Como la mayoría de mi generación, me crié con el dicho “Satanás encuentra algún mal que las manos ociosas puedan hacer”. Como fui un niño sumamente virtuoso, creí todo lo que me dijeron y adquirí una conciencia que me ha mantenido trabajando duro hasta el momento presente. Pero aunque mi conciencia ha controlado mis acciones, mis opiniones han sufrido una revolución. Creo que se trabaja demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es virtuoso causa un daño inmenso y que lo que se debe predicar en los países industriales modernos es muy diferente de lo que siempre se ha predicado. Todo el mundo conoce la historia del viajero en Nápoles que vio a doce mendigos tumbados al sol (era antes de los días de Mussolini) y ofreció una lira al más perezoso de ellos. Once de ellos se levantaron de un salto para reclamarla, así que se la dio al duodécimo. Este viajero estaba en lo cierto. Pero en los países que no disfrutan del sol mediterráneo la ociosidad es más difícil, y se necesitará una gran propaganda pública para inaugurarla. Espero que después de leer las siguientes páginas, los dirigentes de la YMCA inicien una campaña para inducir a los jóvenes de bien a no hacer nada. Si es así, no habré vivido en vano.
Antes de presentar mis propios argumentos en favor de la pereza, debo deshacerme de uno que no puedo aceptar. Siempre que una persona que ya tiene lo suficiente para vivir se propone dedicarse a algún trabajo cotidiano, como la enseñanza escolar o la mecanografía, se le dice que esa conducta quita el pan de la boca de los demás y, por lo tanto, es perversa. Si este argumento fuera válido, sólo sería necesario que todos fuéramos ociosos para que todos tuviéramos la boca llena de pan. Lo que olvidan quienes dicen esas cosas es que un hombre suele gastar lo que gana, y al gastarlo da empleo. Mientras un hombre gasta sus ingresos, pone tanto pan en la boca de los demás al gastarlo como el que les quita a los demás al ganarlo. El verdadero villano...
Hoy es el Día Internacional del Gato Negro. Indalecio hace honor a su estirpe y pone en fuga a un gatete grisblanco que ha invadido su territorio. Es un valiente. Esta mañana he subido a Dulla, indiferente ante los embates climáticos. Lluvia, frío, niebla, todo me ha dado igual, envuelto en mi capa china transparente y calzando mis Salomon Goretex he caminado escuchando a ELP y a Van Morrison hasta superar la Puerta de Quintanilla y coronar las afueras del Oppidum de Dulla. Y... sí, he disfrutado. En el descenso he padecido un poco por mor de mi gemelo izquierdo herido desde hace días; pero he soportado el dolor y he culminado la caminata llegando a casa cuando los Boris Boys se ufanaban en la colocación de las guías en la fachada derecha del bloque. Raquel ha forrado la mesa de la cocina con el vinilo que usó hace días en la restauración del mueble del baño. Tras un rápido cambio de ropa nos hemos ido en coche a echar unos pinchos al bar de Ascen. Luego he preparado la comida: vainas con pechuga rebozada. Y siesta. Hoy hemos iniciado la temporada de chimenea. Ha sido un capricho de la nena. Eso sí, nadie piense que el encendido ha sido sencillo, pues hemos tenido nuestro ratito de estrés. Entre que ella lo enciende, que yo lo apago antes de tiempo, que si tal y que si cual, el caso es que el software del chisme es de lo más pasado de moda y se ha quedado en modo "APAGANDO..." durante más tiempo del normal, con el consiguiente arranque de nervios locos de la chavala. Pero afortunadamente al rato largo la máquina se ha normalizado y las llamas han brotado como debe ser. Y la muchacha se ha tranquilizado.
Nota Indalecio.- A última hora de la tarde, estando Indi sentado en el mueble bar, observa atentamente algo que sucede fuera en la terraza a los pies de la puerta. Nos acercamos a ver y allí vemos a un gatete joven y lustroso husmeando en el territorio de Indi. Abrimos la puerta de la terraza y el Indalecio sale disparado tras del gato d...
Domingo de calor intenso, y además bastante inesperado. Hemos dedicado el día a pasear por la ría y a visitar la expo de coches del Guggen. A primera hora hemos dejado a Indalecio al cuidado de la casa y hemos salido a caminar. Escaleras de Solokoetxe, Arenal, Campo Volantín, ascensor del Puente de La Salve, Guggenheim. La expo de coches? una chulada. No me esperaba que la muestra de automóviles me resultara tan atractiva. Allí hay de todo: coches antiguos, reliquias de los inicios, prototipos increíbles, modelos clásicos de todo tipo; en fin, un despliegue de diseño y arte digno de un museo como el nuestro. Tras la visita nos echamos una caña y un bocadillito de jamón en la terraza del museo, sentados a la sombra y disfrutando de una mañana calurosa y soleada. El plan original era comprar unos chipis y ensaladilla en La Oka, pero estaban agotados. Así que dimos un giro al plan mañanero y decidimos comer en algún restaurante, a pesar de que a esas horas conseguir sitio no parecía tarea fácil. Pero hubo suerte. En la calle Diputación probamos fortuna en el Amaren, un restaurante enfocado a las carnes a la parrilla. Y, ya digo, tuvimos suerte. Nos prepararon una mesita estupenda y nos dispusimos a comer... Menú: ensalada de ventresca y chuleta deshuesada de vaca vieja. La ensalada muy sabrosa, y al chuleta... fabulosa. Nos presentaron la carne a medio hacer y ya cortada, y en lo alto de la mesa una parrilla con sus brasas ardientes. Qué rico todo. Y bien mojado con una botella de cava. Después de tan buena comida optamos por regresar al barrio en metro; demasiado calor. Y en le barrio? Más copas de cava en La Jarrita Helá. Unas cuantas y un cierto pedete espumoso. Pero bien, muy a gusto. Y terminamos el día en casita, controlando lo mejor posible las ganas de seguir dándole; pero controlamos. Raquel se acostó a ver tele y yo le seguí poco después, tras dejar la casa en orden de revista. Un domingo en el que Joshua también tuvo...
No puede ser de otra manera, después de un viernes salvaje siempre se presenta el sábado con carita de niño bueno, de nenebueno. He preparado menestra de las buenas, con materiales de primera, frescos y de temporada. Alcachofas, guisantes, espárragos blancos, champis. Una dosis sobreadecuada y unas siestas y descansos sin fin. Todo muy bien hasta que el móvil de Raquel ha comenzado a sonar mostrando en la pantalla la palabra Apa.
Nota Jesús.- El rapsoda está enganchado a las quedadas con las muchachas de verbo florido. Parece ser que este sábado la afortunada ha sido de nuevo Francis, la jovenzuela alocada que le ríe las gracias sin mesura. Se dice que han quedado en el Extremeño a comer, y parece ser cierto. Raquel lo ha confirmado tras una breve charla con Karim; le dice que él se encargará de vigilarle para que se comporte como un caballero. Pero hete aquí que la llamada arriba mencionada nos ha transportado a otras inesperadas historias de dolores y malestares sin fin. Al otro lado del espectro se escucha la voz de Francis, «Jesús se encuetra mal, está pálido y tiene mala pinta». Raquel no pierde un segundo y sale rauda a buscarles. Se los encuentra en la calle, junto al portal del poeta. Está tembloroso e inestable. Francis se despide y padre e hija suben al 5ºE. Antes de salir al rescate le he recordado a Raquel que se informe acerca de la regularidad intestinal del buen hombre. Ya hemos vivido situaciones de vida o muerte que terminaban en un desenlace inesperado, en un final más propio de la comedia costumbrista que del melodrama romántico. El poeta siempre está estreñido y cuando los días pesan más de lo soportable, el poeta se pone a morir, se pone... a morir. Como en esta ocasión. Sé que a Raquel le cuesta admitirlo, pero es lo que hay. Podemos, si lo deseamos, referirnos a una situación de estreñimiento poético, o quizás de unos versos contenidos y recelosos. Podemos darle mil vueltas y buscar explicaciones sofis...
Pues nada, que nos hemos liado. Que si abrimos una botellita de tinto, que si otra, que si unas cañas, que si ponemos musiquita, que si nos liamos a bailoteos, que si tal y que si cual. Total, una fiesta interesante que afortunadamente terminó sin cosas raras, tan amigos los dos. La verdad es que cuando Raquel y yo nos ponemos... nos ponemos. Mejor no incidir en el tema. A última hora mensaje a Maite: «Nos ha surgido un imprevisto, no podemos hacer la clase de mañana, ya hablamos, besos» Y también hubo mensajes desesperados a Virgilio; normal también. Menos mal que nos contestó que estaba en Asturias... mucho mejor. Ya habrá tiempo de decirle que se olvide, que sólo fue un arrebato alcohólico. Y ya.
Y por fin llegó el día: la fiesta de despedida de los nuevos 11 prejubilados del CSD.
Estos son los afortunados:
Patxi
Luigi
Marco
Ernesto
Carlojas
Tino
Txetxu
Jon Ander
Yuju
Arroyo
Samperio
Antes de entrar en detalles sabrosos, unos datos técnicos del acontecimiento. Finalmente nos congregamos 51 personas es el Palacio Larrea, en Baraka. El menú costó 40€ por cabeza. Y constaba de: Jamón serrano. Paté con tostas. Rollito vegetal (rico). Bacalao el pilpil (rico). Solomillo de cerdo. Tarta de hojaldre con helado. Cafelito y copita. Y de digestivo un destornillador.
El comedor era cómodo, amplio, y para el bailoteo y la música cumplía perfectamente. Lo cierto es que estuvimos a gusto. Yo me senté entra Luis y Pedro, con toda la cuadrilla de chicas enfrente, Raquel, Arantza y Arantza y su Javi; a la izquierda de Luis Amaia y Txerra, a la derecha de Pedro se sentaron Carrasco, Oca Y Josean, y frente e éstos Angel y Carmelo; presidía esa esquina Virgilio, en su apogeo, jajaja.
La entrega de regalos la hicieron las chavalas, que se repartieron a los homenajeados. Cada bolsa de regalo constaba de un reloj analógico Viceroy y un cuadro con montaje made in Txerra de los 11 jubiletas.
Y se remató la estancia en el Larrea con la musiquita preparada hábilmente por Raquel en una lista del Spotify. Ese rato lo disfrutaron los de siempre, muy bien. Yo me dediqué al charloteo con unos y otros y con salidas esporádicas a la terraza a fumar y charlar con lo más golferas de la banda, jeje, léase Virgi, Morgan, etc. Al salir del Larrea fuimos al The New Vos, ése al que vamos siempre que hay que bajar escaleras, que pone ...
Los jázaros o jazares (en hebreo, singular «kuzarí» כוזרי, plural «kuzarim» כוזרים; en árabe, singular خزري, jazari; plural, خزر, jazar; en turco, hazarlar, en singular, «hazar»; en griego, χαζαροι; en ruso, xазары; en tártaro, singular Xäzär, plural Xäzärlär; en persa, singular «xazar» خزر, plural «xazarhâ» خزرها; en latín, gazari o cosri) fueron un pueblo túrquico procedente de Asia central. Su nombre parece estar vinculado a un verbo túrquico que significa «errante» ('gezer' en turco moderno).
En el siglo vii, los jázaros fundaron un kanato independiente, el Kaganato de Jazaria o Kaganato jázaro, en el Cáucaso Norte a orillas del mar Caspio, donde con el paso del tiempo el judaísmo se convertiría en religión oficial. En su momento de máximo esplendor, ellos y sus tributarios controlaron buena parte de lo que hoy es el sur de Rusia, Kazajistán occidental, este de Ucrania, una parte importante del Cáucaso (Daguestán, Azerbaiyán, Georgia...) y Crimea.
Los jázaros fueron importantes aliados del Imperio romano de Oriente contra el Imperio sasánida, además de constituir una significativa potencia regional en su momento de máximo esplendor. Emprendieron una serie de guerras, todas victoriosas, contra los califatos árabes, evitando así posiblemente la invasión de la Europa oriental. A finales del siglo x, su poder declinaría frente al de la Rus de Kiev, siendo su imperio absorbido por los emergentes estados eslavos, posteriormente emigraron hacia Europa donde formaron comunidades judías. Pequeños núcleos jázaros sobrevivieron en la estepa póntica hasta que en el siglo xiv las epidemias de peste y las invasiones mongolas los disiparon.
Orígenes y prehistoria
Los orígenes de los jázaros son inciertos. Tras la conversión...
John J. Mearsheimer es profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago, y un conocido teórico de relaciones internacionales. En cierto sentido, es considerado como miembro de la escuela neorealista en relaciones internacionales.
Nacimiento: 14 de diciembre de 1947 (edad 74 años), Nueva York, Nueva York, Estados Unidos
No pasa por su época de mayor popularidad, pero el club de los realistas sigue haciéndose oír en entrevistas y artículos. Su tesis principal es que Estados Unidos, al frente de la OTAN, se dejó llevar por la borrachera de victoria de los años 90 y acabó plantándose en el umbral de Rusia, que solo había bajado la guardia provisionalmente. El peligro estaba claro: algún día Moscú se pondría en pie y recuperaría su espacio, si era necesario, mediante la fuerza. Europa sufriría, y los realistas podrían señalar con el dedo la arrogancia de Washington y espetar: ¡os lo advertimos!
Y la verdad es que lo hicieron. La hemeroteca es terca, y Youtube aún más. Esto decía el politólogo John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, en 2015: «Occidente está encandilando a Ucrania con sus cantos de sirena y el resultado final es que Ucrania va a quedar destrozada. Lo que estamos haciendo, de hecho, es animando a ese resultado». Mearsheimer se refería a las seductoras ofertas que Washington susurraba al oído de Kyiv: sobre todo, la promesa de entrar en la Alianza, precedida por acuerdos de colaboración y por envíos de armas e instructores.
Desde el otro lado del espectro político, Noam Chomsky, también en 2015, hacía la misma profecía: «La idea de que Ucrania pueda unirse a una alianza militar occidental sería bastante inaceptable para cualquier líder ruso», declaró. Este proyecto «no protege a Ucrania, sino que amenaza a Ucrania con una gran guerra».
Lo interesante del club de los realistas es que incluye a fríos halcones de la derecha, como Henry Kissinger o...
Esta mañana Raquel ha amanecido con el ojo derecho a la birulé, con una especie de derrame interno... ohhh. Ha salido disparada a urgencias oftalmológicas del IMQ, en Alameda Recalde. Afortunadamente no ha sido nada de importancia, en todo caso un estornudo demasiado fuerte o una tos rebelde, jajaja. Pero el susto no nos lo ha quitado nadie,
Hacía tiempo que no me encontraba así, mediomuerto en la cama, sudando y temblando, sin ganas de nada, ni de comer. La fiebre por las nubes; un horror. Afortunadamente a última hora del día me pude levantar a comer una tortilla francesa y un yogur de chocolate; sí, me encontraba mejor, Es poco lo que se puede contar de un día que se ha pasado íntegro en la cama, sumergido hasta las orejas y quieto como una estatua,. Ah, sí, hay algo: que antes de dormir vimos un capítulo de la tercera temporada de «Viajeros», díficil pero entretenida.