Un recuerdo. El día tiene un inicio esperanzador: compras, cocineos y tranquilidad; pero una llamada de Tachón altera el paisaje: su coche no ha pasado la ITV y los dos talleres en los que ha consultado para proceder a la reparación le han dado una negativa y una vana esperanza, muy vana. Le he sugerido que tiene que ir planteándose cambiar de vehículo, incluso comprando uno nuevo. Y sin pensarlo dos veces me visto, cojo el coche y me paso a buscar al chaval por Sani, para subir al alto de Enécuri a echar un vistazo a los concesionarios de allá. Llueve levemente. En el concesionario de Dacia nos hacen las cuentas de un Sandero básico; las cifras son desalentadoras, por lo que salimos de allí con un poco de bajón y para superarlo intentamos dar otro enfoque al asunto: marcamos un orden a las actuaciones siguientes. En primer lugar tiene que agotar las opciones de arreglo del Audi, pues aún costando un cierto dinero tiene que tener en cuenta que ya tiene pagado el seguro de todo un año y que un arreglo caro siempre será barato al lado de una compra cara. Si el arreglo se demuestra imposible el siguiente paso será rastrear las opciones de compra de coche usado; una opción que en cualquier caso siempre será factible. En fin, una complicación para el chaval, pero que le viene bien para sacar sus propias conclusiones de sus propias experiencias. A eso de las doce y media dejo a Alberto en Sani, en casa y regreso a Santutxu a montar un viernes fin de semana de los nuestros; y lo montamos, vaya si lo montamos. Una comida a base de lomo plancha, tomate y espárragos verdes al horno y patatas gajos al vapor; todo ello regado con unos buenos caldos, tintos y blancos. Un grave error abrir la segunda botella, muy grave, las consecuencias de esa acción dan un matiz al resto del día que no es agradable recordar: pedete verbenero, músicas personalizadas y una memoria diluida en alcohol. La noche? rascando febrilmente mis granos de origen ignoto; según Raquel son pi...
Nos guasapea Yolanda diciendo que se ha encontrado una garrapata en la muñeca, para que nos echemos un ojo. Me miro detenidamente y... tengo las piernas repletas de granitos, picaduras, yo qué sé. Estoy agobiado. Me creo de entrada que son garrapatas y me pongo como un loco a arrancar las puntas oscuras de los granos con unas pinzas, convencido de que son garrapatas; al cabo de un rato me entran las dudas, lo mismo no son garrapatas, así que opto por esperar a que regrese de la calle Raquel y escuchar su opinión. Raquel me dice que son picaduras de pulga, ufff qué descanso, pero cómo pican!!! Así paso el resto del día: agobiado por el tema pulga garrapata granos
―A ver, te cuento. ―Espera, ¿tienes un euro y medio suelto? ―¿Eh? Sí, tranqui, ya meto yo para el billar y las birras las pagas tú. ―Correcto. ―Pues lo que te iba a decir, a ver, la cita de ayer fue un puto desastre. ―Con la espiritual. ―Nono, esa fue el viernes, que es la otra con la que he quedado. ―Ah vale. Joder, estás a tope, colega. ―Ya, eh, dos de dos, tío, doble fracaso. Pero con la del viernes es que no me entendí y apareció en mi barrio cuando le había cancelado el plan el día anterior. ―Eso me dijiste. Pero ¿cómo no entiende si le has dicho que mejor quedar otro día? ―¡No lo sé, tío! Pero así fue. ¿Vas a lisas o a rayadas? ―Lisas. ―Ok. Pues eso, lo que te decía, que con la primera fue menos desastroso que con la que te voy a contar ahora, porque, sin más, fuimos a dar una vuelta y, como ella había quedado en Bilbao para comer con unas amigas o no sé qué, pues al final estuvimos una hora por ahí y ya está. ―¿Y desastre por qué? ―A ver, igual he exagerado con lo de desastre en este caso, porque fue… Sin pena ni gloria. ―Era el primer día que os veías y no estuvisteis ni dos horas, ¿no? ―Sí. ―Igual le puedes dar una segunda oportunidad a la chica. ―Le dije que si quería podíamos vernos otro día y me dijo que se lo iba a pensar. ―Ah, coño. ―Creo que la cosa se torció cuando se me notó que algo que había dicho me había parecido una chorrada. ―Jajaja, pero ¿te reíste de ella o qué? ―No, a ver, no me reí de ella, ¿pero igual se lo tomó así? No sé. ―¿Qué dijo pues? ―Que le gustaba creer que hay cosas en la vida que pasan porque el universo lo quiere. ―Uff… Espiritual. ―Creo que no le gustó que no me lo tomara en serio. ―El universo. ―Sí, tío, el puto universo. ―Igual el universo le ha dicho que mejo...
Lo vamos a cocer en una abundante cantidad de agua, como si fuera pasta.
En una olla grande ponemos agua abundante a hervir y cuando hierva añadimos sal como si fuera para cocer pasta.
Lavamos el arroz bajo un chorro de agua fría y lo escurrimos.
Cuando el agua haya empezado a hervir, añadimos el arroz integral ya lavado.
A continuación, cocinamos con la olla destapada durante 20 minutos a fuego alto, sin remover y desespumando de vez en cuando.
Pasados los 20 minutos, apartamos la olla del fuego, escurrimos el arroz, lo ponemos de nuevo en la olla y la tapamos durante 10 minutos.
Destapamos la olla y damos unas pasadas con un tenedor para separar algunos granos que se puedan haber pegado unos a otros.
Y ya tenemos listo un arroz integral.
Otras maneras Ya hemos dicho que el arroz integral requiere mayor tiempo de cocción. Si el arroz blanco suele estar listo en 17-20 minutos, el arroz integral requerirá más del doble de este tiempo. La buena noticia es que el arroz integral al ser más duro y elástico, difícilmente se nos pasará y se quedará hecho una "pasta".
Existen muchas formas de cocer el arroz. Aquí van unas cuantas.
En agua abundante: llevar a ebullición una buena cantidad de agua en una cazuela grande. Salar y añadir el arroz poco a poco. Bajar el fuego y dejar hervir suavemente el tiempo indicado por el fabricante (normalmente 40 o 45 minutos). Pasado este tiempo, escurrir en un escurridor. Este método, aunque fácil, tiene el inconveniente de que al escurrir el arroz estaremos desperdiciando muchos de los nutrientes del arroz. Por eso es mejor cocinar el arroz con la cantidad de agua medida.
Destapado y con agua medida: se usa una proporción de 3 vasos de agua por cada vaso de arroz crudo. Se pone el agua a hervir e inmediatamente añadimos el arroz y la sal. Se baja el fuego y se deja cocer de 40 a 45 minutos.
Ingredientes Arroz 2 cucharadas de aceite por cada taza de arroz 1 taza de arroz blanco de grano redondo 2 tazas y media de agua 5 g. de sal
Cocer arroz blanco para que quede suelto Lavamos la cantidad de arroz que vayamos a utilizar para quitarle almidón. Podemos hacerlo en un bol grande o directamente en un colador, con dos o tres veces es más que suficiente. Si no lo lavamos todo ese almidón que tienen los granos de arroz adheridos, en la cocción (y sin tostar el arroz), habría espesado demasiado y queda muy pegajoso. Ponemos la cazuela al fuego. Añadimos el agua, el arroz, sal y el aceite, todo junto. Cuando comience a hervir dejamos el arroz unos 4 minutos hasta que se evapore el agua. Cuando veamos que no hay burbujas de agua sobre la superficie del arroz, bajamos el fuego al 3 de temperatura, ni al mínimo ni al medio de temperatura, y tapamos la cazuela. Dejamos así durante 14 minutos. No necesitaría más tiempo porque con el lavado ya se ha reblandecido ligeramente el grano, siempre podemos probarlo para ver si está al dente y si no dejarlo un par de minutos más. Destapamos y probamos el arroz, debería estar casi listo. Apagamos el fuego y dejamos reposar con la tapa puesta o un trapo de algodón durante 2 minutos. Listo, ya sabes como hacer un arroz blanco perfecto.
Cocer arroz blanco para que quede compacto Añadimos dos cucharadas de aceite por cada taza de arroz que vayáis a utilizar. El aceite es el ingrediente que ayudará a que no se pegue el arroz. Calentamos la cazuela y echamos el aceite, en cuanto veamos que está caliente añadimos el arroz y removemos durante un minuto aproximadamente a temperatura media para tostar el arroz. Vertemos 2 tazas de agua y media por cada taza de arroz, dejamos a fuego fuerte durante 4 minutos hasta que pille mucha temperatura y empiece a hacer borbotones. Añadimos sal y luego bajamos a fuego medio unos 12 minutos con la tapa de la cazuela puesta. Cuando veamos que ...
Lavar el arroz en un colador durante un par de minutos, para que suelte almidón.
Pelar y laminar los dientes de ajo. Poner el aceite en un cacito a fuego medio y dorar los ajos durante un minuto y medio aproximadamente, removiendo para que no se quemen.
Añadir el vaso de arroz y remover durante otro minuto, hasta que se ponga un poco transparente (nacarado). Añadir el agua y sal al gusto, remover, tapar -con una tapa que encaje- y subir el fuego al máximo.
En cuanto hierva, bajar el fuego al mínimo y dejar cocinar 16 minutos. Apagar el fuego, dejar reposar dos o tres minutos más, separar los granos con un tenedor y servir.
Se trata de una técnica muy habitual en distintas cocinas suramericanas -como la chilena, la boliviana y la colombiana, donde el arroz acompaña gran parte de los platos- que se empieza dorando un poco de ajo en aceite, después nacarando en este el arroz y se remata añadiendo la cantidad de agua justa para que este se cocine al vapor. La receta es para dos o tres personas, pero si quieres más o menos solo tienes que escalarla: doble de arroz, doble de aderezo, doble de agua y listo.
100 gr de tocino fresco del gorgil, a dados pequeños
80 ml de vino blanco seco
40 ml. de agua mineral
6 huevos de calidad extra “O”
Sal y pimienta blanca
Elaboración:
Poner a cocer los huevos en un cazo a la medida, cubrirlos muy bien con agua fría con un poco de sal y prestar atención hasta que rompa a hervir para controlar que la cocción sea sólo de 6 minutos. Apartar el cazo del fuego y enfriar para poderlo pelar y conseguir una yema en el interior blanda y cremosa y una clara en absoluto seca.
En una cazuela honda a la medida del volumen que os dispongáis a cocinar, calentar el aceite y la mantequilla y sofreír los dados de tocino, salpimentar y dejar que queden bien dorados.
Añadir la cebolla y la lechuga y dejar que cueza. Debe ser un sofrito pochado, lo que se conseguirá en aproximadamente 6 minutos.
Incorporar a la cazuela los guisantes, el vino y el agua; salpimentar de nuevo con prudencia y dejarlo cocer a un fuego medio con la cazuela tapada durante 4 minutos. Destapar la olla para comprobar si los guisantes requieren 2 o 3 minutos más (dependerá de lo tiernos que sean los granos). ¡El estofado ya está listo! Servirlo muy caliente, repartiendo a cada plato 3 medios huevos blandos.
Poner a hervir el caldo con la cebolleta, la zanahoria y el puerro picados, dos dientes de ajo, la pimienta, el laurel, la mitad del oloroso y la sal.
Cuando hierva fuerte, incorporar las pechugas, tapar y retirar del fuego. Dejar una hora tapado.
Mientras, poner un chorro generoso de aceite de oliva en una sartén a fuego medio y añadir dos dientes de ajo cortados en láminas.
Cuando estén ligeramente dorados, incorporar los pimientos, salar y bajar el fuego al mínimo. Dejar que se confiten unos 30 minutos.
Añadir la otra mitad del oloroso y subir un poco el fuego. Cuando se reduzca y deje de oler a alcohol, estarán listos.
Retirar la pechuga del caldo. Con él se puede hacer una sopa colándolo y añadiéndole un poco de pollo extra desmenuzado.
Filetear la pechuga, servirla sobre los pimientos y rematar con el jugo que ha quedado en la sartén. Se puede comer caliente o a temperatura ambiente. También se puede desmenuzar la pechuga con los pimientos añadiendo un poquito de caldo y aceite de oliva, y tomarlo en bocadillo.
Calentamos en una cazuela el aceite, a 90 grados, con el ajo, el laurel, la pimienta y la guindilla.
Introducimos la pechuga de pollo y dejamos confitar 20 minutos. Retiramos del fuego y dejamos que se enfríe.
Picamos la chalota y la mezclamos con el yogur, el vino blanco y el cebollino en un bol.
Cortamos la pechuga en filetes a lo ancho. Los colocamos en el plato con la crema agria (yogur y chalota) a un lado y unos brotes de brócoli por encima, salteados con unas gotas de aceite durante un par de minutos.