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11 Rafael de Echagüen
sábado, 27 de agosto de 2022

Rafael Echagüe y Bermingham, I conde de Serrallo (San Sebastián, 15 de febrero de 1815-Madrid, 23 de noviembre de 1887),​ fue un noble, militar y político español que desempeñó diversos cargos públicos de importancia.

Fue hijo de Joaquín Echagüe y Barbería, de la nobleza vasca, y de su esposa María Josefa Bermingham Measher, hija de emigrantes irlandeses. Comenzó su carrera militar participando en la Primera Guerra Carlista con los chapelgorris de Guipúzcoa​ que defendían el partido de la reina Isabel II; fue ayudante de campo del general O´Donnell y posteriormente coronel de infantería.​ En 1854 tomó parte en la Vicalvarada.

Fue elegido diputado por Huelva en 1854 y por Córdoba en 1858.​ Ese mismo año fue nombrado capitán general de Valencia. Tomó parte en la guerra de África de 1859-1860 con el empleo de mariscal de campo; desempeñó el cargo de gobernador de Puerto Rico entre 1860 y 1862, y de Filipinas entre 1862 y 1865; a su regreso a España ocupó el puesto de capitán general de Cataluña durante un breve periodo en 1865.

En fecha desconocida de 1871 Amadeo I de España le concedió el título de I conde de Serrallo en reconocimiento por sus servicios, y en 1876, el rey Alfonso XII concedió la Grandeza de España, unida al título de conde de Serrallo.​ En 1872 fue elegido senador por la provincia de Puerto Rico y en 1876 por la de Guipúzcoa; al año siguiente se le concedió el puesto de senador vitalicio.

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12 Maldita Torre de Babel
domingo, 20 de marzo de 2022

Los idiomas sirven propósitos instrumentales. Se resumen a códigos organizados a través de los cuales desarrollamos las necesidades gregarias de nuestra especie. Ya sé que la descripción es árida, espesa, no arrebata, nadie se dispondrá al martirio por ella, máxime si comparada a los relatos gestados en cuna nacionalista. Pero se acerca más a la realidad que el mito de la Torre de Babel.

De hecho, el mito es antiguo, pero no hay evidencia de que sus resultados hayan creado problemas a la Humanidad hasta los últimos cien años. Lo dice Eric Hobsbawm para explicarlo en seguida de manera inapelable: los idiomas dejaron de ser lo que las personas dicen o, en sentido más emocional, lenguas maternas, para convertirse en atributo de nación. Fueron mezclados con percepciones – énfasis en ‘percepciones’ –de prestigio, derechos económicos y sociales. Adquirieron, por lo tanto, una capacidad política que nunca tuvieron. En resumen, y siguiendo al historiador inglés, el nacionalismo les otorgó su «carácter explosivo».

Nada de esto hubiera sido posible sin los bulos impregnados en el tejido social por esencialistas de diferente índole. Exponente del marxismo en la historiografía contemporánea, y por ende inmune a simpatías franquistas, Hobsbawm refuta dos de ellos. Primero, la identificación de nación con lengua no es un hecho, sino una invención ideológica reciente. Segundo, la coexistencia de diferentes idiomas en el mismo país, incluso en la misma persona, es la norma histórica. Añadiría un tercer punto: hoy se reivindican derechos históricos para idiomas cuyo cuerpo actual deriva en gran medida de neologismos forjados entre el siglo XIX y el XX, razón por la cual guardan poca relación con sus formas prístinas.

Por todo esto, eché mano de alguna bonhomía para leer en El Correo a Paul Bilbao, secretario general de Euskalgintzaren Kontseilua, defender el euskera como lengua vehicular – léase, hegemónica – en el Pacto Eductivo vasco, firme en su convicción de ...

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#nacionalismo - #euskera

© Zalberto | enero - 2026