 Viernes, en Cádiz amanece con mal tiempo. Sopla un viento casi huracanado -de ello hablan los noticieros desde hace días: la tormenta Ciarán- y a ratos llueve con intensidad. En mi fuero interno me muero de ganas de regresar a casa. Estoy cansado, el aductor no deja de darme guerra y ya no me quedan ganas ni interés en seguir deambulando por Cádiz, y tampoco muchas ganas de plimple etc. Afortunadamente creo que a Raquel le pasa otro tanto, así que en una decisión unánime decidimos desalojar el Ático del Marqués a primera hora, el tiempo necesario para recoger el piso, embalar los trastos y salir pitando. Son las 9 y poco de la mañana cuando nos ponemos en marcha; un rato antes he preparado unas tortillas francesas de 3 huevos para comer por el camino. La ruta elegida nos lleva por la autovía XXX hasta Sevilla, en donde cambiamos de autovía y nos pasamos a La Vía de la Plata. Al rato de circular por allá, Raquel improvisa un poco y sugiere desviarnos un poco para conocer el Monasterio de Guadalupe, y a mí me parece genial. El caso es que cuando estamos circulando por aquellas carreteras de dios, Raquel encuentra en uno de sus fisgoneos con el móvil que pasamos cerca de un curioso yacimiento romano, el fuerte de Hijovejo, muy cerca de Cancho Roano, en los entornos de Villanueva de la Serena, en la comarca de la Serena. Para allá que nos vamos. Antes de aterrizar por Hijovejo hacemos una parada en mitad de los campos extremeños para comer las tortillas en plato de plástico, azotados por el viento; interesante situación, en la puerta del vallado de la finca La Escobosa. Hijovejo. (pendiente entrada en exclusiva) Pasote de yacimiento, una maravilla. Descendemos del coche y llueve ligeramente, una nube espesa y oscura está aposentada sobre nuestras cabezas y amenaza con enturbiar la exploración; pero al poco remite y cesa, aunque no escampa del todo. El yacimiento es emocionante. Esas enormes piedras de granito que sustentan y dan forma al fuerte. Esa ... leer más |