1 Echando una red en Prim y otra en Iturribide
sábado, 22 de marzo de 2025

Raquel va a yoga y a casa de Esther, donde hemos quedado para montar de nuevo una malla red en el balcón para mayor seguridad de Indi.
La Tata nos da de comer guiso de patatas con carne y vino, cava y cervezas. Salimos los tres en dirección a Iturribide, con gran decisión y una torpeza mental que no tiene precedentes.
Pasamos por las Ruedas y por el Caven y la Tata nos deja a mitad de movida.
En las Ruedas hago migas (jajaja) con un tipo de mi edad que se sujetaba a la barra en soledad. Su motivación, me decía él, era la buena música (¿el estruendo insoportable?). Que si la Jaula, que esto que si lo otro; lo cierto y verdadero es que al de un buen rato me empecé a cansar de lo derrotista que era y le solté alguna faltadilla que no le hizo mucha gracia (pero a mí sí eh).
También en las Ruedas la nena se ha echado unos futbolines y se lo ha gozado. A recordar la pareja padre hijo que ganaba a todo dios.
En fin, en casa poco antes de la medianoche, antes de que la carroza se convirtiera en calabaza. Indi nos recibe bastante cabreado, pero supongo que un poco acostumbrado.

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2 Fiestón en La Caleta
sábado, 15 de marzo de 2025

[miércoles 19 San José Día del Padre]
Pues esta entrada la he ido dejando básicamente porque tengo confianza en que los recuerdos estelares es difícil que pasen a integrar el submundo de la memoria evanescente. Muchas cosas, la mayoría ya vividas, pero no todas.
La quedada se hace en el bar de La Oka a eso de la una y media. Está el famulio incompleto pues Rebeca sigue de días de ocio madrileños; el resto estamos todos, incluido Txetxu/Chechu. Nosotros hacemos aparición pasadas las dos y nos llevamos una leve reprimenda. La Oka estaba petada; los ingenuos proponen los bares de la zona de Henao como opción, aunque sea bastante improbable encontrar algún garito desahogado. El caso es que tras ir desechando bares terminamos entrando a La Caleta cuando ya faltaban pocos minutos para la hora de la reserva: las dos y media. Unos blancos en la barra y a comer.
El restaurante está bien, es mono. Nos instalamos cómodamente en una mesa amplia. La camarera, la única -luego descubrimos a un ayudante de hermosos ojos claros, joven y seductor, jeje- nos informa que la cosa va a ir despacio porque hemos entrado todas las mesas al unísono; la chica es muy gaditana y muy graciosa ella -hay fotos-. En fin.
Menú. Cosas al centro todas ellas. Chicarrones; ricos. Langostinos de Sanlúcar; ricos. Fritura sin puntillitas; rica. Ensaladilla rusa; bien, sencilla. Embutido, morcilla y chorizo; correctos. Postres dulces; ya se sabe que no me interesan.
Bebida. Cinco botellas de blanco Barbadillo de nivel superior al corriente; un toque de solera aceptable, el resultado: un vino de 11º que nos puso en órbita.
La comida fue divertida, nada que objetar. De allí fuimos a un garito de copas, uno que está repleto de máquinas de petacos; todos jugaron menos nosotros dos, por lo que sea. De allá tiramos poco a poco hacia Iturribide, en metro por supuesto. En fin.
En Iturribide se impuso la opción «bares de Metal», jajaja; aquello fue decisivo, fue la leche. La primera etapa...

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#famulio - #restaurante - #lacaleta - #iturribide - #lasruedas - #fieston

3 La camarilla se reúne en Arranku
sábado, 18 de enero de 2025

Que este sábado podía ser uno de esos días de recuerdos infaustos no me cabía ninguna duda antes, durante y, por supuesto, después. Ir a pasar el día a Arrankudiaga con la camarilla siempre es una arriesgada apuesta, que también casi siempre se pierde. Pero bueno, el día se presenta luminoso, aunque gélido.
Raquel tiene el deseo de empezar el día con buen pie y no suspende su clase matinal de yoga, y a mí me viene de perlas para arrancar las actividades hogareñas con calma y buena música. Mi tarea pendiente y fundamental es hacer unas compras en el BM para dejar la nevera medianamente surtida; en concreto hay que comprar verduras variadas para preparar el domingo un arroz de carácter digestivo, por lo que pudiera pasar y que sabíamos que iba a pasar. Compro un poco de todo y regreso a casa con el tiempo justo de ponerme ropa cómoda y abrigada y bajar al encuentro de Raquel en la estación de Abando.
El tren seleccionado para embarcar rumbo al mundo rural es el que sale a las 11:37; como es de imaginar yo llego a la estación casi media hora antes, pero sin problema, al contrario, a mí esas esperas me sirven para relajar la mente y las ansiedades. Raquel aparece también con tiempo de sobra como para echar un pincho y un zurito en el bar de la estación. Y tal.
Llegamos a Arrankudiaga sin contratiempos. La camarilla está toda afanada en la cocina preparando el papeo. Hay de todo, y muy rico la verdad. Hay ensaladilla de Mercadona tuneada (muy bien por cierto); hay jamón, croquetas, rabas (malas malas malas), y poca hostia más. Sobre el mediodía desplazamos el festejo al jardín, a la vera del magnolio. Pedro ya tiene la barbacoa en marcha; hay idea de comer cosas a la brasa: morcilla, chistorra, lagarto; finalmente se dejó a un lado los elementos más indigestos, morcilla, chorizo, chistorra, y nos centramos en el lagarto y en unas patatitas asadas y aderezadas con unos mojos canarios bastante aceptables.
Y mucho vino. Raquel aportó una botella maxi de un tinto ...

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