Este jueves se presenta un tanto diferente. Arrancamos el día con una sesión de piernas con Maite, que se ha despertado con ganas de provocarnos unas buenas agujetas; pero la queremos bastante. Y una vez concluida la clase empieza lo bueno... Inciso. Creo que no he dicho que hoy salimos de viaje de minivacaciones a Salamanca; no, no lo había dicho. Pues sí, a Salamanca que nos vamos, hasta el domingo, tres noches, cuatro días. Así que los preparativos son importantes; maletas repletas de todo tipo de cosas: ropa para buen tiempo, calzado para buen tiempo, cables y cacharritos frikis, medicinas y cosas de aseo, etc. De todo, hay que llevar de todo. A media mañana interrumpimos los preparativos para llevar al chaval a casa de Esther; como siempre, va muy contento, jejeje, qué capullín. Más preparativos. Cocino un tortillón de patatas para el picoteo a mitad de camino; Raquel le lleva un pincho a Terín, que la pobre se ha hecho socio premium de las Urgencias de Basurto... Y nada, a eso de las doce y media nos ponemos en marcha, en dirección Oeste, con destino Salamanca. Por el camino hacemos dos paradas técnicas: una en una gasolinera a las afueras de Burgos y otra unos kilómetros más allá para comer la tortilla a la sombra de una tejavana. Por cierto, no lo he dicho: hace un calor de la hostia, casi 40º. Llegada a Salamanca sobre las cinco y media. El coche a un parking hasta el regreso. El apartamento está a tiro de piedra del parking, en un bonito edificio que hace esquina con la Calle Toro, una de las arterias de la ciudad renacentista, creo. El apartamento, el 2C, es una maravilla; espacioso, sin adornos inútiles, con aire acondicionado tanto en la zona común como en el dormitorio; cerca de todo el asunto turístico que nos ha traído a Salamanca; muy bien, muy bien. Una vez organizado el equipaje -más o menos-, salimos a conocer la ciudad. En primer lugar: un bareto donde echar un par de cañitas frescas y refrescantes, jeje. Segui...
Lo sé, ahí también duele, y, dependiendo de a quién, puede doler bastante. Lo digo sin asombro ni recelo, ya no consigo empatizar un ápice con el pensamiento nacionalista y en todo caso un pelín con el sentimiento. Pero cuando me lo encuentro de frente no puedo evitar sentir una repulsa, una repugnancia, un abominar de la ignorancia. En fin, es un comentario que surge del recuerdo de un caramelo peneuvista que me ha mostrado una entusiasta Terín, transmitiendo el mensaje de que ella vive su fe hasta las últimas consecuencias -me da más por culo... -. El día ha comenzado con esa tensión interna que nos posee a Raquel y a mí cuando se avecina una reunión familiar con la cuadrilla de Barrica-Barrika. El silencio y el atronador sonido de los pensamientos absorben toda la atmósfera y hay momentos en los que casi cuesta respirar -metáfora literaria, se sobreentiende-. Sobre las 12:10 hemos quedado en pasar a recoger a Terín por su casa para esperar la llegada de Jorge, la Tata y MariLoli, y circular los seis hasta la comarca de UribeKosta-UribeCosta. Cuando faltaba media hora para la hora D le he propuesto a Raquel demorarnos un rato echando un pincho, para calmar los nervios más que nada. Dicho y hecho -como suelo decir demasiado a menudo-. Nos hacemos un hueco en el Extremeño y nos comemos un pincho de tortilla. Por cierto que Karim había montado una humareda importante, preparando torreznos, nos ha informado. A las 12:05 tocamos el timbre a Terín. A las 12:15 baja a pie de calle, cargada de tontadas; supongo que poseída por los nervios, también. Y subimos al coche de Jorge, camino de Barrika-Barrica. Bueno, y, como no quiero hacer de esto una narrativa detallada y aburrida, quiero resumir en pocas palabras las horas que pasamos allí. Llegamos a las 12:50, partimos a las 19:10. Nosotros aportamos al ágape 5 botellas de Rioja, 3 de Otoñal y 2 de Laztana -vinos que aceptan de buen grado los nacionalistas-. Jorge se presentó con dos empanadas de Orense, de Ca...
Era de esperar: el plan para hoy, el que hicimos alrededor de una mesa saturada de botellines de cerveza vacíos, el que nos ubicaba en nuestra casa degustando la lubina y unas anchoas que aportaría Esther y algún vinito rico, se ha ido al traste, nuestros cuerpos apenas logran mantenerse en pie, apenas son nuestras mentes capaces de articular un pensamiento positivo, nuestros pulmones se expanden y contraen al son de un resuello espasmódico. Todo lo anterior se puede resumir en un «pues menos mal». Este miércoles ha despuntado en el ranking de «el día más caluroso de todos los días». Se han alcanzado máximas de 45º, en Loja por ejemplo; en Bilbao hemos llegado a los 40º o 41º. Así que el clima pedía a gritos un encierro casero en el que buscar refugio y en el que desplegar todas las estrategias que están a nuestro alcance: persianas bajadas, ventanas cerradas, ventiladores de techo funcionando sin pausa y aparato de aire acondicionado arrancando en los momentos en los que la temperatura comenzaba a ser levemente soportable. Y sin asomar el morro fuera; salir a la terraza era un riesgo que mejor no asumir, jajaja. Menú. De entrante una ensalada de lechuga y cebolleta. De plato fuerte, lubina al horno con sofrito de ajos y cayenas. Una maravilla. La lubina perfecta tras 20 minutos en el horno a unos 190º aprox. Lo de hornear peces cada vez me parece una opción mejor, sencilla y limpia, y apetitosa, y que admite diferentes variantes en cuanto los posibles acompañamientos. El resto del día vagueando a lo grande. Raquel hasta las seis y pico en el cuarto, viendo tele y dormitando. Yo en el salón, alternando butaca, PC y móvil. Para la cena, a propuesta de Raquel, preparo un plato en el que combinar dos huevos levemente cocidos, unos cherries a la sartén, un buen puñado de requesón y media lata de bonito del norte del LIDL; una delicia, una cena fetén, jeje. Y en la cama terminamos de ver el último capítulo de la serie sueca MASA, o MASE, o algo así (voy ...
He bajado a Saneamientos Pereda a buscar asesoramiento para solucionar el goteo del grifo del lavabo del baño del Palomar. Me han atendido maravillosamente, todo hay que decirlo. Una mujer madura, aspecto de propietaria o similar, me ha explicado de qué va la cosa. Y la cosa va de desmontar el mando que tiene la fuga y observar el interior: puede ser que una limpieza sea suficiente; puede que sea necesario cambiar la pieza interior, el mecanismo en sí mismo; o puede que no quede otra que cambiar los mandos etc. Pero a mí me tira para atrás el darle al tema, ya que implica cortar el agua de toda la casa sin saber qué me espera al acometer el desmontaje etc. Ahora mismo, las 8:05 AM, sería un buen momento para empezar la tarea, pero casi que me apetece mucho más salir a caminar o algo así. En fin, que seguiré informando. [...] Un zurito y un pinchito de bonito con vinagreta en Mi Bodega y a casa. El plan es comer lentejas, pero me rebelo. Raquel sugiere Oldsangai y rápidamente se llega a un acuerdo: Oldsangai. Ya está por aquí, ha vuelto. Y se acabó la sensatez. Raquel ha quedado con Esther en la BBK de al lado de casa para cerrar definitivamente la cuenta de sus padres, para así manejar bien el pago de recibos de todo tipo. Dicho y hecho. Y claro, los tres se van para el Oldsangai; se van caminando. Oldsangai. Ensalada Siam y pato Oldsangai. Vino blanco de esa uva con nombre alemán impronunciable. Y yo a casa. Y las chicas dicen que se van de tiendas... pero es falso, se van de cava, se van de montar el lío en el WC con un tipo que trata sin educación a la Tata, se van al Jarritas a seguir plimplando, y ahí es donde me uno, al Jarritas, a plimplar un trío de jarras heladas con Alhambra. Bronca de Indi, tortilla francesa, unos capítulos de una serie sueca, Barracuda Queens, y a dormir...
Así son las cosas Miércoles tranquilorro. A Leroy Merlin a comprar material para rehacer el cajoncito del ordenador de Raquel. Dos maderas y algunas cosillas más. El tema de los ventiladores de techo para el salón está en estudio. En Leroy Merlín no tienen el modelo que nos gustó online. Finalmente hemos encargado dos ventiladores de un modelo sencillo, con las palas de imitación madera; veremos. Ah, y ya hoy se termina la china... Los alegres divorciados están en el pueblo con Amaia y muchos perretes...
Amanece un día radiante desde la ventana de la habitación 312 del hotel Abba de Burgos. Y aunque no tenemos contratado el desayuno bufet, decidimos darnos el capricho fin de vacaciones y desayunar a lo grande. El ratito justo para preparar las maletas y emprender camino de regreso al Palomar. Las carreteras están despejadas, la gran masa de vehículos se desplazan en dirección contraria a la nuestra, es operación salida de vacaciones. Apenas han dado las once cuando comenzamos a deshacer el tetris del maletero del coche; unos cuantos viajecitos coche-portal y descansillo-casa, un aparcar el coche en su plaza de garaje, y todo concluso. Por fin en casa. La comida es cosa de Esther y Jorge. Nos esperan con solomillo a la piedra y los habituales picoteos, como langostinos, pimientos asados y patatas fritas; y dos botellas de tinto y tres de cava; somos la hostia. Y a casa, a deshacer el equipaje y a descansar. Por supuesto los momentos más intensos han sido los del reencuentro con el Indi. El chaval se deshace en mimos y cariños, jeje. Ya teníamos ganas de estar con él. Y ahí ponemos punto final a las vacaciones de Junio del 2023, y damos comienzo al verano bilbaino del 23...
Desde primera hora nos hemos centrado en la preparación del equipaje para las vacaciones, además de intentar dejar la casa en condiciones. Lo única nota melancólica ha sido lo de llevar al Indi a casa de Esther; sí, me ha dado penita no verle durante tantos días. Tras la clase con Maite, que aún sigue conectando desde el bus, me he preparado y he ido caminando al centro a comprar ropitas. En el Primark he comprado 4 camisetas y en el Decathlon una y una toalla y unas gafas de nadar, todo pensando en Órgiva. De regreso a casa me he puesto manos a la obra con la movida. Y la comida en el Batzoki. Crema de cardo con almendras y pimientos rellenos. Seguidito de comer hemos cogido al Indi y todos sus trastos y los hemos llevado a casa de Esther, ohhh. El chaval se lo toma de maravilla, como siempre. La Tata nos ha obsequiado con un gintoni y ya, para casa. Mañana es el día D.
Un martes también plácido en el hogar. Cocinar, limpiar, fregar, beber vino y disfrutar. La comida se ha preparado con restos. Un trozo de secreto congelado, una ensalada de pepino, arroz basmati de acompañamiento y una botella de Barbadillo. Super bien. Charlando y estando a gustito, la nena y yo. Tan a gustito que al terminar la botella, y para no quedarnos chof, no lo dudo y me bajo al Karlo's a por otra de Albariño; que sea lo que Dios quiera. Pero bueno, eso ahí terminó; o no? Siesta general, la nena en la cama y nosotros en la butaca; pero he aquí que sobre las siete suena el timbre: Esther sube con perversas intenciones jajaja. La muchacha aparece cargada con una bolsa nevera repleta de cervezas ouh mamma. Yo ni me levanto. Las hermanas se instalan en la terraza y se ponen con gran afán al supremo arte del plimple, arte que dominan como nadie, jajajja. A eso de las diez decido retirarme al dormitorio, y ellas aún continúan un buen rato; qué golfas. En fin, un día tranquilo.
Un día diferente. Rebeca ha organizado una de sus comidas sorpresa para celebrar su segundo aniversario de boda; como es habitual en ella ha hecho todo lo posible para que el sitio elegido fuera sorpresa hasta el último momento. Únicamente disponíamos de un dato, el lugar de encuentro: la estación de metro de Zurbarambarri. Preparamos todo en Santelices para salir de viajecito: el Indi con bien de comida y todo limpio y ordenado, los nenes guapos y recién duchados. Llegamos a casa sobre la una. Dejamos el coche en el garaje y subimos a casa. Raquel sale a visitar a Terín, que le tiene preparada una falda de las suyas para probar y tal. Total que a eso de las dos pasamos a recoger a Esther por Amadeo de Prit y subimos en coche a Zurbarambarri; recogemos en la boca del metro a Jorge y Rebeca y emprendemos viajecillo misterioso. Pero tampoco tanto misterio, el lugar elegido era el restaurante donde celebraron la comida de su boda: el Kate Zaharra. Antes de pasar al comedor hicimos un pase por la bodega a comer jamón y beber vino; lo clásico. Y nada, una comida de postín. Raquel: menestra de verduras Rebeca: garbanzos con bogabante Jorge: sopa de pescado y garbanzos Esther: menestra de verduras Txetxu: sopa de pescado Yo: como Jorge Todos estos primeros platos eran medias raciones Los segundos. Esther, rabo. Los cinco restantes, lubina al horno. Los postres fueron al centro de la mesa: pastel de queso, pastel de chocolate, torrija. Bebimos vino de Rioja y una botellita de cava Laietá, buenísimo. A media tarde Raquel y yo emprendemos regreso al pueblo; el Indi nos tiene sorbido el seso, jajaja. Una celebración sin incidentes ni contratiempos, como ha de ser. Un día diferente y entretenido.