una fugaz pasada por el Springfield y por el Bershka; sin éxito, pero sin más. Una mañana perfecta para caminar; fresquito bilbaino, bermudas y auriculares, mochila verde y ganas de relax. Al subir al barrio me doy un pequeño homenaje soplándome una Alhambra en el Jarritas, tan a gusto.
Capítulo 2 {De cómo lo saludable suele durar bien poco}
Al subir a casa, alrededor de las doce y media, Raquel tiene una propuesta mejor que preparar garbanzos de vigilia: salir por el centro a hacer unos ma...
Domingo de calor intenso, y además bastante inesperado. Hemos dedicado el día a pasear por la ría y a visitar la expo de coches del Guggen. A primera hora hemos dejado a Indalecio al cuidado de la casa y hemos salido a caminar. Escaleras de Solokoetxe, Arenal, Campo Volantín, ascensor del Puente de La Salve, Guggenheim. La expo de coches? una chulada. No me esperaba que la muestra de automóviles me resultara tan atractiva. Allí hay de todo: coches antiguos, reliquias de los inicios, prototipos increíbles, modelos clásicos de todo tipo; en fin, un despliegue de diseño y arte digno de un museo como el nuestro. Tras la visita nos echamos una caña y un bocadillito de jamón en la terraza del museo, sentados a la sombra y disfrutando de una mañana calurosa y soleada. El plan original era comprar unos chipis y ensaladilla en La Oka, pero estaban agotados. Así que dimos un giro al plan mañanero y decidimos comer en algún restaurante, a pesar de que a esas horas conseguir sitio no parecía tarea fácil. Pero hubo suerte. En la calle Diputación probamos fortuna en el Amaren, un restaurante enfocado a las carnes a la parrilla. Y, ya digo, tuvimos suerte. Nos prepararon una mesita estupenda y nos dispusimos a comer... Menú: ensalada de ventresca y chuleta deshuesada de vaca vieja. La ensalada muy sabrosa, y al chuleta... fabulosa. Nos presentaron la carne a medio hacer y ya cortada, y en lo alto de la mesa una parrilla con sus brasas ardientes. Qué rico todo. Y bien mojado con una botella de cava. Después de tan buena comida optamos por regresar al barrio en metro; demasiado calor. Y en le barrio? Más copas de cava en La Jarrita Helá. Unas cuantas y un cierto pedete espumoso. Pero bien, muy a gusto. Y terminamos el día en casita, controlando lo mejor posible las ganas de seguir dándole; pero controlamos. Raquel se acostó a ver tele y yo le seguí poco después, tras dejar la casa en orden de revista. Un domingo en el que Joshua también tuvo...
A las 18:30 y a las 19:00. La reunión se ha saldado con la opción «vinilos» para cubrir los cristales de la escalera, es la opción gratuita. El resto de temas han sido banales y de tipo chismorreo.
Anda el viejo un poco jodidillo de la cosa respiratoria. Raquel ha pedido hora con el Dr. Hernández y para allá han ido. Todo en orden. Le ha recetado cosas para lo suyo de los bronquios y ya. Todo como siempre. El Jesús ha bajado esta mañana a toda leche al LIDL a hacer compras, porque se había quedado sin Baileys, el muy pirata. Se ha subido el carro del LIDL hasta casa... ¡¡¡!!! Es un figura. Preparo vainas y pechuga a la plancha. Rico y saludable. Perfecto menú para un descanso al inicio de la tarde... A eso de las tres nos ponemos en modo siesta, Raquel en la cama y yo en la butaca. Pero suena el teléfono: alguien ha recogido al poeta en las escaleras de la Biblioteca de Bidebarrieta con signos de mareo y palidez sospechosa. Así que Raquel se prepara a toda leche y sale al rescate. Al cabo de una hora regresa: han regresado en taxi y han dejado al rapsoda en su casa, en pijama y acostado; hablo en plural porque también se ha cercado al lugar de los hechos la hija mayor, la Tata, la Esther. En fin.
Y por fin llegó el día: la fiesta de despedida de los nuevos 11 prejubilados del CSD.
Estos son los afortunados:
Patxi
Luigi
Marco
Ernesto
Carlojas
Tino
Txetxu
Jon Ander
Yuju
Arroyo
Samperio
Antes de entrar en detalles sabrosos, unos datos técnicos del acontecimiento. Finalmente nos congregamos 51 personas es el Palacio Larrea, en Baraka. El menú costó 40€ por cabeza. Y constaba de: Jamón serrano. Paté con tostas. Rollito vegetal (rico). Bacalao el pilpil (rico). Solomillo de cerdo. Tarta de hojaldre con helado. Cafelito y copita. Y de digestivo un destornillador.
El comedor era cómodo, amplio, y para el bailoteo y la música cumplía perfectamente. Lo cierto es que estuvimos a gusto. Yo me senté entra Luis y Pedro, con toda la cuadrilla de chicas enfrente, Raquel, Arantza y Arantza y su Javi; a la izquierda de Luis Amaia y Txerra, a la derecha de Pedro se sentaron Carrasco, Oca Y Josean, y frente e éstos Angel y Carmelo; presidía esa esquina Virgilio, en su apogeo, jajaja.
La entrega de regalos la hicieron las chavalas, que se repartieron a los homenajeados. Cada bolsa de regalo constaba de un reloj analógico Viceroy y un cuadro con montaje made in Txerra de los 11 jubiletas.
Y se remató la estancia en el Larrea con la musiquita preparada hábilmente por Raquel en una lista del Spotify. Ese rato lo disfrutaron los de siempre, muy bien. Yo me dediqué al charloteo con unos y otros y con salidas esporádicas a la terraza a fumar y charlar con lo más golferas de la banda, jeje, léase Virgi, Morgan, etc. Al salir del Larrea fuimos al The New Vos, ése al que vamos siempre que hay que bajar escaleras, que pone ...
Esta mañana he salido a caminar por la orilla de la ría, como siempre, pero con una variante: he subido las escaleras del puente de la Salve y he caminado por la orilla del Guggenheim hasta cruzar por el puente Euskalduna y así llegar a Sani. Una variante leve pero guay. En casa, el peque lo tiene todo en perfecto estado; hoy había dejado las ventanas abiertas de par en par ¿?. Tras la parada técnica en casa he regresado a Santutxu en metro; hay que cuidar las extremidades, no hay que abusar; de hecho hoy he vuelto a fantasear con practicar el tranquing por el Paño y por Dulla... placer insuperable; veremos. Y de regreso a casa? Pues poner una colada y preparar lentejas con morcilla. Y tranquilidad sobre la butaca mientras Raquel conversaba animadamente con sus compañeros tratando el emergente tema del Movistar Home, joder, jajaja. Y ahora escribir y teclear con fervor. Y no pienso hablar de Ucrania.