 Salida del Burgo; en mala hora hicimos un alto en el camino en esa maldita provincia, o, más bien, en esa provincia maldita... Ponemos rumbo a Cuenca.
Nuestra primera parada de contenido histórico es en Garcinarro, para visitar «La Cava de Garcinarro», donde tenemos reservada una visita guiada. En el punto de encuentro nos espera nuestro guía, Antonio, con su perrita Piruleta. La mañana es luminosa, el cielo está limpio y el aire del amanecer aún inunda de frescor los campos conquenses. Antonio nos explica que además de enseñar el yacimiento, él es su guardián y casi casi su arqueólogo y descubridor; el hombre lo vive, y no me extraña. El yacimiento es espectacular, además de inesperado. Esas losas de piedra enormes, esas dependencias extrañas, esas cazoletas cubriendo el suelo del entorno; todo le hace a uno sentirse en un lugar de ritos, en un espacio sagrado, en un entorno mágico, misterioso. Qué maravilla.
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