 Monte, Soncillo, hamburguesa casera, siesta y vainas. El índice lo dice casi todo; "casi" porque siempre se quedan momentos y detalles en el tintero. A primera hora, mientras hojeaba mis webs de cabecera y me despertaba lentamente al mundo (no tan lentamente, gracias al terrible pesado Indalecio...), decidí que la ruta del Cielma, largamente postergada, era la elegida para esa mañana de sábado, ni calurosa, ni húmeda, una mañana perfecta para subir a una cima pendiente. Así que preparamos la mochila, nos enfundamos el atuendo montañero y... a la carretera. En Soncillo se coge el desvío que indica "TORRES DE ABAJO". En ese pueblo se gira hacia "MUNILLA". En Munilla se aparca el coche. Los tramos de carretera desde Soncillo hasta Munilla transcurren por unos parajes muy muy rurales; hermosos, naturales, golosos para la mirada ansiosa. El caso es que desde Munilla ascendimos por la carretera hasta lo alto, desde donde, girando hacia la izquierda, comienza la subida montañera propiamente dicha: montañera y agreste. La ascensión es suave, tendida, similar a subir a la Maza o a Dulla, incluso el terreno es idéntico. En la zona más elevada del cerro las formaciones rocosas sugieren que allí hubo en su día un amplio oppidum; esto queda pendiente de corroborar. Raquel protesta, como es su deber, pero no demasiado. Las vistas desde la cima son espectaculares, sólo por eso ya merece la pena subir hasta allí. Lástima que no lleváramos bocata, pues el lugar es perfecto para descansar un rato mientras se degusta un piscolabis montañero. Y, bueno, la bajada la hicimos por la pista habilitada para subir hasta la caseta de control de fuegos, echando un ojo a la flora que crece por las cunetas: retoños de chopo (populus alba), carlinas aún en flor, ¡¡¡tusílagos!!!, y cromelias, etc. Y la nota negativa... la bajada activó mi dolor en el gemelo izquierdo, que ya me acompañó durante la bajada y durante el resto del día. En el regreso habíamos planeado hacer ... leer más |