 Amanece un día festivo con nubes grises y humedad en las calles; hace frío también y al levantarme -6:00- he encendido un rato la calefacción. Raquel e Indi están en la cama viendo la tele, mientras yo me dedico a fisgar en la Red cuestiones aleatorias. No tengo un plan concreto y si fuera por mí saldría a caminar en breve; veremos cómo evoluciona este concepto. El concepto ha evolucionado de un manera con probabilidad 50%: salida a caminar con Raquel, con la falsa pretensión de visitar museos. Hay un revoloteo de malestar general raquelino consecuencia directa de una ansiedad latente, ansiedad fruto de mi oposición manifiesta a darle al alcohol sin freno y a la alimentación harto frecuente; vamos que la nena ha salido cabreada de antemano porque sabe que voy a poner pegas a parar en un bar -pincho- nada más comenzar el paseo; me da igual, yo tengo mis prioridades y en este momento estoy luchando a brazo partido contra mis impulsos primarios intentando no caer en el tabaco y en el picoteo descontrolado (que quiero ponerme un poco más fino antes de viajar a Órgiva allá por el 23 de Mayo, y sólo dispongo de un mes, un tiempo escaso si no se pone uno "en serio"). Al bajar a la calle nos encontramos una curiosa escena frente al portal: algo se ha llevado por delante cuatro bolardos y el banco anclado al suelo, y también se observan unas profundas rodadas en el parterre de frente a la frutería. Toda la pinta de que algún conductor ebrio, drogado o ambas cosas al unísono, había subido zumbando por Zabalbide y que se le había ido la cosa de las manos; sólo espero que se haya hecho un poco de daño, para que, con un mucho de suerte, escarmiente. Cosas que pasan. Hay foto. Bajamos por Zabalbide y cruzamos la ría por el puente del Ayuntamiento. Comienza a chispear, pero la nena ha sido previsora y lleva paragüitas pequeño pero suficiente. Ella no oculta su desgana, pero aún así insiste en entrar al Guggenheim; mi intención era visitar las expos del Bellas Artes, pero m... leer más |