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11 El mantón de Manila, símbolo de la primera globalización
sábado, 25 de mayo de 2024

El mantón de Manila, un signo de identidad de Madrid y que sigue estando de moda como se puede ver aún en muchas bodas y celebraciones, tiene una larga historia que se remonta a mediados del siglo XVI, a la llamada primera globalización, la ruta marítima que comunicó por primera vez Asia, Hispanoamérica y España.

El inicio de este trayecto que transporta el mantón por medio mundo dio comienzo en 1565. «Miguel López de Legazpi, por mandato de Felipe II, y al mando de la Nao San Pedro, dirige la expedición que guía el fraile agustino y cosmógrafo Andrés de Urdaneta, en la que se descubre el tornaviaje, la ruta marítima que atravesaba el Océano Pacífico de Oriente hacia Occidente, e iba desde el archipiélago filipino hasta Acapulco (México)», explica Verónica Durán Castelló, comisaria de la reciente exposición La Ruta del Mantón de Manila, la feliz unión entre Asia, Hispanoamérica y España, organizada por la Comunidad de Madrid, la Oficina del Español y la Casa de América, que ha reunido más de medio centenar de objetos, incluyendo desde las cajas que los transportaban hasta propias piezas inspiradas en el mantón de diseñadores como Antonio Alvarado o Juan Duyos.

«El Galeón partía del puerto de Manila cargado de porcelana, jade, biombos y lacados, abanicos, seda y mantones de Manila. Una vez en Acapulco se desplazaba la mercancía por tierra hasta el puerto de Veracruz, donde se embarcaba, junto con otros productos mexicanos como la plata y el oro, rumbo a Sevilla o Cádiz», añade Durán.

La ruta del Galeón de Manila, que estuvo en funcionamiento hasta 1815, permitió el desarrollo y transmisión de una cultura común entre los tres continentes que dejan poso hasta el día de hoy, convirtiéndose en una preda distintiva de una ciudad sin puerto como Madrid.

«La construcción cultural debe ser concebida como un círculo, nuestro mundo es mixto y circular», explica Ramiro Villapadierna, director de la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid y ges...

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#historia - #españa - #imperio

12 Hitler era negro y filántropo
viernes, 15 de marzo de 2024

«El mundo será cada vez más dependiente de la IA y el pasado quedará a merced del algoritmo. Atesorar libros de historia será considerado subversivo»



Vikingos que parecen jugadores de rugby neozelandeses; un papa negro y una papisa que podría ser la hermana de Mahatma Gandhi; George Washington con rasgos asiáticos en una distopía que no se la hubiera imaginado ni Philip K. Dick; filas de soldados nazis en los que un ario convive con un negro, una oriental y un género fluido con el pelo azul. Estos son algunos de los resultados arrojados por Gemini, la IA de Google lanzada al mercado el 8 de febrero, la cual acabó siendo parcialmente suspendida esta semana a propósito, justamente, de la viralización de estos disparates.

El escándalo trepó cuando Elon Musk acusó a Google de estar preso de la corrección política y el movimiento woke, crítica que llevó a Jack Krawczyk, director del proyecto, a reconocer que, en pos de ofrecer un abanico de diversidad, se han producido -de manera involuntaria, quiero suponer-, «inexactitudes en algunas representaciones históricas de generación de imágenes».

Si bien el episodio resalta por lo burdo, se inscribe en toda una serie de aberraciones que se vienen dando cuando, con el mismo espíritu, se reescriben sesgadamente eventos históricos o se interviene directamente sobre novelas y distintas expresiones artísticas cuyo mensaje choca con el puritanismo de estos tiempos.

Aunque afortunadamente en los últimos años ha comenzado a proliferar una masa crítica que se ha atrevido a denunciar este tipo de acciones, los giros que va dando el wokismo ofrecen material para nuevas reflexiones. En este caso, porque la impronta ideológica que pregona por un mundo igualitario y diverso, proyectando sobre el pasado las aspiraciones del presente, muy probablemente obtendrá como consecuencia, en el mediano plazo, resultados contrarios a los pretendidos.

«Los jóvenes que en las escuelas y en la universidad ...

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#meta - #distopia - #hitler

13 Lluvia a cántaros
lunes, 11 de septiembre de 2023

Compras habituales en BM y frutería.
Paseo por el Casco y hasta Primark, donde no compro nada.
La comida: coliflor hervida y pechugas de pollo a la plancha.
A media tarde Raquel quiere salir a lo que sea; pero hay un problema: llueve a tope. A Raquel le da lo mismo que llueva, ella «necesita» salir; la apoyo y me apunto.
Caminamos bajo el chaparrón hasta llegar a la plaza de Unamuno, donde hacemos amago de coger el metro ya que el diluvio amenaza con inundar nuestros calzados y ropajes. Intento en vano: hay una avería en el metro (luego supimos por la prensa que había habido un atropello en la estación de Moyua... ¿intento de suicidio?). Así que reanudamos la marcha hasta que nos pareció excesiva la cortina de agua, y nos cobijamos en la Plaza Nueva, donde nos cepillamos un plato de chorizo picante con un par de zuritos, mientras amainaba la cosa. Y amainó.
Al Corte Inglés. El objetivo primordial de la salida se cumplió: buscábamos ver y posteriormente comprar una vaporera. Vimos una que nos gustó , de Cecotec, por 42,95€; miramos esa misma en Amazon, 29,95€; obviamente la compramos online -llegará el sábado, en principio-.
Y a hacer reconocimiento del nuevo negocio tremendo de Amancio en mitad de la Gran Vía, en el edificio donde hasta hace poco los del Corte Inglés tenían varias plantas dedicadas a libros, discos, etc. Lo nuevo es un Lifties. Una puta locura. No creo que me pillen a mí por allí, quizás alguna vez a comprar calcetines o en ese plan. Muy vanguardista, muy alienador.
Y a casa caminando; pero bien. Raquel no quería cenar, sólo yogur; pues a la cama a ver un poco de tele y a dormir.

#lluvia - #vaporera - #cecotec - #lifties

14 Felshtinsky: «Solo la intervención directa de la OTAN detendrá a Putin en Ucrania»
sábado, 10 de diciembre de 2022

«La democracia no tuvo nunca la menor oportunidad en Rusia», dice Yuri Felshtinsky (Moscú, 1956). Los ocho años de Boris Yeltsin, entre 1991 y 1999, fueron un espejismo, porque tras las bambalinas conspiraban oscuros intereses que no creían ni en la economía de mercado ni en el estado de derecho.

Vale, pienso mientras escucho en la Fundación Rafael del Pino a este historiador rusoestadounidense. Los fácticos no descansan, ni en Rusia ni en ningún otro lado.

Pero Felshtinsky no se queda ahí.

De acuerdo con su tesis, Vladimir Putin es el último representante de una larga dinastía de espías que lleva moviendo los hilos del Kremlin desde 1982. Ese año la sorda batalla que desde 1917 venían librando el Partido Comunista de la Unión Soviética y el Comité para la Seguridad del Estado (más conocido por sus siglas en ruso, KGB) se decantó en favor de este último. «El PCUS colapsó tan fácilmente en 1991 porque a la KGB no le interesaba mantenerlo al frente del país. Sus agentes necesitaban el control absoluto, sin cortapisas ideológicas».

«¿Para qué?», le pregunto.

«Para dominar el continente», responde sin inmutarse, y añade más adelante: «Si echa un vistazo al mapa, no hay ni un vecino al que la URSS no arrebatara una rebanada de territorio». Es, por lo visto, superior a sus fuerzas, y Felshtinsky entiende que a los occidentales nos «suene un poco estúpido, primitivo, irracional, loco», pero en lo más hondo del alma eslava alienta la eterna sospecha de que «todos quieren destruirlos».

Huir a toda costa
Felshtinsky descubrió pronto cuál era la verdadera naturaleza de Putin. Corría 1999 y Boris Berezovski lo había contratado para que escribiera su biografía. El oligarca se hallaba en la cúspide de su carrera. Era propietario de la petrolera Sibneft y accionista mayoritario de la principal televisión del país, la ORT, que había puesto al servicio de Yeltsin. «Se le consideraba la eminencia gris del régimen», dice Felshtinsky. «Nada o...

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#politica - #rusia - #guerra - #ucrania - #putin

15 Tú dale a un mono un teclado
sábado, 06 de febrero de 2021

Compartido por Bernat

TÚ DALE A UN MONO UN TECLADO / OPINIÓN
Cómo educar a una generación de tontos

Por Alberto Torres Blandina Valencia-Plaza

4/02/2021 -
Ayer me llegó un mensaje del padre de un alumno mientras yo estaba en clase pasando lista. ¿Qué puede hacer mi hijo voluntariamente para subir nota?, me preguntaba. Su hijo, de quince años, estaba por casualidad delante de mí en ese momento sacando el material de clase. Se me ocurrió que tal vez el niño era mudo pero recordé que no, que varias veces le había mandado callar. ¿Tal vez es muy tímido? No, no era tímido. Su relación conmigo era buena, incluso teníamos cierta confianza. ¿Es entonces que su padre piensa que es un incapaz? ¿Que es tan tonto que no sabe preguntarme él? Porque a mí nunca me pareció tonto...
Hay una gran cantidad de padres convencidos de que sus hijos son realmente idiotas. Porque esto no es un caso aislado: ¿Qué debe hacer mi hija para recuperar el examen? ¿Qué libro de lectura debe comprarse? ¿No le traumatizará una charla sobre transexualidad?
Voy a decir una cosa que tal vez sorprenda a muchos: No, los niños y los adolescentes no son idiotas. Siento que os tengáis que enterar por mí pero no lo son. Aunque a lo mejor, con el tiempo, entre todos conseguimos hacerlos idiotas, eso no lo descarto...
Dice el psicólogo social Jonathan Haidt en La transformación de la mente moderna que el número de niños alérgicos a los cacahuetes se triplicó en quince años desde finales de los 90. ¿La razón? Los padres, para proteger a sus hijos de esta alergia, comenzaron a comprar solo aquellos productos sin trazas de cacahuete. La industria alimentaria, adaptándose a este impulso, eliminó toda traza de cacahuete. Los medios de comunicación, atentos a este nuevo miedo, alertaron a la población del peligro del cacahuete aumentando la alerta de las madres.
Quince años después los niños con alergia eran tres veces más. ¿Por qué? Pues por el mismo efecto de las vacuna...

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#educacion - #facebook

16 Ross Douthat
domingo, 24 de enero de 2021

Sin sexo ni ambición: por qué según Ross Douthat "la decadencia puede durar mucho tiempo"

El periodista estadounidense defiende en 'La sociedad decadente' que el estancamiento de Occidente amenaza con extenderse a todo el planeta.

El cuerpo sin vida de Geoffrey Weglraz apareció en un coche aparcado en el East Village de Nueva York en el verano de 2018. Llevaba allí una semana pero nadie le había echado de menos. Nacido en los 50 en una familia numerosa, fue un niño feliz obsesionado con la carrera espacial, se casó y tuvo un hijo. En torno al cambio del milenio, ya divorciado, se quedó sin su trabajo de programador informático. Algo más ocurrió después. En 2013 le dieron el pedido equivocado en un McDonalds, regresó enfadado a reclamar y acabó por arrojar su hamburguesa a una empleada que resultó estar embarazada. La historia viralizó y su nombre quedó asociado en Google a aquella infamia. Intentó cambiar de identidad, trató de buscar trabajo hasta que, desesperado, compró veneno por internet. Y así la primera entrada asociada a su nombre en el buscador fue al fin sustituida por la de su suicidio.

Una historia deprimente que para el periodista estadounidense Ross Douthat ilustra el arco generacional de los 'baby boomers', la generación que protagonizó en su juventud y primera madurez la época de mayor progreso y bienestar de la historia de Occidente y que observa hoy cómo el polvo de la decadencia se extiende por todo el planeta y enferma de silicosis el porvenir. En 'La sociedad decadente' (Ariel), traducido ahora al español por Beatriz Ruiz Jara, Douthat afirma que hemos entrado en barrena, víctimas de nuestro propio éxito; y dibuja una sociedad estancada económicamente, incapaz de innovar más allá de los intangibles reinos virtuales, poblada por viejos numerosos que no arriesgan y jovenes escasos y célibes absortos en el porno, el Fortnite y la enésima cinta de Marvel o 'Star Wars', una pesadilla rosa &...

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#occidente - #entrevista - #decadencia

17 Junto al muro del tiempo
lunes, 27 de enero de 2020

Junto al muro del tiempo (1959)

No consigo encontrar este libro de Jünger.

[copy y paste de un crítico] »»

El libro que me ha ocupado más últimamente es «An der Zeitmauer» de Jünger. Para decirlo en seguida: es un libro sumamente inteligente y bueno que he leído con el placer con el que se ven confirmados sentimientos e ideas propios por un hombre más competente. Con lo que no quiero decir, desde luego, que yo hubiese tenido también las ideas principales y fundamentales de Jünger. El libro es un análisis sobre el malestar de la humanidad actual, especialmente la occidental. Quiero indicar primero en qué medida compartía las ideas de Jünger sobre la situación actual de la humanidad antes de la lectura de su libro. Para él, como para mí, la hora del mundo se explica como final de una era, la del hierro según la mitología antigua, que en este punto coincide casi con la india. Vivimos en el otoño tardío de un eón, en un mundo a punto de desaparecer, que se disuelve, que para muchos se ha convertido en un infierno, que para casi todos es desapacible y cuyas amenazas aumentan constantemente. No importa que el plazo hasta que concluya este proceso dure aún siglos, décadas o años, que la catástrofe final se produzca como suicidio de la humanidad en una guerra atómica, como naufragio de la moral y la política, como aplastamiento del ser humano por su máquinas: nos hallamos de camino hacia ese momento en el que según las ideas hindúes el dios Shiva destruye el mundo en una danza para hacer sitio para una nueva creación. Vemos consumirse la historia universal, es decir la historia de nuestra era, en formas estatales hipertróficas, en batallas de material absurdas, en el exterminio de innumerables especies animales y vegetales, en el marchitamiento de lo que es bello y reconfortante en las ciudades y los países, en el hedor de las fábricas, en la enfermedad de las aguas y en la no menor enfermedad y desecación de las lenguas, de los valores, las pa...

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#literatura - #junger - #hesse - #paraleer

© Zalberto | marzo - 2026